Tal como lo sospechaba, la sorpresa "constitucional" de Maduro consistía en la implementación de una nueva norma fundamental, por los procedimientos asamblearios cubanos. La manifestación del papa de ayer, debe ser entendida como un paso hacia esta salida, consistente en hacer regir en Venezuela el falso sistema jurídico como el cubano. Falso porque su única inspiración es poner a la sociedad al servicio del poder y eso no necesita norma alguna, salvo la norma que dice que no hay normas. Los Castro, quienes en realidad gobiernan en Venezuela, ya han hecho fracasar a dos países, uno con embargo y el otro no solo sin embargo sino contando como principal socio comercial a los Estados Unidos.

Lo que tenemos aquí es la última instancia de un par de ideas falsas que son muy exitosas y que le han permitido a un régimen totalitario gobernar, con la bendición "democrática". Así como cualquier gobierno electo no es una democracia, no cualquier democracia es legítima. O dicho de otro modo, no cualquier democracia es respetable. Si la mayoría elije a un tirano, eso no implica que sus víctimas tengan que aceptarlo. Es hora de que el sistema diplomático de los países más civilizados asuma una actitud superadora del democratismo del que estas dictaduras como la de Maduro se han estado riendo, instaurado definitivamente en la década del 80 por el señor Carter. O, lo que es igual, que así como hay una liga de bandidos del Alba, tendría que haber otra de la legalidad no formal, sino la basada en la liberad y los derechos individuales, no un grupo de predicadores que miden sus palabras. Esa es la contienda y no si votamos o no votamos. Es más bien a quiénes debemos botar y cuándo.

Ahora hay una segunda instancia de ese formalismo, que es este positivismo jurídico extremo, adoptado como validación moral, por el cual "toda constitución" además de ser una constitución, merece respeto. Así, el socialismo es lo opuesto a una constitución, que supone al menos que el poder político está regido por la ley. Si esa ley superior dice que el poder político hace lo que quiere o lo libera de los límites de los derechos individuales, eso no es un límite más que retórico y eso no es una constitución. Si lo fuera, para que la cuestión no se agote en la semántica, habría que deponerla igual, destruirla y liberarse de ella. La democracia es un sistema de paz (no viola derechos) y la constitución es un pacto de paz (tampoco viola derechos). Si alguien cree que sirve o valida otra cosa, eso es como creer en el poder divino sobre la política, pero depositado en los políticos que se parecen poco a cualquier ideal trascendente. O el poder político es por nosotros o contra nosotros.

El sistema asambleario con el que Maduro piensa imponer su constitución que termine con cualquier resabio de socialismo de siglo XXI y replique uno de principios del XX con sus Gulags, qué es lo único que saben hacer, consiste en el control de los soviets, en un ambiente hostil en el que prevalezca el más fuerte, es decir el estado y sus agentes.

Lo más importante es despejar las confusiones del otro lado de esa vereda. El enemigo de la libertad no es la falta de votación ni de cumplimiento de cualquier constitución. Lo es la tiranía, el deseo de manejar a las sociedad desde el poder, cualquiera sea el método con el que se lo haga y aunque una orden de detención contra un disdente se llame "sentencia". Es hora de dejar de ser tontos.

Ayer el papa se puso a difundir su "teoría de los dos demonios", por la cual el régimen y la oposición son iguales morales que se están "enfrentando", así que hay que "dialogar", pero la oposición "es mala porque está dividida". No es que les están disparando, eso para el ungido jefe de la Iglesia, no tiene importancia. Los del bloque "crítico" de Maduro, encabezados por la Argentina, se alinearon de inmediato con esas palabras, como si toda la región fuera una teocracia. Lo que hicieron fue facilitar las cosas, usados por Bergoglio con un procedimiento para engañar niños, y regalarle a Maduro el perfecto clima para hacer esta anuncio de inaugurar la República Bolivarino-Soviética de lo que queda de Venezuela.