163
163

En busca de estabilidad y gobernabilidad, Dilma Rousseff ideó una reforma de su Gabinete con la que busca frenar un posible juicio político en su contra por su papel en el escándalo de corrupción de Petrobras. Por esa intentona, la mandataria de Brasil acusó a la oposición de "golpista". Pero con acusaciones no alcanza.

Es por eso que decidió reorganizar la distribución de los ministerios. Principal corolario: un notable incremento del poder para el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), la organización que le garantiza la gobernabilidad al gobierno a través del control de un vasto grupo de legisladores y gobernadores.

"Más que un reacomodamiento, los últimos cambios en el Gabinete de Dilma son una estrategia de supervivencia. Los cambios en el Gabinete son estructurales, ya que se eliminan ocho carteras ministeriales y rebajan los sueldos de los ministros en un 10%. De alguna manera, ello constituye una señal de austeridad a la sociedad en medio de los problemas económicos y los escándalos de corrupción", aseguró Javier Zelaznik, profesor de Ciencia de la Universidad Torcuato Di Tella en Argentina.

La baja de las carteras era una demanda de la sociedad y de los propios partidos políticos. Eso le dio el impulso a Rousseff para una reforma que, además de la reconfiguración del dominio de las carteras, redujo de 39 a 31 los ministerios, bajó un 10% el salario de sus titulares y eliminó 30 secretarías y 3.000 cargos contratados por el Estado.

Crédito: Coaliciones Políticas Multinivel en América Latina (UBA)

De todos modos y más allá de los problemas económicos que aquejan al gigante sudamericano, la crisis brasileña actual tiene raíces más políticas que económicas. O mejor dicho: las complicaciones económicas dieron pie para que a la sociedad le importaran los escándalos de corrupción.

"Estos cambios deben entenderse en el marco de los problemas de gobernabilidad que han aparecido en Brasil en durante el último año. Si bien en parte está asociado a una acumulación de problemas económicos que han estado surgiendo en ese país, el problema parece ser más político: movilizaciones opositoras de ciudadanos 'indignados', creciente polarización en la pasada elección presidencial de 2014 y escándalos de corrupción que afectan a altas figuras del gobierno, que ponen en la discusión política la posibilidad de iniciar un juicio político tendiente a destituir a la Presidenta", señaló Zelaznik, que se doctoró en la Universidad de Essex, en Inglaterra.

"El cambio de Gabinete es consecuencia de varios motivos. Se quiere asegurar gobernabilidad a largo plazo y la fidelidad del PMDB. Dos partidos, el PTB (Partido Laborista Brasileño) y el PDT (Partido Democrático Laborista), se fueron en forma oportunista de la coalición debido a la mala popularidad de Dilma, para no padecer el arrastre. El gran ganador es el PMDB, que es un partido fisiológico, no ideológico, y que procura el poder esté donde esté", explicó a Infobae Adrián Albala, doctor en Ciencia Política por la Universidad de la Sorbonne, Francia, y profesor de la Universidad de San Pablo, en Brasil.

El futuro político de la mandataria es una incertidumbre. Al compás de cada nueva revelación sobre Petrobras, los pedidos de juicio político crecen exponencialmente. "Se espera que el PT haya perdido el dominio del gobierno. Quien establece la agenda es el PMDB con el vice, y las presidencias de Diputados y Senado. De cierta forma, Dilma enfrenta un reto raro: ser gobernada por el PMDB", subrayó Albala.

"La coalición de gobierno que se armó tras las elecciones ejecutivas y legislativas respetó la estructura que históricamente tuvieron las coaliciones del PT, que siempre fue mayoritario en el gobierno, con más del 35% de los ministros. El partido del presidente suele mantener una cuota de poder por encima de sus socios y en puestos clave. Los aliados tienen en general menor representación. El principal afectado había sido el PMDB porque con el PT tenían la misma cantidad de bancas, pero controlaba menos ministros", observó Facundo Cruz, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires y uno de los directores de Coaliciones Políticas Multinivel en América Latina, un grupo de investigación de la UBA que se propuso analizar el nuevo balance de poder tras el cambio de Gabinete en Brasil.

Crédito: Coaliciones Políticas Multinivel en América Latina (UBA)

"Así arranco el gobierno de Dilma –continúa Cruz–, con coaliciones sobredimensionadas: partidos ingresaban al gobierno, que formó coaliciones con el 70% de las bancas en el Congreso porque en Brasil hay una tradición de transfuguismo (políticos que saltan de un partido a otro)".

