Después de mucho tiempo un caso de espionaje vuelve a escandalizar a la Fórmula 1. Esta vez, los implicados son Mercedes y Ferrari. La escudería alemana denuncia a Benjamin Hoyle, un ex empleado de la firma Mercedes AMG High Performance Powertrains que habría tomado información confidencial antes de pasar al equipo italiano.
Hoyle era uno de los cuatro jefes de ingeniería de rendimiento hasta que decidió desembarcar en Ferrari, donde iba a comenzar a trabajar en 2016. Como anunció su marcha a principios de este año, en Mercedes decidieron que deje de gestionar proyectos de Fórmula 1 y pase a los de DTM (campeonato de turismos).
No sólo que la cambió de departamento, sino que empezó a seguir de cerca los movimientos de su ingeniero, ya que temían que se lleve datos confidenciales a la Scuderia.
A pesar de que le dieron una computadora portátil limpia y sin acceso a la información de la Fórmula 1, y se le restringió el paso a ciertas áreas del cuartel general, Mercedes descubrió que el pasado 24 de septiembre su ingeniero había eliminado documentos que contenían información confidencial.
Tras un exhaustivo análisis informático de su ordenador, también detectaron que había obtenido de los servidores de la escudería contenidos sobre kilometraje, posibles daños de los motores, archivos de algunas carreras y un informe detallado del Gran Premio de Hungría, donde Lewis Hamilton sufrió para salvar el sexto puesto y Nico Rosberg no pasó del octavo.
Cuando Hoyle supo que lo investigaban, intentó borrar cualquier rastro de su teléfono móvil, tableta e incluso discos duros externos. Pero no evitó que Mercedes pida que devuelva todos los documentos y, lo más importante, que no trabaje en Ferrari ni en ningún otro equipo de Fórmula 1 hasta que no termine el próximo Mundial.
"Tanto él como Ferrari habrían obtenido una ventaja ilegal con esta conducta", reclamaron desde la escudería alemana, que inició acciones legales para "proteger su propiedad intelectual".
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Ante las acusaciones, Ferrari desmintió que Hoyle se unirá a su equipo, aunque resulta sospechoso ya que él había anunciado que cambiaría de equipo. "Hubo conversaciones, pero ninguna concluyeron a contrato formal. Él no se va a unir a nosotros en un futuro próximo. No es verdad que estuviese cerca de fichar por nosotros. Lo que hizo le concierne solamente a él y a la compañía para la que trabajaba. No estamos implicados en esto", indicó un portavoz de Ferrari.
La última vez que un escándalo de esta magnitud golpeó a la F1 fue en 2007, cuando Nigel Stepney, ingeniero despechado de Ferrari por no lograr un ascenso, brindó información a su amigo Mike Coughlan, jefe de diseño de McLaren. De aquella conexión por correo electrónico, terminó con una contundente sanción económica de 100 millones de dólares a McLaren, que perdió también sus puntos acumulados en el Mundial de Constructores.
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