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Política domingo 10 de enero 2016

La esquizofrenia iraní y la respuesta sunita

George Chaya

Por: George Chaya

domingo 10 de enero 201600:07
El ayatollah Alí Khamenei y el rey Salman Bin Abdulaziz 
El ayatollah Alí Khamenei y el rey Salman Bin Abdulaziz  Crédito: Reuters

Días después del ataque contra la embajada saudita en Teherán, la delegación diplomataica de Irán fue atacada con misiles en Saná, Yemen. El gobierno iraní acusa a Arabia Saudita de ser el autor material del atentado, en el que varios guardias de la misión resultaron heridos, según Press TV, una televisión local irano-yemení y la televisión libanesa Al Manar, órgano de prensa del grupo político-terrorista Hezbollah, aliado directo de Teherán.

Arabia Saudita y sus aliados en la coalición militar del Golfo están combatiendo a los rebeldes hutíes hace 2 años en Yemen y acusaron, en diversas ocasiones, al régimen iraní de apoyar a los sublevados que forman parte de una comunidad chiita que tomó el control de Saná en septiembre de 2014. Desde el miércoles, los residentes de la ciudad han informado a la televisión local de por lo menos 30 bombardeos aéreos nocturnos contra objetivos rebeldes, en lo que configura el raid más violento desde el inicio del conflicto.

El 2 de enero pasado, Arabia Saudita decidió poner fin a la tregua acordada el 15 de diciembre para el inicio de conversaciones de paz con la mediación de Naciones Unidas. El alto el fuego fue violado de forma reiterada por ambas partes en conflicto. La escalada entre Teherán y Riad trepa a niveles peligrosos en las últimas horas, profundizando la posibilidad de enfrentamientos militares directos entre ambos actores.

La escalada entre Teherán y Riad trepa a niveles peligrosos

Cualquiera que haya seguido la crisis en los medios de comunicación internacionales ya conoce la decisión saudita de romper relaciones diplomáticas con Teherán días pasados, esta decisión también fue acompañada por sus aliados del Golfo.

Si bien los medios de comunicación sauditas culpan de la crisis a Irán, hay diferencias significativas en la explicación de los acontecimientos y en la evaluación de su impacto e implicancias.

La manera en que expresa sus puntos de vista el guía supremo Ali Khamenei, a través de la agencia de noticias oficial Fars (controlada por la Guardia Revolucionaria), muestra satisfacción ante la decisión de Arabia Saudita pues tiene una excusa perfecta para ir contra el reino con toda su fuerza.

Otras posiciones del liderazgo iraní, particularmente la facción del ex presidente Hashemi Rafsanjani, expresaron su pesar por la ruptura de relaciones diplomáticas y han estado a punto de criticar a la turba que atacó la embajada saudita en Teherán y el consulado en Mashad. Sin embargo, el presidente Hasan Rohani y sus funcionarios de la Cancillería han efectuado declaraciones similares a los comandantes militares y aprovechan la ocasión para redoblar y profundizar los ataques verbales contra el reino y los otros cinco países musulmanes que han roto lazos diplomáticos con Teherán.

Lo concreto es que el incidente pone de relieve la esquizofrenia que padece Irán desde que los khomeinistas tomaron el poder en 1979.

Hay dos tipos de Irán, uno que encarna en extremo la revolución de Khomeini y el otro, el que espera regresar a la comunidad internacional

No cabe duda de que "hay dos tipos de Irán", uno que encarna en extremo la revolución de Khomeini y el otro, el que espera regresar a la comunidad internacional como un estado-nación, según las declaraciones dadas esta semana al New York Times por John Kerry.

El Irán que ataca a una embajada extranjera considera el incidente como un acto heroico que fortalece a las "masas revolucionarias". De hecho, los khomeinistas realmente tomaron el control de la revolución el 4 de noviembre 1979, cuando sus activistas ocuparon la embajada estadounidense en Teherán y mantuvieron como rehenes a los diplomáticos norteamericanos durante 444 días.

Aquel 4 de noviembre se convirtió en una fecha emblemática en la historia del régimen: quedó marcado por la organización de grandes fiestas anuales por parte del gobierno donde miles de adherentes asisten a ceremonias de quema de banderas norteamericanas e israelíes y de fotos de presidentes de Estados Unidos.

Atacar las misiones diplomáticas se convirtió en la táctica favorita del régimen desde que el presidente Jimmy Carter aceptó tragarse la humillación de los khomeinistas enviando mensajes escritos de puño y letra para apaciguar al líder Khomeini.

Así fue como Irán concluyó que "Estados Unidos no podía hacer nada". Esa conducta de Carter envió una señal a los khomeinistas de que podían violar el derecho internacional, incluyendo la Convencion de Viena sobre las misiones diplomáticas; atacar, saquear y ocupar cualquier embajada o consulado a su antojo. Según lo declarado en su tiempo por el fallecido rey Hussein de Jordania: "En ese momento, el presidente Carter se entregó a la revolución iraní".

