Hipnotizados todos por los avatares de la campaña electoral, la noticia más importante del momento ha quedado relegada. Sin embargo, desde las sombras, nos hace sentir su peso: la bolsa argentina comenzó su caída, las presiones a una devaluación crecen y la pregunta es si la debacle vendrá antes o después de octubre.
¿Qué es lo que hemos descuidado? La caída del primer exportador e importador mundial, del país que ocupa, él solo, el 25 % del comercio internacional: China, nuestro principal socio comercial. Entre junio y julio de este año las bolsas de Shanghái y Shenzhen sufrieron un desplome de entre el 30 % y el 40 %, esto es, más de 3,5 billones de dólares. La magnitud de las pérdidas es comparable a casi todo el PBI de Alemania. Vaya el lector sacando cuentas.
Una mirada superficial puede señalar que el PBI del país oriental ha crecido: la bolsa y cierto consumo han trepado a cifras importantes. No obstante, el problema para el capital no es cuánto se crece, sino a qué velocidad. En ese sentido, el ritmo del crecimiento del PBI ha caído estrepitosamente, superando la caída de 2009 y perforando niveles históricos. Si tomamos el PBI agrario e industrial como índice de la llamada "economía real", veremos que ambos vienen descendiendo y este año cayeron hasta el piso histórico.
Pasemos ahora al comercio exterior: tanto las importaciones como las exportaciones de China vienen cayendo en forma constante desde mayo del año 2010. Lo mismo puede decirse de la inversión en activos fijos, que este año llegó a su peor cifra desde el año 2000.
Ahora bien, ¿cómo es que puede expandirse el sector financiero y cierto consumo interno en un contexto que parece más bien recesivo? ¿Cómo es que, a pesar de lo que parece ser una caída en la tasa de ganancia (eso explicaría la mayor renuencia a invertir), los capitales parecen expandirse?
La respuesta es sencilla: los capitalistas se endeudan. Se emiten bonos, se fabrica dinero sin respaldo, se anuncian paquetes de ayuda a las empresas... Todo eso que llamamos, técnicamente, capital ficticio. Si observamos el grado de emisión monetaria, vemos que, a pesar de la caída del crecimiento de la producción, desde el 2009 se duplicó el ritmo de emisión. Pero hay más, China está endeudada a niveles históricos. Es el cuarto país con mayor deuda, según su PBI, detrás de Estados Unidos, Grecia y Portugal. En algún momento, alguien pide lo que se le promete y la burbuja estalla...
Ahora bien, ¿por qué China pierde competitividad y se endeuda? Porque el capital chino está perdiendo lo que era su particular ventaja: los bajos costos laborales. El salario en China ha venido en aumento en los últimos diez años. Si los empresarios chinos quieren competir mejor, deberán llevar las condiciones de vida de su población a niveles más bajos aún, lo que le valdrá abandonar su estrategia mercado-internista y enfrentar verdaderos conflictos sociales.
Como vemos, no se trata de un problema de psicología de los inversores, ni de las finanzas contra la producción. Las caídas son porque se acumula demasiada deuda. Las deudas vienen a suplir el faltante de ganancias y las ganancias faltan porque se produce más de lo que se puede realmente vender. ¿Por qué se produce de más? Justamente porque cada capitalista no va a resignar mercado, eso sería resignar ganancias. En definitiva, la crisis económica es la crisis de una economía atada a la ganancia de los empresarios. Para cualquier ser racional, la solución sería producir organizadamente. Para los empresarios, la solución es desplazar a los capitales sobrantes y bajar los costos laborales.
China es el primer exportador a los Estados Unidos y su primer importador. Representa el 20 % de las importaciones yanquis y el 8 % de sus exportaciones. Pero lo que importa es el mecanismo: China le compra bonos del Tesoro norteamericano y, con esa plata, Estados Unidos le compra a China. Es decir, se expanden compras ficticias a cambio de papelitos (bonos) con valor dudoso y decreciente. La crisis puede desbaratar esta ficción y desatar un serio conflicto para ver quién paga por esa pantomima. Estados Unidos verá mermadas sus exportaciones y seguramente recurrirá a profundizar el mecanismo que empujó a China al precipicio: la devaluación del dólar y con ella, la de las diferentes formas de reservas que tienen los países orientales.
En los países latinoamericanos, el tobogán de los precios de los commodities provocará caídas importantes en sus fuentes de divisas. Ya lo estamos viendo: la caída del consumo de energía provoca una crisis en Brasil. Un caso particularmente grave será el de Chile: el desplome del cobre (insumo industrial) le quitará financiamiento a una economía muy chica. Quiebras, devaluaciones y crisis políticas es el futuro inmediato del continente. Un torbellino del que la Argentina no saldrá indemne.
Fabián Harari es doctor en Historia e investigador del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales
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