Milagro Sala tiene que responder por muchas cuestiones. No por organizar un acampe, ni por cortar rutas. Eso no es un crimen, es el derecho más importante. Milagro Sala debería responder por conductas realmente criminales, pero contra la clase obrera y que exceden con mucho la imputación que le hizo el gobernador Gerardo Morales.
Por ejemplo:
1. Emplear a gente a $2.500, salario por debajo del mínimo legal (cálculo para 2012). Incluso por debajo del mínimo legal de los trabajadores jornalizados ($9,4 contra $13,35).
2. Emplear a obreros en jornadas de doce horas, cuando el máximo legal es de ocho, sin pagar horas extras o ningún tipo de bonificación.
3. No pagar aportes ni cargas sociales.
4. Agredir a militantes del Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), en 2005.
5. Agredir a militantes del Partido Obrero (PO) en la marcha por el apagón de Ledesma, en 2006.
6. Participar en la golpiza a dos militantes de la CCC, uno de los cuales fue internado por fractura de cráneo.
7. Formar parte de la represión de la movilización de organizaciones sociales en mayo de 2009.
8. Atacar a obreros zafreros en 2010.
9. Ser la titular de la barra brava de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, con todos los negocios ilegales y las complicidades policiales que suelen manejar esos grupos.
10. Estar vinculada con los asesinatos de Daniel Condori, uno de los ocupantes del barrio Santa Bárbara, en Humahuaca, en 2012 y del militante Ariel Velázquez, durante la campaña de las PASO, en 2015.
Pero el Gobierno de Cambiemos no va a investigar esos hechos, como tampoco lo hizo el kirchnerismo, porque sería inculparse a sí mismo. Así se maneja el Estado y la economía en la Argentina. Se aprovechan del hambre para pagar salarios miserables por jornadas extenuantes. El Estado contrató y seguirá contratando en negro, sin cargas sociales, sin jubilación y sin derecho a la sindicalización, como lo hace Milagro Sala.
Además, la política burguesa en Argentina siempre usó a los negocios sucios como fuente de financiamiento y a las patotas como elemento de coacción. No va a dejar de hacerlo. Es decir, los manejos de Milagro Sala son los de la política argentina. Su responsabilidad es la de toda una clase social. Gerardo Morales y Cambiemos no están en contra de todo esto. Simplemente quieren ser ellos los beneficiarios.
Sala fue un instrumento privilegiado para desactivar el movimiento piquetero en uno de los lugares donde se gestó y se desarrolló con más fuerza. Con una dosis de concesiones muy precarias (planes sociales, salarios miserables) y de represión, logró lo que el Estado no pudo. Pero en el largo plazo, generó una serie de arbitrariedades y personalismos que resultan difíciles de manejar. Hoy, otros se quieren quedar con el negocio.
En definitiva, nadie puede ir preso por protestar. Eso es un antecedente muy peligroso. Debería anularse ese artículo del Código Penal. Pero, en relación con los trabajadores de las cooperativas, en lugar de pedirles que vuelvan a las terribles condiciones a las que fueron sometidos, ya sea con Sala o con Morales, deberían ofrecerles algo mejor. Por ejemplo, pasar a ser trabajadores estatales en planta permanente, con todos los derechos laborales, sindicales y la estabilidad que corresponde (o sea, hay que disolver las cooperativas). Para que se hagan las obras públicas que se necesitan y nadie se robe nada, la propia población debe definir un plan de obras prioritarias y una comisión para su seguimiento. Por último, sus propios trabajadores deberían poder investigar todos los delitos de Milagro Sala y sus complicidades.
Doctor en Historia e Investigador del CEICS
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