El domingo 23 de octubre de 1983, en plena guerra civil libanesa, Beirut sufriría una de sus jornadas más sangrientas. Dos ataques terroristas simultáneos perpetrados por extremistas islámicos terminarían con la vida de ciudadanos norteamericanos y franceses. El mayor de ambos ocurriría en el cuartel de marines, donde en total 241 personas morirían. En tanto que 59 paracaidistas francesas encontrarían idéntico final.
Era el segundo ataque que los Estados Unidos sufrían en tierra libanesa el mismo año. El 18 de abril, un atentado contra la Embajada norteamericana terminaría con un saldo inferior, pero no menos trágico: allí murieron 63 personas, 17 de ellas, estadounidenses.
Esa mañana de octubre, en el cuartel donde descansaban los marines, uno de los camiones bomba conducidos por terroristas libaneses suicidas con 5 mil kilos de TNT impactaron contra la estructura, destruyéndola por completo. El hecho representó el peor escenario para la Armada de los Estados Unidos desde la batalla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial. De inmediato comenzaron los operativos de rescate, que continuaron durante largos días.
Una ignota organización fundamentalista llamada Yihad Islámica se hizo responsable por la masacre. Sin embargo, nadie creía que dicho grupo terrorista fuera el verdadero responsable. Efectivamente, había actuado como "cara visible" de Hezbollah, el grupo extremista recién nacido amparado -y financiado hasta la actualidad- por el régimen de Irán.
Irán, Hezbollah y Siria -cuya embajada había actuado en conexión con la Guardia Revolucionaria Iraní- negaron siempre su participación en el hecho. Sin embargo, las pruebas fueron contundentes y todas conducían a Teherán y a su líder religioso el ayatollah Khomeini. En 2003, una decisión de la Corte Suprema norteamericana estableció que la Yihad Islámica era el nombre que usaba Hezbollah para cometer sus ataques terroristas.
A partir de ese brutal atentado, la "popularidad" de Hezbollah creció entre los chiias libaneses, pese a que el grupo terrorista no haría pública su existencia hasta 1985. Dos días después de los atentados, George Bush -en ese momento vicepresidente de los Estados Unidos- visitó el lugar donde Irán y Hezbollah habían atacado. La foto recorrió el mundo. El rostro de quien sería mandatario norteamericano años después reflejaba la devastación en el centro de Beirut.
En 2001, los familiares de las víctimas del cuartel de marines iniciaron una demanda contra la República Islámica de Irán. Tres años después, en 2004, las autoridades iraníes levantarían un monumento en honor a los "mártires" que murieron en el atentado. Hoy, la Corte Suprema les dio la razón y ordenó que Teherán deberá indemnizar con 2 mil millones de dólares a los deudos.
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