marcó como ningún otro las
. Compuesto esencialmente por
que se rehusaban a adaptarse a los moldes
de la sociedad occidental, buscaba la paz mundial y, sobre todo, liberar al ser humano de todas las ataduras que ponían
.
Con estas premisas en mente, miles de ellos se alejaron de las grandes ciudades y formaron pequeñas comunidades en distintos lugares perdidos a lo largo del país. La idea era vivir al margen de la economía formal y de las reglas sociales vigentes en ese momento.
Nadie trabajaba, salvo para cultivar la tierra y conseguir lo mínimo indispensable para la supervivencia. El resto, consistía en dedicar la vida entera al ocio y la satisfacción del deseo.
Cuando no hacía frío, casi todos andaban desnudos, y tenían sexo grupal o en parejas no preestablecidas. También se drogaban. Y mucho.
El "Campo Taylor", fundado en 1969 en la isla Kauai, la cuarta más grande del archipiélago de Hawaii, fue probablemente uno de los experimentos más representativos de este movimiento. Lo formaron jóvenes en busca de diversión, veteranos de la Guerra de Vietnam y prófugos de la Justicia.
Vivían al margen de todo, en casas precarias, construidas debajo y sobre los árboles que se extendían entre la playa y la jungla.
¿Cómo comenzó todo? Howard Taylor, hermano de la célebre actriz Elizabeth Taylor, era el dueño del terreno. Quería edificar, pero las autoridades hawaianas no se lo permitían. Frustrado ante esta imposibilidad, decidió vengarse de ellas.
Pagó la fianza de 13 hippies que habían sido arrestados por vagancia y delitos menores, y les ofreció su propiedad para que se asentaran allí sin pagar un solo dólar. Taylor los dejó instalarse y se fue.
Ocho años después, el "Campo" se había convertido en un verdadero pueblo, hecho a la medida de los valores del movimiento. En su momento de esplendor, llegaron a vivir allí 120 personas.
Pero la utopía no duró mucho. En 1977, las autoridades locales decidieron construir un parque público. Desalojaron el predio y prendieron fuego las casas.
Antes de que todo terminara, el fotógrafo John Wehrheim había pasado cinco años en la comunidad, registrando la vida de sus integrantes.
Cuatro décadas después, publicó Taylor Camp, un documento fotográfico y testimonial ineludible para comprender una época que marcó a los Estados Unidos y a Occidente.
Allí cuenta que, lejos de ser un paraíso, era un lugar en el que muchos iban a ejercer violencia y a vivir a costa de otros. Y algunos de los que no, terminaban con serios problemas producto del consumo desenfrenado de estupefacientes.
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