La idílica relación entre los hinchas de River y Andrés D'Alessandro un día comenzó a resquebrajarse y estuvo a punto de fracturarse por completo. Uno de los últimos grandes jugadores formado en la cantera de Núñez supo cosechar tantos elogios y aplausos del Monumental, como insultos e indiferencias con diversas decisiones que tomó.
El día que abandonó el club, las puertas del Millonario quedaron abiertas de par en par para el Cabezón. Cinta de capitán, ovación y mote de ídolo en sus espaldas para comenzar su periplo por Europa. En el 2008 el nexo comenzó a destrozarse: los dirigentes del club por entonces no quisieron repatriarlo y él eligió San Lorenzo.
La bronca contenida contra los hombres que manejaban la institución se expresó completa la recordada noche de mayo del 2008 y los hinchas se sintieron traicionados. D'Ale gritó con cuerpo y alma el segundo gol de Gonzalo Bergressio que le posibilitó al Ciclón la clasificación. Además, fue uno de los más enardecidos en el cierre del partido.
El público, que todavía tiene una daga clavada por esa derrota y los coletazos que significó, no se lo perdonó. Él, en medio de insultos y a pesar de todo, intentó explicarles a todos por qué había actuado de ese modo: "El corazón mío es de River. Entiendo la reacción de la gente. Es una señal para la gente que maneja hoy River, por eso estoy contento. No tengo respeto por el hincha, tengo amor".
La tensa brecha entre el futbolista y el público siguió estirándose a medida que los años fueron pasando y decidía no retornar al Millonario. En el Inter de Porto Alegre encontró su lugar en el mundo. Se transformó en ídolo y, temporada tras temporada, sus declaraciones no hacían prever la vuelta a Argentina.
En 2014 renovó por tres años en Brasil y declaró cerrando la puerta: "A River le debo todo, pero el Inter es un club donde me siento muy cómodo. En River me fui con 99 partidos. Acá (en Inter) voy a cumplir, a fin de año, 300 partidos".
Entre reproches e insultos, el corazón del Cabezón se fue endureciendo y los fanáticos gaúchos fueron ganando cada vez más lugar. "Me dolería mucho que me puteen en River. Sólo por eso no voy a verlo", explicaba sus decisiones, que siempre dejaban entrever el cariño que permanecía en su corazón.
La barrera imaginaria se quebró de repente y sin rumores previos. D'Alessandro decidió pegar el portazo en Brasil para volver a River. Esa decisión lo acercará más al hincha, aunque ahora tendrá que trabajar para remendar los corazones heridos.
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