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Juan Pablo II junto al entonces presidente Raúl Alfonsín, en su segunda visita a la Argentina en 1987.<br> Télam 162
Juan Pablo II junto al entonces presidente Raúl Alfonsín, en su segunda visita a la Argentina en 1987.
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11 de junio de 1982, Juan Pablo II junto al presidente de facto Leopoldo Galtieri, en su primera visita a la Argentina.<br> Télam 162
11 de junio de 1982, Juan Pablo II junto al presidente de facto Leopoldo Galtieri, en su primera visita a la Argentina.
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"Es motivo de profundo dolor y de íntima preocupación el enfrentamiento entre la Argentina y Chile que se ha ido agudizando en este último período, a pesar de las vibrantes invocaciones a la paz formuladas por los Episcopados de los dos países". Corría el 22 de diciembre de 1978, cuando el papa Juan Pablo II realizó un dramático llamado a la paz ante el Sacro Colegio Cardenalicio de Roma, en presencia de los embajadores de las dos naciones en cuestión.

El conflicto armado entre Argentina y Chile por la posesión de las islas ubicadas al sur del Canal de Beagle era inminente. Sólo era una cuestión de horas para que las fuerzas de ambos países vecinos se entraran en guerra. Cuando el panorama era sombrío, desde el Vaticano llegó la primera luz de esperanza para una solución pacífica.

"El 21 a la noche, el Papa se fue a dormir resignado porque creía que no iba a poder hacer nada. Había escrito un documento muy desesperanzado. Por la madrugada, le llegan las noticias de una disponibilidad de Videla y Pinochet. Le dicen: 'Tenemos acá el télex de Videla, y también está de acuerdo Pinochet. Dicen que si usted hace una intervención fuerte se podría parar la guerra'. Entonces se escribe la segunda parte de ese documento, donde le anuncia al mundo que había detenido la guerra y que mandaría a su representante personal, el cardenal Antonio Samoré", relata el periodista Bruno Passarelli, en una entrevista para el diario argentino Página 12, autor del libro "El delirio armado", que cuenta los entretelones del conflicto entre argentinos y chilenos.

El Sumo Pontífice llevaba tres meses en su cargo, tras haber asumido el 16 de octubre de 1978, y ya mostraba la misma determinación que finalmente lo caracterizaría por los siguientes 27 años de su Pontificado. Finalmente ofreció su mediación. Cinco días después de su pedido de paz, el 27 de diciembre llegó a Buenos Aires el enviado del Vaticano, el cardenal Antonio Samoré, quien tuvo un papel fundamental para la solución del conflicto.

"Alcanzo a divisar una lucecita al final del túnel", reconoció Samoré, luego de haber mantenido las primeras reuniones de paz con ambas delegaciones.

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Desde ese 22 de diciembre, en el que el Papa realizó ese desesperado llamado a la paz, transcurrieron 15 días de puro hermetismo. Hasta que el 8 de enero de 1979, los cancilleres de Argentina y Chile, reunidos en el Palacio Taranco, en la capital uruguaya, firmaron lo que se conoció como el Acta de Montevideo, por medio de la cual ambos países pedían formalmente al Vaticano su intervención para encontrar una solución pacífica.

Para muchos analistas, Samoré dio su vida por conseguir la paz entre argentinos y chilenos. El cardenal no llegó a ver los resultados de su fundamental labor diplomática. "Los militares le hicieron mil trastadas y se murió del corazón. Durante tres años, los milicos argentinos se pasaron desairando al Papa. Cuando fue presentada su propuesta, infinitamente mejor que el Laudo Arbitral, Chile contestó en tres días y Argentina no contestó nunca. El pobre se murió sin saber que había logrado detener la guerra. Finalmente, en 1984, ambos países firmaron el Tratado de Paz y Amistad", cuenta Passarelli.

Si bien el cardenal no pudo observar en vida los logros que, en gran parte, se consiguieron gracias a su impecable gestión diplomática, fue honrado al nombrar a uno de los pasos cordilleranos que unen a ambos países con el nombre de Paso Internacional Cardenal Samoré.

Tras su muerte, a los 77 años, el 4 de febrero de 1983, lo sucedió en el cargo el cardenal Agostino Cassaroli, secretario de Estado en el Vaticano.

Por su parte, el periodista también resalta la intervención que tuvo el nuncio apostólico Pio Laghi, quien a último momento alertó al Papa del inminente enfrentamiento bélico.