Zelaznik explica que la nueva configuración ministerial no es consecuencia de cambios en el poder relativo de los socios por variaciones en el tamaño de sus bancadas, ni como respuesta a la integración de nuevos socios, ni como parte de un intento de hacer más eficiente la gestión presidencial, sino que se trata de consolidar el apoyo del PMDB.

"Aunque el PMDB sólo obtuvo una cartera más que las que ya tenía, la reducción del número total de ministerios, y la consecuente disminución de carteras en manos del PT, aumenta el peso relativo del PMDB en el gabinete. Adicionalmente, también salió fortalecida en ala lulista del PT por el recambio en la Casa Civil que implicó la incorporación de un líder cercano a Lula sustituyendo a otro más cercano a la Presidenta", manifestó.

"Con estos cambios, el gabinete da mayor representación a actores claves dentro y fuera del PT (el lulismo y el PMDB, respectivamente), con lo cual la Presidenta resigna parte de su capital político el gabinete a cambio de mayores perspectivas de supervivencia", afirmó Zelaznik.

Crédito: Coaliciones Políticas Multinivel en América Latina (UBA)

PMDB, el partido necesario

Aliado vital en la coalición oficialista, el PMDB es el partido con mayor inserción territorial del país, el que controla más gobernaciones y el que tiene mayor estabilidad del voto desde el retorno de la democracia. Su aporte al gobierno de Dilma es clave para evitar que avance el impeachment en su contra: es primera minoría en la Cámara de Diputados, con 66 bancas (13% del total de los curules), y en el Senado, con 18 escaños (22% del total). Como si fuera poco, ostenta la presidencia de ambas cámaras y la vicepresidencia.

"El PMDB le permite tener un escudo legislativo para evitar que prospere un juicio político. ¿Cómo lo hace? Le da ministerios. Ahora la relación de fuerzas está más balanceada que en el primer Gabinete. Tiene un grado de coalescencia mayor", subrayó Cruz. La coalescencia es la medida que evalúa qué tan balanceada está la coalición en el Congreso y en el Gabinete.

Para el politólogo de la UBA, hay dos formas de evaluar la reforma: una positiva y otra negativa.

La primera es que "Dilma corrigió a tiempo una mala decisión que tomó al asumir: darle mucho peso al PT". La segunda se refiere a que lo hace cuando ni siquiera cumplió un año de su segundo mandato. "Es reconocer un error", indicó.

"Dilma corrigió a tiempo una mala decisión que tomó al asumir: darle mucho peso al PT", dijo Facundo Cruz

Desde el retorno de la democracia en Brasil, el PMDB tuvo un solo presidente propio: José Sarney (1985-1990). Pero apoyó luego –aunque sea por momentos– a sus sucesores Fernando Collor de Mello (1990-1992), Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), Lula da Silva (2002-2010) y a la propia Dilma. Puro pragmatismo, aunque con una importante base territorial a nivel estadual más que nacional.

El futuro del partido –y, por extensión, del gobierno– se decidirá en noviembre, cuando un congreso partidario defina qué rol jugará: si será oficialista u opositor. "Si el PMDB se declara opositor, Dilma tendría un vicepresidente opositor como en la Argentina con Cobos (el vice del primer gobierno de Cristina Kirchner).

Albala defina al PMDB como "una mezcla de catch-all party con partido cartelizado: le importa llegar al poder". "Hay muchas fracciones en el PMDB, por lo que nadie sabe si en el futuro va a estar con Dilma, o si una parte sí y otra no. El PMDB está adoptando un perfil ideológico de derecha, con posiciones conservadoras. El partido supo negociar en forma hábil para cederle las candidaturas a Dilma y Lula, pero sería esperable en las próximas elecciones un candidato del PMDB con posiciones reaccionarias", consideró.

"Dilma enfrenta un reto raro: ser gobernada por el PMDB", consideró Adrián Albala

Según Cruz, una eventual división del PMDB entre el apoyo y la oposición al gobierno representaría un problema para la presidente. "El PMDB es un poder de veto importante, lo que obliga a consensuar antes de imponer las posturas. Es un partido de centro, pragmático, a favor del régimen democrático y de la ampliación de la democracia. En derechos civiles acompañó a Dilma, pero en términos económicos es variable. Puede ajustar o ser más progresista", definió el politólogo argentino.

"El cambio de gabinete –concluyó Albala– muestra la incapacidad y la debilidad de Dilma: se entregó al PMDB sabiendo que este partido no tiene definido qué es lo que va a hacer. Dilma depende de esa mayoría, pero esa mayoría no depende de ella".