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Sociedad lunes 08 de febrero 2016

La noruega que reflexiona con humor sobre los argentinos

Eirin Kallestad llegó hace tres años al país, enamorada de la energía y creatividad porteña. Una divertida rutina de stand up que realizó el año pasado ironizando sobre las diferencias entre las dos culturas se viralizó rápidamente. Infobae habló con ella

lunes 08 de febrero 201600:26
En su video, Eirin bromea sobre las diferencias culturales entre Argentina y Noruega.
En su video, Eirin bromea sobre las diferencias culturales entre Argentina y Noruega.
En su video, Eirin bromea sobre las diferencias culturales entre Argentina y Noruega. Crédito:

Eirin Kallestad tiene más de 30 años y hace tres vino de EEUU a probar suerte a Buenos Aires. Es noruega y ahora vive en Villa Crespo. Trabaja como consultora independiente y colabora en una asociación civil que se llama "Canales" que ayuda y educa a chicos con discapacidades auditivas. De hecho, le contó a Infobae que es la única noruega en Argentina que sabe lengua de señas para sordos. Su español es perfecto y su humor encantador. Fue eso lo que la llevó a atraer a miles de espectadores que compartieron el simpático video en el que Eirin relata en una de las salas del Paseo La Plaza distintas anécdotas graciosas y bizarras de la vida en Noruega y Argentina. La charla –que la hizo en el marco de un curso académico- fue subida a Youtube y generó furor.

¿Qué la inspiró a venir a vivir a Buenos Aires?

—De chica me gustaban mucho los caballos. Siempre tuve ese sueño de algún día hacer algo con eso. En el 2012 viajé a Italia y pulí mis conocimientos sobre los caballos. Busqué un trabajo que tuviera relación con eso. En ese momento vivía en EE.UU y tenía muchos amigos argentinos que me comentaron que Argentina era un gran lugar porque hay mucho campo. Renuncié a mi trabajo en Washington y me fui a trabajar sola a una estancia de polo en Cañuelas que además tenía un hotel. Aprendí mucho de la gente y del servicio hotelero. Vine por tres meses, pero no me fui nunca más. Hace un año y medio decidí mudarme a Capital y acá estoy.

—¿Cómo fue lo del stand up?

—Fue muy loco. Yo tomé un curso de seis meses el año pasado que se llama "El mundo de las ideas" y que es de innovación, creatividad y emprendimiento. Una parte del curso es aprender a hablar en público. Al final del curso, me tocó exponer una charla en el Paseo la Plaza que podía ser una historia de vida o cualquier otra cosa. En el curso mis compañeros se reían mucho cuando contaba cosas exóticas y anécdotas de Noruega así que decidí armar la charla en base a eso. Mis amigos filmaron mi relato y tuvo miles de reproducciones en Youtube. Muchos latinos que viven en Noruega me escribieron luego de eso.

¿Y la tomó por sorpresa la repercusión que tuvo?

—Sí, claro. El video lo subió la gente de "El mundo de las ideas", le pusieron subtítulos en español y en noruego para que todos lo entendieran.

¿Y no pensó hacer seguir haciendo stand up con eso?

—(Se ríe) No. Lo mío solo fue contar algunas historias.

¿Cómo definiría a Buenos Aires?

—Lo que más la identifica es que es una ciudad que nunca para, siempre hay actividad. Y lo que más me gusta de Buenos Aires es que la gente es mucho más creativa que en Noruega. Todo el mundo tiene proyectos innovadores, toman riesgos para encarar los proyectos y todos quieren aprender cosas nuevas. Nunca en mi vida viví en un lugar donde hayan tantos cursos como acá. Los argentinos siempre están haciendo cosas para mejorarse y por gusto personal. Creo que hasta yo me volví más creativa acá. Siento que me surgen cosas creativas todo el tiempo. Buenos Aires es una ciudad inesperada donde todos los días suceden cosas nuevas.

"La gente en Buenos Aires es mucho más creativa que en Noruega, todos quieren aprender cosas nuevas"

¿Y qué no le gusta?

—Si hay algo que me irrita de Buenos Aires es que los automovilistas nunca frenan para darle el paso a los peatones. Puede haber una señora de 80 años esperando cruzar y nadie le cede el paso.

¿Qué me podría decir de los porteños?

—Me gusta que son muy amables. Me fascina su sentido del humor. Siempre te reciben muy bien y los diálogos. Lo que no me gusta tanto es cómo la gente se trata en público, por ejemplo, en los supermercados, en la calle, etc.

¿Cómo describiría a la sociedad noruega?

—Es abierta en muchas cosas, pero en la vida diaria es todo muy rutinario y todos hacen lo mismo. Se sigue un ritmo de vida que está marcado por las edades, es decir, a tal edad se hace tal cosa. Por ejemplo, si allá sacas a la calle a tu hijo a las 22, todo el mundo te mira mal como si fueras la peor madre del mundo. Los chicos deben dormir a las 19, comer tal cosa, vestir de tal manera, etc. La vida es muy cómoda allá y hay muchos menos ruidos que en Capital Federal. Allá la gente vive bien, suelen tener casas muy grandes y viajan un montón, pero a veces es aburrido.

¿Qué es lo que más y menos extraña de Noruega?

—Extraño el orden, el respeto por los peatones y la facilidad para hacer los trámites. Allá con dos clicks hacés todo online y eso es muy cómodo y rápido. No extraño la conformidad de la gente –desmotivación- y menos que menos el otoño lluvioso.

¿Cómo aprendió español?

—Cuando tenía 17 años me fui a Panamá y no hablaba nada. Pero con el tiempo aprendí sola.

Una anécdota graciosa que tenga para compartir de Argentina

—(Se ríe) Acá los argentinos confirman las juntadas o las citas mil veces, cosa que en Noruega no pasa. En mi país vos arreglas verte con alguien un día a tal hora y queda pautado de esa manera sin necesidad de reconfirmación. Acá no. Y mis primeros meses acá me pasaba mucho que yo no recontra confirmaba las cosas y llegaba a juntarme al café con mis amigos y no había nadie. Me han dejado varias veces plantada por esto de la no reconfirmación del encuentro.

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