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Política domingo 03 de enero 2016

Martín Yeza: "Reduje mi sueldo de intendente, era inmoral"

Juan Pablo Piscetta

Por: Juan Pablo Piscetta jpiscetta@infobae.com

Fue elegido alcalde de Pinamar con solo 29 años. Tras el arranque de la temporada, ahora busca que su gestión "se convierta en un modelo". "La Pinamar de Yabrán perdió en las elecciones", aseguró a Infobae

domingo 03 de enero 201600:26
Martín Yeza es el intendente electo más joven de la historia bonaerense.
Martín Yeza es el intendente electo más joven de la historia bonaerense. Crédito:
En 8 años, Pinamar vivió un intenso período de inestabilidad y crisis política, en el que pasaron 5 intendentes, varios de ellos destituidos por corrupción. Este año el balneario puso fin a la larga secuencia. Y sorprendió. En una provincia gobernada por caudillos territoriales, eligió como jefe comunal a Martín Yeza (PRO), un periodista y político de 29 años (hoy domingo cumple los 30). Así, los pinamarenses designaron al dirigente y funcionario electo más joven de la historia bonaerense.

Tras la victoria electoral, el intendente acaparó la atención al contar numerosas anécdotas tragicómicas que observó durante el traspaso de gestión. Ya con varias semanas de ejercicio en el cargo, el intendente habló con Infobae sobre la temporada de verano, "la corrupción endémica" del balneario y de los empresarios locales, y el estilo de gobierno que busca imprimir.

—María Eugenia Vidal dijo al asumir que se encontró con una provincia "quebrada". Haciendo un paralelismo, ¿con qué situación se encontró en Pinamar?

—Con un café con leche y dos medialunas (risas). El principal dato es que tenemos un déficit operativo de 6 millones de pesos mensuales. En la gestión saliente, durante el mes de noviembre, el 91% de la recaudación se fue en sueldos. Es una cifra bastante alta, cuando Pinamar siempre fue autónoma. Chocaron la calesita.

—Pasaron varias semanas desde que asumió, ¿qué es lo que más le sorprendió?

—Lo que más me sorprendió para mal fue el estado de desidia. Teníamos internet y las líneas de larga distancia cortadas, faltaba mobiliario, y en mal estado los vehículos de la Municipalidad. Para bien, me sorprendió encontrar a los empleados municipales como mis principales aliados para poner a Pinamar en pie de cara a la temporada.

¿Pudo resolver esos problemas?

—El primer día de gestión solucionamos lo de internet y las líneas telefónicas, además de la relación con todos los proveedores que estaba rota. El problema más estructural es el de la recaudación de impuestos, que hay que mejorarla y que se rompió por la falta de confianza de los pinamarenses en las últimas intendencias. Además, Pinamar está desarrollada al 55 por ciento, venimos de un fuerte proceso de inestabilidad institucional que hizo que las inversiones se detuvieran.

¿Los intendentes anteriores dejaron un piso muy bajo?

—Había un ausencia total de gestión. Entre los primeros cambios que hicimos fue reducir mi sueldo, publiqué mi agenda en internet y hasta abrí las cortinas de mi despacho. La idea es que la municipalidad deje de funcionar a puertas cerradas y esté cerca de la gente. Una de las medidas de mayor impacto fue la prohibición del lanzamiento de pirotecnia. Con ese presupuesto, triplicamos el financiamiento el programa de colonias de verano para que los trabajadores pinamarenses atiendan mejor a los turistas.

¿Por qué redujo su salario?

—El intendente de la gestión anterior llegó a cobrar un sueldo de entre 235 y 260 mil pesos por mes. En mi caso, eliminé los viáticos y gastos de representación y reduje el salario al mínimo legal posible, que está cercano a los 70.000 pesos. Es una señal y un gesto importante que había que enviar a la ciudadanía, porque el sueldo anterior era inmoral. De todas maneras, el problema acá era que se volvió consuetudinario la plata por izquierda que ganaban los intendentes.

"El intendente de la gestión anterior llegó a cobrar 260 mil pesos por mes"

¿Cómo está la corrupción en Pinamar?

—Es una de las municipalidades más icónicas de la Argentina en cuanto a la corrupción. En las primeras semanas, más de un empresario pensaba que al intendente lo tenía que llamar y ofrecerle cosas. Yo estoy con los tapones de punta contra la corrupción y voy dejando en claro que se abrió un nuevo proceso político. Algunos se tiraron a la pileta y se dieron cuenta que se quedó sin agua. La corrupción no es solo una cuestión de la política, si no de parte del empresariado. Así como está cambiando la cultura política, tiene que cambiar la cultura empresarial. Algunos tienen publicidades muy lindas en Pinamar pero son unos terribles coimeros. Incluso, hay muchas marcas que se han ido por todas las cosas que les pedían por izquierda. La corrupción era endémica.

¿Qué quedó de la Pinamar oscura de Alfredo Yabrán?

—Es algo que quedó presente en el imaginario de la gente. Ahora hay un intendente de 29 años y muchos de los nombres que estaban asociados a esa Pinamar perdieron en estas elecciones. La sociedad pinamarense rompió con el halo de oscuridad y creemos que estamos saliendo a la luz de a poco.

¿Qué rol juega la noche? Uno de los intendentes fue destituido por recibir coimas de un boliche.

—Lo que hicimos fue reunirnos con los dueños de bares y boliches y le dijimos lo que íbamos a hacer. Pinamar este verano va a tener un paseo nocturno, vamos a peatonalizar las zonas aledañas a boliches para que no se pueda ingresar con autos, que lo usan para poner música con volumen alto y hay muchas quejas de los vecinos. También habrá puestos de enfermería para asistir a los chicos que se exceden en alcohol e incluirlos luego en un programa de concientización del consumo.

