Luego de su célebre entrevista con "Periodismo Para Todos", Martín Lanatta se convirtió en un foco de preocupación para Marcela Otermín, jueza de Ejecución Penal de Mercedes. Un memo enviado a comienzos de agosto a instancias de la jueza por una figura jerárquica del Servicio Penitenciario Bonaerense a las cabezas de la Unidad N°30 de General Alvear indicaba que Martín Lanatta, su hermano Christian y Víctor Schillaci, los condenados por los brutales homicidios del triple crimen de General Rodríguez, debían estar separados del grueso de la población carcelaria, fuertemente vigilados y hasta con cámaras de seguridad. Sin embargo, el memo no decía que debían ser trasladados al área de Sanidad, el sector de enfermería, compartimentado en celdas. Cómo los Lanatta y Schillaci llegaron a Sanidad todavía es impreciso. Y el sector de Sanidad en el penal General Alvear tiene una particularidad bien conocida por sus internos. Una voz que conoce el día a día de la cárcel comenta a Infobae: "La reja puede abrirse desde adentro con un botón. Los presos mismos lo hacen con frecuencia". Una alta autoridad del SPB confirmó el dato: el botón existe.
Así, se revela la primera de muchas debilidades en un dominó que el trío de condenados a cadena perpetua aprovechó para su insólita y sospechosa fuga. El memo del SPB también indicaba que los Lanatta y Schillaci debían ser vigilados, dice una fuente, "por un oficial con un rango no inferior al de alcaide mayor". Se habló previamente de que la custodia había sido aminorada. Efectivamente, dice otra voz dentro del penal, un alcaide mayor los custodiaba, pero días antes de la fuga, el alcaide mayor ya no estuvo: comenzó a reemplazarlo un efectivo del SPB mucho más joven e inexperto, quizá más fácil de amedrentar con un arma de juguete. Quién ordeno esto, todavía está por determinarse. Voces en el Ministerio de Seguridad responsabilizaban al prefecto mayor Manuel Guebara, separado de su cargo tras el hecho. Otros que conocen los pasillos de la Unidad N°30 hablan de jefes y oficiales de guardia. El jefe de guardia mismo del penal ya fue interrogado por la Justicia.
Aunque aparentemente infructuoso para la Justicia, el testimonio del prefecto mayor Guebara, citado por Clarín esta mañana, resulta ilustrativo. Guebara llegó al penal a las 3 AM, poco después de la huida. El oficial declaró: "En la entrada del túnel que conecta al sector de asistencia pude observar que el oficial de servicio del día se encontraba en el piso amordazado y atado de sus manos y piernas". Esas ligaduras, por otra parte, habrían sido hechas con precintos: ¿cómo es que los obtuvieron los reclusos fugados dentro de la cárcel?
La figura del túnel es lo que sorprende de los dichos del jefe carcelario. El túnel es un conducto principal del penal que lleva hacia la salida; un pasillo que sale de Sanidad lleva a transitarlo. Sin embargo, no es lugar para los presos. Una fuente que conoce bien la Unidad N°30 aclara: "Los presos, cuando tienen que ser trasladados a declarar o por cualquier otro tema, no pasan por ahí. Martín Lanatta, en cambio, sí lo hizo". Un testigo afirma haber visto al condenado por el Triple Crimen transitar el lugar para ir a declarar en Tribunales en agosto pasado. Lo habría acompañado, según este testigo, un jefe de seguridad, no del penal, sino del SPB mismo venido de La Plata.
El ya célebre guardia testigo de Jehová en la puerta 1, que por sus convicciones religiosas no portaba armas y debía haber sido el último obstáculo en la huida del trío, es otro eslabón débil en la cadena. De poco más de 30 años, realizaba, nuevamente según una voz que conoce la Unidad N°30, un recargo de seis horas que le correspondía mensualmente. La misma voz apunta: "Sí, justo él. Macanudo, laburador, pero no te toca un arma ni a palos. Y la reja la abre la guardia armada. Suele haber dos, que se rotan para descansar. Debería haber cuatro personas, por otra parte, pero estaba el testigo de Jehová. Y que estuviera ahí lo decidió o el jefe o el oficial de guardia. Hace un recargo una vez por mes. Justo esta noche le tocó el Puesto 1". La fuente apunta que habría habido una arma a disposición del efectivo, si es que hubiese querido usarla a pesar de su religión: una Colt .9mm.
Las quejas abundan en el penal. Con tres sectores, once pabellones y 60 celdas por sector, debería haber ocho vigilantes por sector, además de los apostados a los humos. La realidad es que las guardias nocturnas son al menos escasas, con muchas garitas en los muros desocupadas. Se habla de vigilantes con armas viejas pero sin chalecos antibalas y laxitud con presos con celulares en los bolsillos.
Mientras tanto, los Lanatta y Schillaci siguen sueltos. Más de 600 efectivos de la Policía Bonaerense junto a efectivos de la PFA llevan a cabo una cacería humana contra el tiempo. Los condenados por el Triple Crimen corrían con ventaja, una que alguien en el penal de General Alvear, aparentemente, hizo un poco más fácil.
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