Rivalidad, llanto y consuelo: la emotiva historia de dos futbolistas gemelas enfrentadas por las camisetas de EEUU y México

Sabrina y Mónica Flores coincidieron en casi todo a lo largo de su vida, excepto cuando les tocó eligir a qué selección de fútbol representar. El destino las cruzó en los cuartos de final del Mundial Sub-20 femenino y el desenlace fue conmovedor

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Sabrina Flores, vestida de negro,
Sabrina Flores, vestida de negro, saluda con una sonrisa cómplice a su hermana gemela, Mónica Flores, minutos antes de enfrentarla (FIFA)

La hermandad es un lazo difícil de romper. Más aún cuando se trata de gemelos. Pueden tener personalidades, gustos y amistades diferentes, pero su conexión es única. Una de las pocas cosas que pueden ponerlos en veredas distintas es el deporte, capaz de interrumpir esa unión para darle paso a la competencia.

Eso le sucedió a Sabrina y Mónica Flores, acérrimas rivales durante 90 minutos. La primera representó a Estados Unidos y la segunda a México en el Mundial femenino Sub-20. La fraternidad en dos selecciones antagonistas. Su vínculo, paralizado por un choque de gran hostilidad.

Nacieron el 31 de enero de 1996 en Livingston, Nueva Jersey, y desde entonces hicieron todo juntas. Se graduaron de la misma secundaria y eligieron la misma carrera universitaria, ya que estudian Medicina en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, Estados Unidos.

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Sabrina y Mónica Flores se graduaron de la misma secundaria y ahora estudian en la Universidad de Notre Dame

Ambas juegan en el equipo de fútbol femenino que participa en las competiciones universitarias organizadas por la NCAA. Tienen una infinidad de puntos en común. Pero un día les llegó el llamado de las selecciones juveniles y no tuvieron la misma respuesta.

Caminos opuestos

Son hijas de David Flores, mexicano, y Adriana Grigoriu, estadounidense. Tienen la doble nacionalidad. Por nacimiento y por ascendencia, tuvieron la oportunidad de elegir a qué país representar futbolísticamente. Como Sabrina eligió a conjunto estadounidense y Mónica al elenco azteca, ambas viajaron a Papúa Nueva Guinea a disputar el Mundial femenino Sub-20 en aviones separados. Una vez que se sumaron a sus selecciones, el trayecto de ambas fue dispar.

Sabrina no jugó ni un solo minuto en la fase de grupos. Vio desde el banquillo el 0-0 ante Francia, el 3-1 contra Nueva Zelanda y el 1-1 frente a Ghana. Estados Unidos terminó líder del Grupo C junto al equipo galo, ambos con 5 puntos.

En cambio, Mónica fue titular en los tres encuentros de México. Estuvo en el campo de juego en el 2-0 contra Corea del Sur, en el 0-3 ante Alemania y en el 3-2 frente a Venezuela. El "Tri" femenino juvenil acabó escolta en el Grupo D con 6 puntos.

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Sabrina y Mónica Flores ya se habían enfrentado en un torneo de Concacaf, pero el choque de la Copa del Mundo superó aquel partido

El destino quiso que sus equipos se cruzaran en los cuartos de final. "Ya nos había pasado esto una vez jugando en contra en el preclasificatorio de Concacaf hace casi un año. Es curioso que suceda esto, pero no importa, yo siempre voy a dar todo lo que tengo que dar, sin que nada me importe. Este partido lo voy a tomar como un desafío más; realmente no me importa quién esté del otro lado", opinó Mónica en una entrevista con FIFA.com.

Dos países, una familia

Ambas tienen el cabello rizado y el rostro idéntico. Las dos miden 1,60 metros. Sin embargo, fue fácil identificarlas cuando Estados Unidos y México salieron paralelamente al Sir John Guise Stadium de la localidad de Port Moresby: sus camisetas eran opuestas.

Según contó Mónica, a sus padres les fascina verlas en cancha, sin importar de qué lado juegan: "Nuestros papás generalmente no sufren. Al contrario, se emocionan y nos apoyan parejo a las dos. Ellos lo que quieren es que tengamos un buen partido".

Sabrina, que había sido suplente en los tres partidos anteriores, estrenó titularidad precisamente en el duelo de eternos rivales, con su hermana gemela Mónica como enemiga. Ninguna de las dos pudo evitar que se les dibujara una sonrisa cómplice en el rostro en el saludo previo.

Mientras duró el partido, sus vínculos familiares quedaron al margen. México comenzó en ventaja con el gol de María Sánchez a 21 minutos del complemento, pero Estados Unidos –tricampeón de la categoría– expuso su jerarquía sobre el final: empató Ally Watt a dos mintos de cumplirse el tiempo reglamentario y Kelcie Hedge anotó el 2-1 definitivo en la última jugada. México sacó del medio y sonó el pitido final.

La consumación del triunfo agónico de las estadounidenses sumió en la tristeza a las jugadoras mexicanas. Entre ellas, Mónica, quien lloraba desconsoladamente. Las lágrimas brotaban de sus ojos en exceso. Por fortuna, allí estaba su otra mitad. Sabrina prefirió dejar para más tarde la celebración con sus compañeras e intentó consolar a su gemela. La competencia había llegado a su fin. La hermandad es un lazo que no conoce de resultados.