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El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) es un caso único en América Latina. Cuenta entre sus filas a José Sarney, el primer primer presidente civil posterior a la dictadura militar (1964 - 1985), elegido por vía indirecta bajo la tutela del régimen saliente. Pero nunca pudo consagrar en elecciones libres a ningún candidato presidencial propio.

Sin embargo, se puede decir que está en el poder desde hace por lo menos 20 años. A partir de 1995 se convirtió en el principal aliado y sostén político de los diferentes gobiernos que se sucedieron, primero los dos de Fernando Henrique Cardoso (1995 - 2002), luego los de Lula da Silva (2003 - 2010), y finalmente los de su sucesora, Dilma Rousseff. Sin su apoyo parlamentario y territorial a lo largo del país, ninguno de esos mandatos habría tenido la estabilidad necesaria para sostenerse.

Con 2.316.705 afiliados (16,7% del total), el PMDB es el mayor partido de Brasil. Es el que cuenta con más senadores (18) y tiene al titular de la cámara, Renan Calheiros. Es el segundo en cantidad de diputados (65), detrás del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), pero también tiene al presidente, Eduardo Cunha. Además posee el mayor número de gobernadores (7 de 27) y alcaldes (1.022 de 5.568). Es la fuerza de mayor presencia a lo largo del país.

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Este inmenso poder no le alcanza para gobernar por sí sólo. Ni siquiera para liderar una coalición gobernante. Pero le da poder de veto: sin el PMDB no se puede administrar Brasil.

"Desde que Cardoso llegó al poder, el juego político estuvo siempre entre el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña, escisión del PMDB) y el PT. El PMDB tiene muchos alcaldes y gobernadores, pero nunca ha tenido una figura lo suficientemente fuerte para postularla a la presidencia, a diferencia de los otros dos", explicó a Infobae la politóloga Michelle Fernández, investigadora de la Universidad Federal de Pernambuco.

"El PMDB nunca ha tenido una figura lo suficientemente fuerte para aspirar a la presidencia"

"Inteligentemente -continuó-, vio que no tenía un espacio significativo en las elecciones nacionales y decidió mantenerse en la sombra, para ofrecer algo muy importante, que es el apoyo de sus parlamentarios en el Congreso. Ha sido una forma de mantenerse siempre en el poder".

En momentos en que atraviesa la peor crisis política de las últimas dos décadas, y es acosada por los pedidos de impeachment (juicio político) de la oposición, Rousseff depende más que nunca de su aliado. Si éste decidiera soltarle la mano, nada podría impedir que corra la misma suerte que Fernando Collor de Mello, el mandatario que debió renunciar en 1992, cuando el Congreso se disponía a destituirlo.


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Orígenes: entre la dictadura y la democracia

La dictadura brasileña tuvo una peculiaridad: mantuvo abierto el Congreso y permitió cierto grado de participación política, aunque muy controlada. Para canalizarla, en 1965 creó dos partidos: uno oficialista, la Alianza Renovadora Nacional (ARENA), y otro opositor, el Movimiento Democrático Brasileño (MDB). El PMDB, fundado 15 años después, fue su heredero.

"Todos aquellos que estaban descontentos con el régimen militar se sumaron al MDB. Allí confluían una serie de frentes políticos con divergencias entre la posición nacional del partido y sus bases locales. Eso explica que se lo considere en gran medida como la suma de varios partidos regionales y locales", dijo Bruno Bolognesi, cientista político de la Universidad Federal de Paraná, consultado por Infobae.

"A partir de 1979, con el fin del bipartidismo y el inicio de la apertura política, el PMDB empezó a ganar nuevos afiliados, que lo convirtieron en el portavoz de la redemocratización. Así sumó una gran cantidad de líderes, que no siempre tenían la misma plataforma política, pero que le permitieron tener un buen desempeño electoral", agregó.

"El PMDB fue el portavoz de la redemocratización"

La fortaleza territorial que el partido logró conservar hasta la actualidad no se puede disociar de esos orígenes. Haber sido el único de oposición durante la dictadura, y por ende, haber liderado el proceso de democratización, lo posicionó como una alternativa política atractiva en todo el país.

"Después de un período en el que acumuló numerosas derrotas electorales que lo llevaron incluso a pensar en la disolución, el MDB aumentó su penetración electoral. En el papel de único representante de la oposición levantó la bandera de la democracia. Y con la erosión de la legitimidad del régimen autoritario, producida principalmente por la crisis económica y las presiones de la sociedad civil, el MDB recibió más apoyo popular y representación institucional", contó el politólogo Paulo Victor Teixeira Pereira de Melo, investigador de la Universidad Federal de Minas Gerais, en diálogo con Infobae.

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