En 2012, me encontraba reuniendo documentación con el propósito de escribir sobre los últimos tres años largos de San Martín en España, un tema casi ignorado, porque todo lo que se ha escrito al respecto son más bien páginas noveladas. En eso estaba, cuando apareció en el primer plano mundial el pontífice argentino. Y tuve que dejar a don José para ocuparme del padre Jorge, hoy Papa Francisco.
¿Qué hizo el Libertador después de participar en la batalla de Bailén en junio de 1808 hasta noviembre de 1811?
Una enfermedad –que luego se reprodujo en 1816 y en otras ocasiones- lo retuvo alejado de cualquier actividad durante diez meses. Los siguientes los pasó en Cataluña, en el 2º Ejército español que en aquella estratégica región mantenía frenados a los franceses.
Volvió a Sevilla y a principios de 1810 marchó a Extremadura, integrado en la plana mayor del Ejército de la Izquierda.
En Extremadura tuvo una participación directa en el combate de Cantalgallo, al ser enviado en una descubierta para informar al Estado Mayor acerca de cómo se disponían a enfrentar las tropas españolas a las francesas, en unas condiciones tácticas de inferioridad. Así sucedió efectivamente.
1810 fue vital en experiencias militares, políticas y humanas, que luego aplicaría en América a partir de 1812
A fines de ese año pasó a Portugal, donde Wellington se preparaba para la batalla decisiva contra el emperador Napoleón, que se disponía a arrojar a los ingleses al mar para dominar todo el continente europeo.
Conoció a Wellington y con él a William Beresford y a Robert Craufurd, que habían estado en el Rio de la Plata.
El año 1810 fue vital en sus experiencias militares, políticas y humanas, que luego aplicaría en América a partir de 1812.
Viajó a Cádiz en 1811 y a partir de entonces, en los meses siguientes, su pensamiento estuvo ya dedicado sólo a lo que sería su gran destino histórico: contribuir a la independencia de su Patria y la libertad de Chile y Perú. El 11 de noviembre embarcó con destino a Londres, haciendo una escala en Lisboa, donde Stuart, que actuaba de hecho como una especie de virrey o máxima autoridad civil en Portugal (Wellington era la máxima autoridad militar) le dio cartas de presentación ante las autoridades británicas.
Acabo de consignar aquí el guión de esos tres años finales en la Península Ibérica. Y de brindar a los lectores unos cuantos datos de su biografía que no figuran en los textos conocidos.
En sus años de exilio hizo algo más que cuidar el jardín y jugar con sus nietitas en Gran Bourg
Los siguientes doce años, los fundamentales de la vida del Libertador, han sido exhaustivamente estudiados y conocidos. Luego, ya se sabe, 1824, su regreso a Europa, la Gran Bretaña primero, los Países Bajos después hasta que nació el reino de Bélgica, y finalmente sus últimos quince años en Francia. Sobre este período de exilio también he indagado y parte de ello lo volqué en mi libro Historia de una amistad. Alejandro Aguado y José de San Martín (Ed. Claridad 2011).
Cumplida mi indagación llena de sorpresas de lo que fueron aquellos años, en los que hizo algo más que cuidar el jardín y jugar con sus nietitas en Gran Bourg, que era una aldea a 30 kilómetros al sur de París, ahora espero tener suerte en mis búsquedas en archivos de España y Portugal, y poder profundizar en un período decisivo en la vida del Libertador, aquel en el que se encuentran las raíces de lo que luego haría en la Patria Grande americana.
Y espero ser capaz de contarles a ustedes, como he podido hacerlo con la vida de otro gran argentino universal, el Papa Francisco, la trayectoria de nuestro Libertador en esos tres años y medio que van de la batalla de Bailén hasta el día que abordó el barco camino a Londres.
Periodista e historiador. Su último libro es Las raíces argentinas del Papa Francisco (Distal 2015)
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