La batalla contra el cemento se puede dar en cualquier esquina. Los suecos lo entendieron muy bien, ya que un número creciente de ellos apuesta, cada vez más, a una ciudad verde. Entre ladrillo y ladrillo, en los tejados, balcones y terrazas, o en lugares que el desarrollo de la urbe desechó por obsoletos, encuentran espacios donde echar tierra y cultivar frutas y hortalizas, como pequeños oasis urbanos con colores de temporada.


"En los techos somos capaces de crear ciudades más biodiversas", dijo John Block, quien realiza visitas guiadas en el Jardín Botánico de Augustenborg, en la ciudad de Malmö, situada a orillas del mar Báltico.
El lugar que se extiende sobre 9.500 metros cuadrados de azotea, es más que un espacio bonito. "Gracias a estas nuevas áreas verdes, estamos mejorando el entorno urbano", explicó Block. El jardín inaugurado y abierto por primera vez al público en 2001, sirve, además, para fines educativos y científicos.
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Integrar la naturaleza a la ciudad trae beneficios concretos. Ayuda a proveer alimentos frescos y de calidad, y a aquellos que ponen mano a la obra les da la seguridad de saber lo que está en su plato.
A nivel medioambiental, contribuye a mejorar la calidad del aire, modular la temperatura local, proteger la biodiversidad y regular la escorrentía de aguas pluviales. Y aunque no sea su principal razón de ser, embellece la ciudad, además de generar nuevos espacios de encuentro e intercambios para la comunidad.
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Otro proyecto, inspirado en el High line de Nueva York -un parque urbano construido a unos diez metros de altura, sobre una antigua línea de ferrocarril en el distrito de Mahnattan-, se encuentra en un barrio de Estocolmo que ha convertido una vía en desuso en un espacio comunitario para cientos de jardineros aficionados.
Antes de los neoyorquinos, fueron precursores los franceses en París, que completaron a principios de los años 90 un paseo verde de 4,7 kilómetros de largo, en el trazado de la antigua línea de Vincennes, conocido ahora como la Coulée verte René-Dumont.
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Así fue como hace cinco años, Philipp Olsmeyer quiso hacer más verde el área de Sodermalm y se puso en contacto con las autoridades locales para llevarles su idea del Tradgard pa Sparet (Jardín en la vía). "Ahora hay alrededor de 200 canteros. Algunos pertenecen a la asociación y otros pertenecen a las escuelas", dijo.



Las alternativas de desarrollo sustentable en las grandes ciudades son un fenómeno creciente. En el mundo se multiplican los ejemplos de grandes urbes que apuestan a la integración de espacios verdes en su paisaje.
Los Acuerdos de París, firmados en 2015, llamaron a la comunidad internacional a "reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible". Ciudades como Estocolmo parecen tomarse ese desafío como algo muy serio.
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(Con información de Reuters)
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