Los especialistas aseguran que las razones esgrimidas por los pacientes son múltiples: para poder dormir, relajarse, dejar atrás el estrés laboral o el que genera la falta de éste, hasta cuestiones familiares como salir de un divorcio o una pérdida, entre tantas otras.
Desde su ingreso al mundo de la medicina, a mediados del siglo XIX, los sedantes o ansiolíticos comenzaron a ser cada vez más utilizados y, a su vez, los laboratorios crearon nuevas combinaciones para distintas funciones. En la actualidad, se calcula que existen más de 300 tipos de drogas en el mundo, con diversos fines. Básicamente, se dividen en dos: aquellos que buscan generar una sensación de relajación y reducir la ansiedad, y los que ayudan a dormir.
Barbitúricos: estas drogas derivan del ácido barbitúrico y actúan como sedantes del sistema nervioso central. Entre la gama de sus efectos se encuentran desde la relajación suave hasta la anestesia total. Los más comunes son phenobarbital, pentobarbital, secobarbital, amobarbital, hidrato de cloral, glutethimide, methaqualone y meprobamate, entre otros.
Benzodiazepinas: estos psicotrópicos también actúan sobre el sistema nervioso central y su gama de efectos es más amplia. Desde sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, anticonvulsivos, amnésicos y miorrelajantes. Entre los más usados están flunitrazepam, diazepam y chlordiazepoxide.
Drogas específicas para el sueño: zolpidem, eszopiclone y ramelteon.
GHB: ácido gamma-hidroxibutírico
Cuando se aumenta la cantidad comienzan a aparecer el aturdimiento, vértigo, estado de somnolencia, dificultad en el habla y descoordinación muscular; se pierde la capacidad de aprender cosas nuevas ya que se ve afectada la memoria (especialmente con las benzodiazepinas). Además, puede tener los efectos contrarios a los buscados: desde ansiedad, pesadillas, hostilidad y ataques de ira. Cuando se consumen nunca se debe manejar.
Una de las cosas que no se dicen sobre estas drogas es que son adictivas. En general, se recomienda usarlas por no más de treinta días, ya que producen fenómenos de tolerancia. O sea, luego se debe consumir más dosis para los mismos efectos. El famoso "efecto rebote".
En el caso de los barbitúricos, el hígado las metaboliza y esta tolerancia genera que, cuando se están consumiendo otras drogas prescriptas, también se deba aumentar la dosis de estas.
En el caso del hidrato de cloral -un líquido que puede irritar las membranas mucosas en la boca y el estómago- puede llevar al vómito, como desorientación, vértigo, falta de coordinación y pesadillas. En EEUU hubo reportes de muerte súbita, por sobredosis o daño hepático.
La combinación con otros sedantes, alcohol, opiáceos, inhalantes, anestésicos (óxido nitroso, halothane) e incluso algunas medicinas para el resfrío y antihistamínicos aumentan el riesgo de sufrir una falla del sistema respiratorio y paro cardíaco.
Uno de los casos más famosos de muerte por combinación de sedativos de los últimos años fue la de Michael Jackson. La autposia e investigación policial reveló que el Rey del Pop tenía problemas de insomnio y que su médico personal mezclaba propofol -de alto poder adictivo- con dos sedantes, lorazepam y midazolam.
Los problemas para conciliar el sueño son un tema en crecimiento en las sociedades posmodernas y las empresas farmacológicas buscan nuevas drogas, sin tantos efectos negativos como las derivadas de las benzodiazepinas. Entre ellas se encuentran zolpidem, eszopiclone y ramelteon, surgidas durante los 90.
Estas, si bien no están relacionadas con las benzodiazepinas, sí actúan sobre sus receptores en el sistema nervioso e inducen al sueño. Con respecto a zolpidem, cada vez se reportan más casos de personas que se despiertan en el medio de alguna actividad compleja -una especie de sonambulismo- o ya habiendo realizado una tarea, de la que no tienen ningún tipo de recuerdo. Estas incluyen manejar, comer, hacer compras online e incluso escribir mails o hasta cometer delitos mientras "dormían".
Todavía no se encontraron las razones que producen este estado twilight (crepúsculo), pero especulan con que sus efectos disminuirían mucho más rápido en ciertas áreas del cerebro que en otras. O sea, mientras la persona puede realizar algunas actividades, las zonas cognitivas se encuentran inhabilitadas. En todos los casos, las personas dijeron no recordar nada.
En 1996, la prestigiosa revista Time publicó un artículo que puso a esta droga en el ojo de la tormenta. Allí contaron la historia de Hillory Janean Farias, una joven texana de 17 años, una estudiante y atleta destacada, quien una noche fue a bailar, tomó unos tragos y regresó a su casa con náuseas y dolor de cabeza.
Luego de 24 horas, fallecía debido a una sobredosis de GHB, una droga líquida, sin olor ni color, con un gusto apenas salado, potente y altamente adictiva. Usada para las operaciones con anestesia general en Europa, la GHB es también común en los medicamentos para combatir los desórdenes de narcolepsia (una enfermedad que provoca que los pacientes se queden dormidos varias veces a lo largo del día).
Se adapta de manera rápida al organismo, por lo que provoca tolerancia casi inmediata y las sobredosis son muy comunes. Además, el proceso de abstinencia es devastador, que lleva desde el insomnio hasta la psicosis.
Existen muchos casos de personas que comenzaron a tomarlos bajo prescripción médica por un tema determinado y luego siguieron por su cuenta, como otros que al escuchar los beneficios que le trajo a un conocido decidieron hacerlo sin la tutela de un profesional de la salud.
Esto generó una naturalización de su consumo y las personas se ponen en riesgo de manera diaria, creyendo que una pastilla tiene facultades "mágicas" para seguir adelante, sin conocer los peligros reales.
Por ejemplo, existen casos documentados de personas que consumían phenobarbital (un sedante) en determinada dosis y pasaron a consumir la misma cantidad de pentobarbital (se utiliza en cirugías), que terminaron en sobredosis letales.
En la Argentina, según el último informe del Observatorio Argentino de Drogas, más de 3 millones de personas consumen ansiolíticos, lo que generó un aumento del 40% en los últimos diez años. Sin embargo, estas cifras no son definitivas, ya que existe un "mercado negro" que funciona sin receta en hospitales o por contrabando.
El fenómeno del uso desmedido de pastillas contra la ansiedad y el estrés recauda más que los medicamentos del aparato digestivo o los de las enfermedades cardiovasculares, por ejemplo.
En ese sentido, un informe del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos estimó que el abuso de estos medicamentos provoca alrededor de 100 mil internaciones al año y 22 mil muertes, en especial en la franja de mayores de 65. Además, los especialistas revelaron que el 40% de la población consume sedantes y estimulantes sin ningún tipo de prescripción ni control médico.
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