"Él fue quien realizó un movimiento de último momento, casi desesperado. El 21, cuando tuvo la clara conciencia de que la guerra era inevitable, utilizó una clave secreta solamente destinada a situaciones de emergencia internacional", narra Passarelli. Y completa: "Él no la podía transmitir desde el télex de la Nunciatura porque saltaba, y tuvo que ir a la única embajada con la cual estaba en buenas relaciones, la norteamericana. Finalmente mandó varios télex, que terminaron sobre la mesa del Papa. En el tercero le dice: 'Santo Padre, intervenga'".



Cronología de unas arduas negociaciones

En mayo de 1977 un fallo arbitral de la Reina Isabel II de Gran Bretaña ratificaba la posesión chilena de las islas Picton, Nueva y Lennox, señalando que el Canal de Beagle corría en dirección este-oeste. Sin embargo, en enero de 1978, el gobierno argentino se negó a acatar el fallo, declarándolo "insanablemente nulo".

Tras la firma del Acta de Montevideo, el 24 de enero de 1978, previo a su viaje a Puebla, México, el Vaticano anunció oficialmente que el Papa Juan Pablo II "había aceptado mediar en el diferendo del Beagle".

Acto seguido, ambas partes entregaron al mediador sus posiciones y, en septiembre de 1979, el Sumo Pontífice recibió a las dos delegaciones para marcarle las pautas de trabajo a fin de facilitarles las operaciones para alcanzar la paz.

El 12 de diciembre de 1980, el Papa presentó su propuesta a ambos Estados. Las devoluciones fueron bien diferentes. Por un lado, el gobierno chileno aceptó la propuesta papal el 8 de enero de 1981. Es decir, dentro del plazo sugerido por la Santa Sede.

El 25 de marzo, Argentina no rechazó formalmente la propuesta papal, pero pidió al Vaticano algunas aclaraciones.

Luego de ciertas muestras de hostilidades entre ambos países, el nuevo gobierno argentino, con Leopoldo Fortunato Galtieri al mando, denunció en enero de 1982 el Tratado de Solución Judicial de Controversias, que habilitaba a cada uno de los dos países a concurrir a la Corte Internacional de Justicia de La Haya en caso de litigios. Chile, por su parte, manejaba esta posibilidad como último recurso.

Haciendo hincapié en la vital intervención del Papa Juan Pablo II, Passarelli sostiene que el conflicto de Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña no se pudo evitar "porque el Papa no intervino en esa oportunidad".

"Malvinas no se pudo evitar porque el Papa no intervino en esa oportunidad"

Tras la Guerra, y después de la caída del gobierno de Galtieri, ambos países acordaron la prórroga del Tratado, el 15 de septiembre de 1982, en virtud de la cual resolvieron que sólo se podía acudir a ella una vez que el Sumo Pontífice declarara la finalización de la mediación.

Después de varios años de hostilidades y gobiernos que coquetaban con la solución bélica, en 1983 Argentina volvió a la democracia con el gobierno de Raúl Alfonsín, quien estableció como uno de los objetivos primordiales encontrar una solución pacífica al problema del Beagle.

El 11 de junio de 1984, el cardenal Agostino Casaroli presentó la última propuesta papal. Previo a su presentación, el emisario del Vaticano aclaró que un rechazo de la misma significaría para el Sumo Pontífice el fin de la mediación. Finalmente, ambas partes terminaron aceptando lo propuesto por Juan Pablo II.

El 29 de noviembre de 1984, Argentina y Chile firmaron el Tratado de Paz y Amistad, que otorgaba las islas al país trasandino. "Se va a la mediación, se discute y se discute, y sí, las islas eran chilenas. Ellos las habían habitado, tenían desde el siglo pasado colonos instalados. El laudo de la Corona fue exagerado, es cierto, pero ésa es otra cuestión", analiza Passarelli.

Eran tiempos en los que el mundo se encontraba convulsionado. La década del 80 marcó el inicio del fin de la Guerra Fría y en Sudamérica Argentina mantuvo una guerra con Gran Bretaña. Como se pudo evitar llegar a ese mismo fin en el Beagle, tal vez para muchos el conflicto entre argentinos y chilenos pasó desapercibido. Pero lo cierto es que por cuestión de horas o minutos, el Papa Juan Pablo II no sólo evitó una guerra, sino que le salvó la vida a más de 22 mil personas.

"No se recuerda en la historia Vaticana de los últimos dos siglos un Jefe de la Iglesia que haya actuado con tanta decisión y oportunidad ante difíciles conflictos internacionales como lo ha hecho el Papa Juan Pablo II", concluyó Carlos Alberto Cornejo, autor del libro "Juan Pablo II o el valor de la vida humana".