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Política domingo 31 de enero 2016

Los primeros 50 días de Cristina Kirchner fuera del poder: peor, imposible

Fabián Doman

Por: Fabián Doman fdoman@infobae.com

Pese a que pergeñó un plan de copamiento del Estado antes de su retirada, funcionarios que supieron ser leales ya no le responden. Pérdida de influencia en la Justicia y la sublevación dentro del peronismo

domingo 31 de enero 201608:32
Cada día, militantes esperan por Cristina Kirchner en la puerta de su casa en El Calafate
Cada día, militantes esperan por Cristina Kirchner en la puerta de su casa en El Calafate Crédito: Facebook

Más allá de quien ganara, si Daniel Scioli o Mauricio Macri, muy a su pesar, Cristina Fernández de Kirchner sabía que el 10 de diciembre debía dejar el gobierno. Pensando en esa fecha "maldita" –que tanto la afectó, al punto de no poder entregar la banda a su sucesor- es que desde meses antes pergeñó un plan para mantenerse vigente en los tribunales y el Poder Legislativo. Con diferentes objetivos, pobló la lista de legisladores nacionales y provinciales con "tropa propia" y nombró cuanto juez pudiera. En el primer caso, para retener poder político; en el segundo, para evitar los infortunios judiciales que afectan en Argentina a toda administración que se va.

Este lunes, con el fin de la feria judicial de enero, y el 1° de marzo, con el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso, se pondrá a prueba hasta dónde se ha desgastado el poder de CFK en estos 50 días. A priori, el retroceso de su influencia en el propio peronismo, en los medios de comunicación y en los primeros escarceos judiciales, dan cuenta de una pérdida de poder mucho más rápida y vertiginosa de lo que la propia protagonista sospechaba en noviembre. Por eso, en los últimos días corrió la versión de que en marzo dejaría el voluntario retiro político en la Patagonia para volver a Buenos Aires.

El italiano Giulio Andreotti pasó a la historia por decir que "el poder desgasta al que no lo tiene". Si lo sabrá Cristina Kirchner. ¿A dónde ha quedado reducido su poder real? Naturalmente perdió el Poder Ejecutivo, pese a que en la administración de Mauricio Macri hay muchos más kirchneristas de lo que se sabe. Sin embargo, esta denominación "de origen" de poco y nada le sirven a la ex presidente: los que quedaron o llegaron no le responden. Dependen del ministro o "amigo" amarillo que los llevó.

En el Poder Judicial es donde parece haber conservado algo más. Alejandra Gils Carbo es la única funcionaria que logró hasta ahora sostenerse en la trinchera, de aquel plan original de Cristina que incluía a Martin Sabatella en el AFSCA y a Tristán Bauer en la RTA, entre otros. De aquella idea no quedó nada. Quizás Cristina subestimó la capacidad de ofensiva política del macrismo para hacerse en los primeros días con todos los cargos de la manera más rápida posible. Tiene en los tribunales, sin embargo, una línea más que media en diferentes Cámaras Nacionales y juzgados de primera instancia, originales de "Justicia Legitima", que pondrán a partir del lunes a prueba sus convicciones por un lado y sus necesidades políticas del momento por otro. En general, en el mundo judicial, en la decisión pesa más lo segundo que lo primero.

En el frente judicial, desde mucho antes que el 2015 Cristina intentó dejar la mayor cantidad de kirchneristas posibles, en una clara estrategia defensiva: quiere cortar el "maleficio" por el que los ex presidentes del país siempre resultan complicados una vez que dejan el poder. Le pasó a Carlos Menem y también a Fernando de la Rúa. Hotesur por caso o la ruta política de la efedrina y los aportes a su campaña presidencial 2007 aparecen como los primeros nubarrones para romper la tranquilidad de su estadía en el sur. Más las consecuencias de los avances en las causas contra Amado Boudou o el propio Máximo Kirchner. A partir de este lunes se sabrá hasta donde todavía Cristina tiene influencia en los tribunales.

Los kirchneristas que quedaron en la administración Macri ya no responden a Cristina.

En el Poder Legislativo es donde se medirá su poder político real. Es donde en principio está mucho peor de lo que pensaba. Las alianzas políticas y, por sobre todo, cómo voten los legisladores que llegaron a Diputados y Senadores por el Frente para la Victoria (FpV) en 2013 y 2015, significará la primera prueba en serio del poder que todavía le queda en el peronismo. El primer test de lo que viene no fue nada bueno para ella: hasta el ultra K José Ottavis participó indirectamente de la jugada para que finalmente el Presupuesto bonaerense de María Eugenia Vidal fuera aprobado por la Legislatura. Los que desde el peronismo estuvieron en las negociaciones, lo hicieron privilegiando sus intereses políticos particulares. Nadie llamó al sur a pedir instrucciones, más bien todo lo contrario. Un llamado de Cristina a un atribulado Ottavis logró atrasar la aprobación, pero nada más. La oportuna oferta a los intendentes peronistas para integrar un "fondo municipal" más el manejo de la Cámara que tiene Sergio Massa a través de Jorge Sarghini transformó la influencia de la ex presidente en insignificante.

