No solo los bebés se ponen molestos cuando tienen hambre. Los adultos de todas las edades también. Todo el tiempo. Tener hambre tiende a poner a la gente de mal humor y a la defensiva al punto de que, hace un tiempo, circulaba en internet un meme con un curioso pedido de disculpas: "sorry for what I said when I was hungry" (perdón por lo que dije mientras tenía hambre).
¿Puede un estómago vacío hacer que un ser humano racional pierda el control? Según la doctora Amanda Salis, del Instituto Boden (Universidad de Sidney, Australia), "ponerse agresivos en momentos de hambre es un mecanismo de supervivencia", explicaría al Huffington Post. El mecanismo habría sido pasado de unos a otros, a nivel genético, desde los tiempos de las cavernas, una época en la que "si educadamente nos permitíamos que otros se quedaran con la comida, había chances de quedarse sin alimentos y morir", continúa la especialista, "Así, los individuos más agresivos cuando estaban hambrientos tenían una ventaja para la supervivencia".
El enojo ante el hambre está relacionado con la autopreservación
Ese comportamiento habría quedado embebido en la memoria genética de la especie a tal punto que aún hoy, inclusive cuando la comida quizás esté solo a unos pasos, es inevitable cierta irritabilidad cuando el estómago hace ruido.
Hombre con hambreNo sólo los chicos se ponen molestos cuando tienen hambreShutterstock
Por qué sucede
Según los estudios de la universidad australiana, el sentimiento de ansiedad y la agresividad se despiertan cuando el cerebro percibe una falta de glucosa. El instinto de supervivencia se dispara, considerando que la falta de nutrientes pone la vida en peligro. Como respuesta, el cuerpo segrega adrenalina y neuropéptidos ligados al estrés, a la respuesta ante el peligro. Ante el hambre, el cuerpo se prepara para pelear por comida.
"Aunque el cerebro solo comprende el 2 por ciento del peso corporal, utiliza entre el 20 y el 30 por ciento de las calorías", explicaría en una entrevista el Doctor Brad Bushman, de la Universidad de Ohio, "Para controlar el enojo, el cerebro necesita combustible en forma de glucosa. Es hambre es la señal de que el cerebro necesita más combustible. Y, si se queda sin combustible, le cuesta regular el enojo". De hecho, un estudio liderado por Bushman el año pasado estableció que una baja de glucosa en sangre lleva a las personas casadas a ponerse más agresivas con sus parejas. Considerando el crecimiento de la diabetes tipo 2 en el mundo, estudiar su relación con la hostilidad puede ser clave para una sana convivencia.
"Estudiar estos fenómenos", concluiría la Doctora Salis, de Australia, "ayudará a que la gente coma menos y en forma más saludable, sin por eso ponerse demasiado nerviosa. Las personas a dieta experimentan niveles de enojo mucho más altos que contribuyen a los 'rebotes', a que vuelvan a aumentar de peso luego del régimen".
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