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A partir de allí, la República Islámica generó un récord mundial en el número de disputas diplomáticas. Desde 1979, los mullahs han generado deliberadamente cientos de incidentes internacionales. Incluso al día de hoy mantienen a seis periodistas estadounidenses como rehenes por diferentes causas.

En las tres primeras décadas, el régimen islámico experimentó la ruptura de relaciones diplomáticas con 17 países

En las tres primeras décadas, el régimen islámico experimentó la ruptura de relaciones diplomáticas con 17 países, incluyendo países musulmanes como Egipto, Libia, Túnez, Marruecos y Nigeria. Sus militantes atacaron numerosas embajadas y consulados, incluidos los del Reino Unido, Alemania Occidental (como se llamaba entonces), Francia, Italia y Corea del Sur. Tomaron numerosas delegaciones y a sus diplomáticos como rehenes durante largos períodos de tiempo, entre ellas la francesa y a su embajador Guy Georgy. En un momento, todos los miembros de la Unión Europea, excepto Grecia, retiraron sus embajadores de Teherán.

De acuerdo con el derecho internacional, atacar una embajada extranjera es un casus belli (acto de guerra) y esto es lo que ha denunciado el gobierno saudita en la crisis actual.

Según el Código Penal iraní y en su reforma de 1963, "atacar una misión diplomática es un delito punible con hasta tres años de prisión". Bajo el mismo Código Penal, "la captura de rehenes también es un delito, penado con hasta 15 años de cárcel", "y si se causara la muerte de algún diplomático, está contemplada la pena capital". Sin embargo, en este esquizofrénico Irán, atacar embajadas extranjeras y tomar rehenes es recompensado con honor y altos cargos políticos.

Varios miembros de la administración del presidente Rohani son ex atacantes que han participado en la toma de rehenes de la embajada estadounidense en la era del presidente Carter, entre ellos el ministro de Defensa, el jefe de asesores políticos de la Cancillería y el asistente especial para el Medio Ambiente, quienes en lugar de haber pasado por la cárcel como el Código Penal iraní indica, se encuentran en altas posiciones de gobierno.

En las sucesivas campañas electorales, incluida la actual, se ha visto a candidatos que estimulan los ataques a embajadas y la toma de rehenes como grandes logros en sus antecedentes revolucionarios. Tal vez sin saberlo, al ignorar el Estado de derecho, ya sea nacional o internacional, Khomeini y sus sucesores estaban imitando Lenin. En su folleto "El Estado y la Revolución", Lenin insistía en que una revolución no puede cumplir con las leyes promulgadas por un Estado o grupo de Estados. "La revolución hace sus propias leyes", afirmaba.

En una reciente entrevista con la BBC, el ex secretario de Relaciones Exteriores británico William Hague arroja algo de luz sobre la esquizofrenia de Irán. Hague dice: "En 2011, después que las turbas khomeinistas atacaron y saquearon la embajada británica en Teherán, el entonces ministro de Relaciones Exteriores iraní, Ali Akbar Salehi, lo llamó por teléfono para expresarle sus profundas disculpas". Salehi pudo ser honesto en cuanto a desconocer la identidad de los atacantes individualmente, pero sin duda sabía quién los había enviado. Así se manejó el régimen khomeinista siempre en ese tipo de crisis. Atacar las embajadas en la República Islámica ha sido y sigue siendo una vía rápida para la promoción personal dentro del establishment.

Durante las últimas cuatro décadas, nadie ha sido procesado, y mucho menos castigado, por atacar misiones diplomáticas y tomar diplomáticos extranjeros de rehenes.

Los países extranjeros que fueron víctimas de este comportamiento también son culpables pues nunca insistieron en que los autores fuesen llevados ante la Justicia. Jimmy Carter simplemente ocultó el asunto bajo la alfombra y otros líderes, tanto de Europa como del mundo musulmán, lo imitaron. Así, perpetuaron la idea de los khomeinistas que sintieron que podían hacer lo que quisieran con impunidad.

La reacción a la crisis actual muestra que las dos versiones de Irán están presentes en el régimen iraní. "Los que persiguen la profundizacion de la revolución esperan que el ataque a las misiones sauditas y la crisis subsiguiente les ayuden a ganar las próximas elecciones internas de febrero". De hecho, es posible que planearan los ataques con ese propósito, como ya lo han hecho en elecciones anteriores.

Lo concreto es que mientras la esquizofrenia no le permita a Irán estar en paz consigo mismo, nunca podrá estar en paz con nadie en la comunicad internacional. Y esto es demasiado peligroso tanto para Irán como para el mundo.

Irán está jugando peligrosamente una ficha que puede no resultarle ganadora, por el contrario, la jugada de Teherán puede abrir un escenario devastador en la región.

Lo que Irán debería interpretar es que los misiles a su embajada en Yemen son un mensaje de advertencia directa a su régimen que Arabia Saudita y los países del Golfo le están enviando.

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