En el Senado, la revuelta contra el decreto de Macri designando dos jueces de la Corte no fue una orden de Cristina, sino un grito de guerra de los senadores representados por Miguel Ángel Pichetto para no perder, ellos mismos, su capacidad de influencia. De aquel enojo de Pichetto con Macri a este comienzo de febrero ha pasado mucha agua bajo el puente: el nombramiento de los jueces será como corresponde, por el Senado. Pichetto, con más diálogo con Gabriela Michetti y Emilio Monzó del que se sabe, ya no critica más a Macri, sino a Axel Kicillof, a quien acusó públicamente de haberle hecho perder las elecciones locales en Río Negro. Cristina intentó sin éxito hacerle un golpe de Estado a Pichetto: por ahora, le viene saliendo mal. Encima un conglomerado de senadores peronistas no kirchneristas, que van desde los puntanos de los Rodríguez Saá hasta los chubutenses de Mario Das Neves, hacen su propio juego con el Gobierno, muy lejos de Cristina, situación que ya se veía aún durante su presidencia.

El próximo disgusto para la ex presidente llegará en la Cámara de Diputados. Congelado el recinto por decisión de Macri, el trabajo político que están llevando adelante Monzó, el radical Mario Negri, y el jefe legislativo de PRO, Nicolás Massot, apunta a "libanizar" el original bloque del FpV que lidera Héctor Recalde, el único propietario de un cargo importante en el esquema formal del poder que todavía responde a los mandos de Cristina y Máximo. La apuesta es "reubicar" a unos cuarenta diputados originales del FpV en dos bloques semi puros: uno del PJ, cuyo jefe político será Juan Manuel Urtubey y que estará integrado por diputados del NOA y NEA y otro "semi renovador" que se formará con legisladores peronistas que todavía no quieren mostrar sus naipes a la espera de una mayor definición sobre quién controlará el peronismo. A esto debe sumarse tres sinsabores más para el FpV: la influencia de Sergio Massa y Graciela Camaño con el propio bloque renovador; el conglomerado de diputados de izquierda, que votarán en contra en contra de todas las iniciativas del Poder Ejecutivo pero que le darán quórum al oficialismo y la actitud de un puñado de radicales "aliados K" representados en Gerardo Zamora que dicen que en reuniones privadas niegan a la ex presidente como si nunca la hubiera conocido. Si el plan macrista funciona, Cristina conservará un bloque duro de 50/60 diputados comandados de hecho por su hijo Máximo, muy revoltosos y mediáticos, pero que perderían todas las votaciones. Malas noticias para la familia K.

Si el plan del Gobierno funciona, Cristina solo conservaría un bloque duro de 50/60 diputados.

Entre los gobernadores en la reunión del miércoles en la Casa Rosada, los únicos que parecieron guardarle cierto respeto fueron naturalmente su cuñada Alicia Kirchner y el formoseño Gildo Insfrán, aunque este último con el correr de los días podría mutar sus sentimientos. Alicia, por su parte, tiene necesidades económico-financieras urgentes que probablemente la obliguen a tener que hacer algo por el gobierno nacional. El resto de los mandatarios provinciales ya se apuraron a hacer trascender que su ubicación política no surge de recibir instrucciones del sur: no se necesita ser Urtubey o el sanjuanino Sergio Uñac para darse cuenta que Cristina no es su jefa política. Las necesidades económicas y el olfato innato de los peronistas para "pedir" frente a un gobierno central macrista que necesita de sus votos en el Congreso hacen el combo perfecto para que los gobernadores vivan el mejor de sus mundos. "Vamos a sacarles más cosas a estos –por los macristas- de lo que sacábamos a Cristina" fue la conclusión de dos de los presentes a la reunión del miércoles en la Casa Rosada.

La integración formal de la nueva cúpula peronista tampoco arroja buenas noticias para Cristina. El único que aparece como su "delfín" es Jorge Capitanich, no se sabe si porque lo es o porque busca alguna identidad frente a las movidas políticas de Massa, Urtubey, José Manuel de la Sota o José Luis Gioja. Ningún kirchnerista paladar negro figura con posibilidades reales de conducir al peronismo.

La excepción a la regla de todo el cuadro de situación la constituye Daniel Scioli, que parece seguir tan dependiente de Cristina como antes. Dicen que especula con un regreso triunfal de la ex presidente con desembarco electoral en Buenos Aires el año que viene. Ambos se aferran a la estrategia de que a Mauricio Macri todo le irá mal y que el electorado rápidamente solo mirara a aquellos que se opusieron "a todo" frente a los peronistas "blandos" que acompañaron. Es la copia del plan Duhalde 99 –que salió bien en el 2001- pero que por ahora erra dos comparaciones: Scioli no es Duhalde y Macri no es De la Rúa.

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