Muchos argentinos prefieren ir a veranear a Brasil antes que a la Costa Atlántica. En parte ello se explica porque los precios en las playas argentinas están muy altos. ¿Cómo competir con eso y cómo se resuelve?

—Es una construcción mediática la de que Pinamar es carísimo y Brasil baratísimo. Es comparar peras con manzanas. No es lo mismo un chalet en el norte del balneario, hecho por un arquitecto de renombre y con cinco habitaciones, que dormir en un hostel en Brasil. Hay opciones para todo el mundo y para todos los gustos.

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Alfredo Yabrán junto con su mujer, María Cristina Pérez, en Pinamar, en 1996. Tras la publicación de esa imagen tomada por José Luis Cabezas, el reportero gráfico fue asesinado.
Alfredo Yabrán junto a su mujer en Pinamar, en 1996.

Suele asociarse a Pinamar como un balneario VIP, exclusivo y de gente de elevados ingresos. ¿Está de acuerdo con esa imagen?

—Pinamar es una ciudad para la gente que busca vivir con estilo. Creo que eso no necesariamente tiene que ver con una cuestión económica, sino con una actitud. Tenemos oferta gastronómica, cartelera cultural y eventos deportivos. Esta temporada va a ser muy atractiva, además de los espectáculos que tenemos todos los años como los partidos de polo, de rugby y algunos challengers de tenis. Mantenemos una agenda viva que está más vigente que nunca.

—En una columna que escribió para Infobae citó una frase ("inventamos o erramos") del filósofo y escritor venezolano Simón Rodríguez, una figura reivindicada por el chavismo y el kirchnerismo. Es raro que lo diga alguien del PRO. ¿Recupera algo de esas identidades políticas? ¿Es un poco "Nac and Pop"?

—(Risas) Sería fácil decir que Simón Rodríguez era kirchnerista. Pero los libertadores de Nuestra América, como Simón Rodríguez, Simón Bolívar o San Martín tienen que ver con las raíces de todos los latinoamericanos. Hubo un intento de los populismos como el venezolano y el argentino de apropiarselos, pero son demasiado grandes para que pertenezcan a un partido. Es más importante seguir el ejemplo, emular los valores que tuvieron nuestros héroes, y no repetir tanto lo que han dicho.

Trabajó como secretario de Felipe Solá durante cuatro años, cuando fue gobernador. ¿Por qué se apartó del peronismo?

—No me aparté, creo que el peronismo se convirtió en cualquier cosa. Eso no hace que haya cambiado de valores o miradas. El PRO es un movimiento que incorpora esa amplitud. Vengo de la política, hice todo el cursus honorum desde que arranqué en el Centro de Estudiantes hasta llegar a intendente de mi ciudad.

¿Cómo era ese activista estudiantil?

—Me tocó una época muy difícil de la Argentina. Fui presidente del centro de estudiantes en la crisis del 2001, con un activismo volcado al trabajo social. Administrábamos un comedor y un merendero en la escuela y tratábamos de darle una mano a muchos compañeros que no tenían ni una comida por día.

"La mejor noticia del PRO es que no existe el macrismo".

Después de todas esas experiencias políticas distintas, se terminó incorporando al macrismo...

—La mejor noticia del PRO es que no existe el macrismo. Pensar en macrismo es no entender el PRO. Es un partido moderno, no un movimiento personalista ni paternalista. La militancia no está esperando la palabra del líder para saber qué pensar. En el PRO hay mucho movimiento crítico, por eso hay mucha gente a favor y en contra del aborto, a favor y en contra del consumo de marihuana.

Esta amplitud que menciona es parecida a la del peronismo.

—El peronismo tiene la necesidad de tener un líder patriarcal, un caudillo. Eso es una diferencia esencial con el PRO. Los argentinos en estas elecciones no buscaron una papá ni una mamá, buscaron un Presidente. Lo que sí compartimos son algunas reglas, como la del principio de subsidiariedad, que permite que el privado se extienda hasta lo posible y el Estado intervenga donde sea necesario. Eso no te convierte de izquierda ni de derecha. En Europa el PRO sería un partido de centro izquierda, no de centro derecha, y en Estados Unidos, se parecería más a los demócratas.

Su juventud es llamativa. ¿Cómo jugó esa cualidad en la campaña? ¿Lo subestimaron?

—Todo el tiempo. Todavía algunos me subestiman pero de a poco va pasando. Haber ganado en un distrito con 16 candidatos a intendentes, en un distrito tan álgido y con toros tan bravos, fue una gran experiencia. Y le pasa ahora a los empresarios que piensan que al pibito se lo comen (risas). Pero tenemos energía para trabajar. En mi equipo de gobierno somos jóvenes profesionales sub-35 que trabajamos entre 14 y 18 horas por día. La mayoría no estamos casados ni tenemos hijos, lo que es un re contra plus (sic) para los que nos gustan estos desafíos. Por eso, cuando asumimos, apretamos play y salimos a comernos la cancha.

¿Se espera de Yeza un nuevo barón del Conurbano?

—(Risas) La verdad que no, algunos por acá dicen que soy como una suerte de Principito. El turco Jorge Asís me dice personalmente "el baroncito". Lo que sí se puede esperar es un intendente que es parte de esta ruptura que se produjo el 22 de noviembre en la Argentina. Quiero que Pinamar se convierta en un modelo de gestión. Nos acostumbramos que el político sea diferente al resto de la sociedad, y a mi me gusta mucho lo que dice el papa Francisco sobre la importancia de ser pastores con olor a oveja.

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