Ayer a las 8:30 de la mañana, según indicó un comunicado del Ministerio de Gobierno boliviano que difundieron medios del país vecino, el empresario José Luis Sejas Rosales quedó detenido tras presentarse en una dependencia policial de La Paz "por una acusación de legitimación de ganancias y tráfico de sustancias controladas" iniciada de oficio en su propio territorio. De este lado de la frontera, la detención fue toda una sorpresa, y un movimiento al menos llamativo. En los últimos meses, Sejas Rosales se había convertido en un nombre irritante para la Justicia argentina.
Infobae se encargó de desarrollar su historia desde mayo último. Hombre fuerte del transporte boliviano, especializado en envíos de camiones cisterna con una flota de al menos 90 camiones declarados por el mismo, Sejas Rosales alardeaba contratos con la YPFB, la petrolera estatal boliviana y vínculos con firmas como Volvo, en rutas hacia Chile y Rosario con el paso por Salta como punto neurálgico. Propietario de la empresa Creta SRL, sus camiones fueron sucesivamente cayendo en diversos operativos, con diversas cantidades de cocaína y precursores químicos ocultos en ellos, el mayor en el paso de Salvador Mazza, con más de 140 kilos. Los choferes eran los únicos en caer presos pero el nombre de Sejas Rosales no resonaba en los expedientes.
Sejas Rosales podría haberse entregado en La Paz para ser juzgado en su país y evitar a la justicia argentina
La Procunar, la división del Ministerio Público abocada al narcotráfico, primero a cargo del fiscal Adolfo Villatte y luego de su colega Diego Iglesias, se encargó de conectar las causas: hasta hoy son 13 en total las investigaciones que lo involucran, con casi una tonelada de cocaína en forma sólida o líquida. La presión judicial para encerrarlo fue inmediata, con sucesivos movimientos. El último fue un pedido de extradición formalizado a Interpol el 28 de agosto último, luego de que el juez federal salteño Julio Bavio dictase la prisión preventiva para el empresario, con un embargo millonario en su contra. Sejas permanecía esquivo.
Lo cierto es que Sejas Rosales se entregó en el marco de una causa iniciada de oficio por la Justicia de su país, al enterarse de lo que acontecía en los tribunales salteños, por fuera del reclamo argentino. ¿Es una jugada del empresario para ser juzgado en su propio país, recibir acaso una posible sentencia más benévola y evitar la extradición que le costaría, según el propio juez Bavio, una condena de al menos 20 años? Esa es una de las posibilidades.
La Procunar, por lo pronto, mantendrá el pedido de extradición y espera datos oficiales de la Justicia boliviana para calcular sus próximos movimientos, según indican fuentes oficiales. Pedirá, efectivamente, que Sejas Rosales sea juzgado en nuestro país.
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