Las muertes relacionadas con sobredosis de opioides siguen una tendencia preocupantemente creciente en los Estados Unidos y representan hoy más de 6 de cada 10 casos mortales de abuso. De 2000 a 2015, más de medio millón de personas murieron por abuso de drogas, mientras que todos los días 91 personas mueren por sobredosis de opioides en el país.
El Centro para la Prevención de las Enfermedades (CDC) de los EEUU compartió cifras de la situación fuera de control que se vive en la actualidad. De un total de 20,5 millones de adultos estadounidenses mayores de 12 años que han tenido un episodio de abuso de sustancias en 2015, 2 millones vieron comprometida su salud por drogas legales recetadas por médicos.
La sobredosis de drogas es la primera causa de muerte accidental en los EEUU, con 55.403 muertes en 2015, mientras que la adicción a los opioides está alimentando esta tendencia, con 20.101 muertes por sobredosis vinculadas a calmantes de dolor por prescripción sólo el año pasado.
El número de muertes asociadas a sobredosis de calmantes recetados en 2008 fue cuatro veces superior a las cifras registradas en 1999, lo que es directamente proporcional al aumento de medicamentos derivados de opioides comercializados en ese período, que crecieron un 400 por ciento.

Oxicodona, hidrocodona, codeína, morfina y fentanilo son potentes drogas que entran en la categoría de opioides, son utilizadas de manera generalizada para el tratamiento del dolor en pacientes de los EEUU y son nombres que se escuchan cada vez más asociados a muertes por sobredosis.
Sólo en 2012 se emitieron 259 millones de recetas para opioides, lo suficiente para que cada estadounidense tenga su propia botella de píldoras. Se calcula que cuatro de cada cinco adictos a la heroína comenzaron utilizando calmantes del dolor recetados. En una encuesta realizada en 2014, el 94% de las personas bajo tratamiento por adicción a opioides dijo utilizar heroína porque las drogas legales recetadas son mucho más caras y difíciles de obtener.

Una planta originada en el sudeste asiático promete posicionarse como una alternativa natural a los calmantes derivados de opioides desarrollados en laboratorios, pero se encuentra envuelta en una pulseada entre grandes compañías farmacéuticas, la agencia para la Administración para el Control de Drogas norteamericana (DEA) y sus férreos defensores, quienes aseguran que ayudaría a combatir la actual dependencia a drogas recetadas para combatir el dolor.
Desconocido en Occidente hasta hace sólo una década, el Kratom es usado desde hace siglos en países como Indonesia, Tailandia y Malasia como estimulante natural y calmante del dolor. Proveniente de un árbol de la familia del café, sus efectos varían según la dosis del polvo verde que se ingiere, el cual suele ser tomado como una infusión caliente o un batido frío.
En el tratamiento del dolor, sus potentes efectos son similares a los opioides, pero a diferencia de estos, no generaría una adicción parecida a la de la heroína, con la cual resulta casi imposible vivir, y diversos estudios científicos asegurarían que los efectos secundarios de su uso y su riesgo de dependencia son significativamente menores.

La DEA recientemente advirtió sobre los peligros que plantea su consumo y alertó sobre un inminente riesgo para la salud pública, debido en parte al aumento de casos vinculados a envenenamiento en centros de emergencia, con 15 muertes en los últimos 3 años que podrían haber estado vinculadas al Kratom.
Representantes de la agencia que busca combatir el creciente abuso de drogas ilegales anunciaron que colocarían temporalmente el suplemento natural bajo la misma categoría que la marihuana y la metanfetamina, lo que haría efectiva su prohibición a nivel nacional en lo que hace a distribución y venta, además de detener por completo las investigaciones científicas que lo tienen como protagonista.
Pero la oposición popular de sus usuarios, defensores, investigadores y hasta legisladores ha tenido tal magnitud que, de momento, la calificación como riesgo para la salud pública ha sido pospuesta, y se espera que sea regulada de manera legal como un suplemento dietario de origen natural.

Expertos aseguran que su prohibición sólo alimentaría un mercado ilegal para satisfacer la creciente demanda de alternativas a opioides de laboratorio, con el consecuente riesgo para la salud de millones de personas por la casi segura alteración del producto para obtener mayores beneficios económicos, como ocurre con numerosas drogas ilegales.
La Asociación Americana de Medicina llama a su salida del mercado hasta que se realicen estudios más exhaustivos sobre sus efectos secundarios, sobre todo contemplando que en Tailandia se ha prohibido desde hace décadas por su potencial para desarrollar adicción y un consecuente abuso.
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