Esta semana Mauricio Macri le dijo a un amigo que estaba "abrumado". El aumento del dólar, la crisis en el INDEC, una equívoca negociación del ministro Esteban Bullrich, la inflación que se colocó en el centro de la agenda, sumados a los continuos informes de lo que cada uno de sus funcionarios encontraron -computadoras desconfiguradas, gastos sin registro, pagos dispuestos a cambio de nada- terminaron por agobiarlo. Pero cuando el día a día se le estaba haciendo insoportable, le informaron que era inminente el anuncio de que el presidente de los Estados Unidos viajaría a la Argentina.
La semana empezó mal. El director del INDEC, Jorge Todesca, demostró que no pudo hacer nada para que Graciela Bevacqua se sintiera parte de un equipo y pidió desplazarla. Lo que pasó, puede resumirse en pocos pasos. A saber: ella cree en su sistema científico, no acepta negociarlo con la necesidad gubernamental de dar estadísticas lo más pronto posible, Marcos Peña cree que salir a explicar a la opinión pública que se necesitan ocho meses para tener estadísticas confiables solo acrecentará el problema, Macri quiere dar una imagen de normalidad de la Argentina cuanto antes, Todesca no tiene capacidad para poner en marcha otro sistema de medición en el INDEC con Bevacqua adentro, Ricardo Delgado -asesor del ministro Rogelio Frigerio- propone como solución llevar a la dirección técnica a otro experto del organismo, Bevacqua le escribe a Peña un correo explicándole su posición, Fernando Cerro acepta reemplazar a Bevacqua, Todesca decide el desplazamiento.
Es de suponer que se evaluó el costo político y tuvo el respaldo para hacerlo. Pero la mujer que es símbolo de resistencia contra el autoritarismo que dominó el organismo de estadísticas nacionales durante 9 años siguió explicando sus razones por los medios y anunció que demandará a Todesca en la Justicia por amenazas y acoso laboral, con el patrocinio de la prestigiosa abogada Marta Nercellas, lo que extenderá la crisis al infinito. Mientras tanto, Todesca está internado en el Hospital Alemán desde el jueves a la noche y se reincorporaría el martes a su trabajo habitual, aunque hoy no es posible dar nada por seguro.
Además del innecesario dolor que están reviviendo los técnicos que volvieron al INDEC junto a Bevacqua, lo que sucede representa en escala la incapacidad de las oficinas públicas para asumir las responsabilidades más elementales del Estado. Lo que funcionaba -muy bien, hay que decirlo- era el relato, pero el Estado en la mayoría de los casos es una cáscara vacía, sin procedimientos ni protocolos de actuación para los que en él trabajan, casi todos con escasa o nula profesionalización, y con absoluta ausencia de premios para los que quieren capacitarse. Adentrarse en esos meandros, angustia a cualquiera.
En paralelo, mientras la crisis en el INDEC se cocinaba, la canciller Susana Malcorra exponía sobre "El futuro de Argentina" en el Council of Foreign Relations de Nueva York, el think tank más influyente en relaciones exteriores de los Estados Unidos, adonde fue acompañada por el gobernador Juan Manuel Urtubey, el senador Federico Pinedo y el diputado Eduardo Amadeo, tres habitúes de la Gran Manzana. Fue el 9 de febrero y aquí en Buenos Aires muy pocos se enteraron.
La canciller argentina habló de todo, desde las prioridades en materia internacional de la gestión Macri ("Trabajaremos con plataforma multilateral, con Mercosur, Unasur, con CELAC, con OEA, con Naciones Unidas. No vemos ninguna contradicción en eso"), hasta la posición del Gobierno en el tema Malvinas ("Siempre pondremos el énfasis en los acuerdos antes que en los desacuerdos"), haciendo hincapié en los principios de respeto a los Derechos Humanos y la libertad y en las expectativas una vez regularizada la situación financiera ("Argentina se volverá muy interesante para los inversores").
Se trató de una ponencia de una hora con muchas preguntas que demostraron el interés por la Argentina. El encuentro terminó en fuertes aplausos, que bien pueden considerarse una ovación en esos ambientes usualmente apáticos de Manhattan.
Pocos días después viajó a Buenos Aires Lally Weymouth, editora jefe del Washington Post, la hija mayor de Katherine y Philip Graham, o sea, heredera de la familia fundadora del tradicional diario. Se entrevistó con Macri, pero también con Peña, Malcorra, Pinedo, interesándose especialmente en las condiciones que permitieron la victoria de Cambiemos y los planes del nuevo Gobierno. Ya publicó un reportaje a Macri, del que Infobae tradujo un extracto.
El jueves, Ben Rhodes, el influyente asesor en política internacional y redactor de la mayoría de los discursos sobre asuntos externos de Barack Obama, informó de la visita del presidente norteamericano a la Argentina, rompiendo con un hielo de más de diez años. Será un viaje que emprenderá una vez concluida la histórica gira por Cuba.
Argentina se está poniendo de moda de nuevo. En momentos difíciles del mundo y la región, nuestro país es una de las pocas buenas noticias para el sector del mundo que prefiere las democracias imperfectas a los populismos cada vez menos democráticos. Ya estuvo el premier Matteo Renzi y esta semana vendrá el presidente François Hollande, pero la presencia de Obama en la Argentina el mes próximo es mucho más de lo esperado.
Expertos señalan al embajador Noah Mamet como el verdadero gestor de la visita de Obama
En ámbitos con experiencia en relaciones internacionales se señala al embajador Noah Mamet como el verdadero gestor de la visita. Se explica que tuvo el talento de pasar sin hacer ruido durante el último año del kirchnerismo y que gracias al excelente vínculo personal con Obama, y su discreción, tuvo la habilidad para mover los hilos en el Departamento de Estado y lograr que el presidente demócrata ponga en su legado un empujón al promisorio regreso de Argentina al mundo.
El amigo que escuchó a Macri decir que estaba "abrumado", también le aconsejó que enganche a la Argentina con el futuro, para tener la seguridad de que los próximos meses, que serán difíciles, pasarán rápidamente y quedarán en el olvido. Parece que el Presidente lo escuchó y le contestó algo así como "a mí a optimista no me gana nadie, pero hay que estar aquí adentro".
Hablaba de la Casa de Gobierno, el palacio presidencial que Domingo Faustino Sarmiento pintó de rosado para simbolizar la fusión entre los blancos unitarios y los rojos federales, protagonistas de una de las tantas guerras civiles que vivimos los argentinos. Como Sarmiento, Macri también tiene el propósito de unir a los argentinos, superando las diferencias ideológicas, modernizando el Estado y generando condiciones de igualdad. Ojalá lo logre.
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