Télam 162
Télam 162

Hay una famosa entrevista de 1977 en el programa de la televisión española A fondo del periodista murciano Joaquín Soler Serrano a Julio Cortázar donde el escritor argentino queda estupefacto por todo lo que sabía el entrevistador de su obra. Se sorprende y le agradece por haber leído sus libros, como si fuera un verdadero hallazgo encontrar a un periodista que haya hecho tamaña investigación de su entrevistado. Si esto que notaba el autor de Final del juego se analiza en la actualidad, se puede llegar a conclusiones más extremas. La inmediatez de esta nueva época ha erosionado el tiempo de preparación previo para lanzarse a las profundas aguas de la entrevista. ¿En qué momento se encuentra este género? ¿Se ha modificado con las nuevas tecnologías y las nuevas subjetividades?

Lo que hay que empezar diciendo es que una entrevista en un medio tiene valor si el entrevistado sabe y conoce del tema en cuestión, y si no hay un tema en particular, sí hay un hilo de lo esperable -siempre con los nudos necesarios de la sorpresa- por donde se teje la trama de la charla. Alejandro Fantino es un exponente interesante para pensar el género (sacando la cuestión televisiva, desde luego), para preguntarse por el rol del entrevistador, por la pesca de los titulares, por la generación de un ambiente propicio para que el entrevistado pueda disparar hacia donde quiera.

Atravesando todas estas cuestiones, el periodista y músico Nando Varela Pagliaro publicó Solo se trata de escribir (Milena Caserola, 2015), un libro de entrevistas que le realizó a 16 escritores contemporáneos: José Pablo Feinmann, Mempo Giardinelli, el recientemente fallecido Antonio Dal Masetto, Marcelo Birmajer, Juan Forn, Fabián Casas, Guillermo Martínez, Marcelo Cohen, Martín Kohan, Reynaldo Sietecase, Guillermo Arriaga, Hernán Casciari, Eduardo Sacheri, Pedro Mairal, Guillermo Saccomano y Pablo Ramos.

Ya en el prólogo, Leticia Martin habla del poder de la entrevista por tocar "el borde de la obra" y sobre "la necesidad de volver abordable lo inabordable, de despejar el lugar común y la respuesta automática". Y el autor en la introducción asegura que "la conversación es la exposición de nuestro modo de pensar". A diferencia de otros campos, el de la literatura tiene la particularidad de su singularidad: el escritor es un todo complejo que trabaja solo englobando todas las funciones del armado intelectual de su obra. En ese lugar inspecciona Varela Pagliaro, intentando echar luz sobre los enigmáticos procesos de producción, de la concepción del mundo y de los campos que con la literatura se relacionan.

Se pueden encontrar grandes temas en el libro como es la cuestión autobiográfica, hasta dónde cala en la obra la historia personal del escritor; también la función del taller literario, si realmente puede formar escritores este tipo de encuentros; y el interesantísimo cruce entre periodismo y literatura. "La literatura tiene que estar siempre en estado de pregunta y el periodismo en estado de respuesta", sugiere Casas, y por su parte Giardinelli dice que "el periodismo es la búsqueda de la verdad y la literatura es la búsqueda de la mentira". "La falencia me convierte en escritor, no la virtud", explica Ramos evidenciando el lugar desde el que escribe, mientras que Saccomano sentencia que la escritura es un oficio de paciencia, pero que hay que meter la nariz donde nadie quiere, incomodar, molestar, decir lo que está por fuera del sentido común.

También aparece la pregunta sobre el rol del escritor en la sociedad. Al respecto Cacsiari dice: "Yo estoy más contento que me lea el que nunca leyó y no el crítico literario". En su reflexión, el escritor funcionaría como un iniciador o, mejor, un avivador. Y de alguna forma está en línea con lo que sugiere Guillermo Arriaga, cuando dice que "las estructuras de poder arrebatan mucho la posibilidad de tener vida interior". Quizás ahí esté la cuestión literaria: establecer momentos que rompan con la alienación. Y eso implica romper con el cerco, traspasar la barrera del grupo selecto. ¿Pero cómo? "En el mundo literario tener éxito es un pecado", dice Guillermo Martínez, dando en la tecla. Pero como explica Kohan, su búsqueda consiste en lograr que esa literatura que parece para pocos, para los privilegiados del leguaje, sea masiva y se abra a la popularidad.

En la música hip hop existe el término flow que se usa para referirse a la cadencia de la interpretación cuando la métrica y la lírica son potenciadas por el énfasis del narrador. Suele traducirse como corriente o flujo y, es de alguna manera, lo que le da credibilidad al rapero. En Sólo se trata de escribir hay un ambiente que permite a cada escritor desarrollar sus ideas sobre la literatura con el énfasis del flow, porque no son la voz de ningún personaje de sus historias, sino ellos mismos, el personaje de su propio reality, reflexionando sobre su trabajo, el campo literario, el arte en general. Varela Pagliaro se invisivilaza y oficia como un director de orquesta; lo vemos cada tanto que mueve los brazos haciendo alguna pregunta pero en realidad, los que brillan son los músicos, en este caso los escritores, porque de alguna manera los potencia, no los hace decir, sino que crea el ambiente propicio para que hablen, cuenten, expongan, maravillen. Al fin de cuentas, ¿no ese es el rol del entrevistador?