¿Penales?: atrapados en el absurdo dramatismo de lo irrelevante

Por Germán FermoSomos una nación que alguna vez se ubicó top ten en el ranking del mundo. Hoy pagamos tasas de interés mucho más elevadas que nuestro vecino Chile. Esos son los únicos partidos que importa ganar

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 Telam 162
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"Si tienes un sueño y de verdad crees en él, corres el riesgo de que se convierta realidad"

(Walt Disney)


Tuiteaba el sábado: "¿Penales?: Chile 30yr. rinde aproximadamente sub-4%, nosotros a 2yr. superamos 8%. Esos son los únicos partidos que importan ganar, el resto es gilada 100%". Probablemente ahora dedicaremos una parte importante de nuestro tiempo a defenestrar al Tata Martino, al Pipa Higuaín, seguramente Messi no escapará a comparaciones obvias y muchos otros jugadores de fútbol caerán en la volteada como si ganar o perder un simple partido pedorrón le cambiase la vida a alguien, con excepción de los protagonistas. A los que frustradamente exclamanperdimos les pregunto: ¿cuántos goles te hicieron o cuántos penales erraste? Somos una nación que alguna vez se ubicó top ten en el ranking del mundo y que hoy en día no logra que su deuda soberana cotice ni siquiera mejor que la del Congo Africano, y lo digo con todo respeto. Hace muchas décadas que nos convertimos en una máquina perfecta de perder los partidos que importan y de enfatizar solamente las derrotas irrelevantes.

Los argentinos olvidamos preguntarnos: ¿Por qué No? Se me hizo muy difícil escribir la nota de hoy, los dos pilares básicos que atrajeron mi atención últimamente, elecciones argentinas y potencial default griego, sencillamente me tienen tan aburrido que han aniquilado mi inspiración por completo, ingrediente clave para escribir. A esto se le suma escuchar la interminable y abrumadora secuencia de mediocridad política que debo padecer cotidianamente sólo por vivir en esta bendita tierra del sur. Vivimos en un país de tristes, en una nación que perdió su capacidad de enamorarse de una idea y de plantearse que todo es absolutamente posible si hay convicción y sacrificio ilimitado y que cualquierstatus-quo es desafiable. Pero quizá en esta falta de inspiración aparente nació precisamente la motivación para mi nota de hoy. Les propongo entonces otro viaje al terreno de lo paranoico, aquí vamos:

Largo plazo, ¿cuál largo plazo? ¿Qué queda de una sociedad si perdimos nuestra capacidad de inspirarnos? ¿Qué queda de una nación si resignamos nuestra chance de imaginarnos un futuro distinto y bancarnos el riesgo a lo desconocido? ¿Qué queda de una oposición política que por miedo a perder resigna su capacidad de sorprender e ilustrar? ¿Qué queda de una ciudadanía que por miedo a la sinceridad de un ajuste eventual se queda con lo que tiene sin cuestionarlo? ¿Qué queda de un país si perdimos la adrenalina de desafiarnos? ¿Qué nos queda si la obviedad redundante del corto plazo nos subsume al punto tal de no poder mirar más allá de nuestro ombligo propio? ¿Qué queda de nosotros, los argentinos, si sólo hablamos del blue, del déficit fiscal, de la inflación, de los holdouts y de fútbol? Nos convertimos en una nación de explícitos y en este proceso perdimos la sutileza de seducirnos con una idea que ex-ante resulte inalcanzable.

Hace muchas décadas que nos convertimos en una máquina perfecta de perder los partidos que importan

La redundancia de lo explicito versus la complejidad de lo implícito. Y no digo que estos temas sean irrelevantes pero no hacen al concepto de nación a largo plazo, una república se forja con ideas grandes y lo único que discutimos es chiquitaje cortoplacista, lo explícito coyuntural siempre delante de lo implícito secular. Lisa y llanamente, los argentinos perdimos nuestra capacidad de debatir el largo plazo y al hacerlo hemos resignado nuestra chance de imaginar y sentar las bases que hacen grande a una república. Ignorar el largo plazo sencillamente es no tener sueños, es no poder imaginar qué país decidimos dejarle a la generación que viene, a la cual debiéramos rendirles cuenta. Nos convertimos en una nación obvia a la que sólo le llama la atención la facilidad de lo explícito, pero en esa actitud perdimos la capacidad de valorar lo implícito, lo que no se ve, lo que hay que imaginar, lo que más cuesta.

Siempre atrapados en el corto plazo. El chiquitaje coyuntural es una formidable herramienta para quienes quieren evitar la discusión de las cosas que verdaderamente importan: en la distracción precisamente está la omisión de lo relevante. Tengo la sensación de que los argentinos vivimos preocupados por cosas que si bien nos afectan muchísimo en el corto plazo, son absolutamente irrelevantes para el largo. Y en este entorno de una nación condenada a la distracción permanente me pregunto si alguna vez nos daremos la chance de seducirnos no con subsidios y zapatillas regaladas sino con un mensaje, con una idea, con nuestra endógena capacidad de enamorarnos de un concepto sin temerle a su dificultad y sin choripanearnos con el discurso. Me resultaría grato observar a este país recuperar la sutil capacidad de escribir un nuevo párrafo en nuestra historia y de plantearnos objetivos ex–ante inalcanzables, mediante una renovada cuota de imaginación y de saber que lo posible o imposible sólo depende de nosotros, liberándonos definitivamente de la agobiante obviedad de la zapatilla y el choripán.

¿Y si al mercado se le va la inspiración? Que no les quepa una sola duda que un mercadodesinspirado es un mercado en bear-mode. Toda la adrenalina con la que los ADRs argentinos "tradearon" desde las PASO 2013 ya es historia y cuidado, porque un Wall Street desinspirado con Argentina es un mercado que seguirá castigando las yields de los bonos en dólares para un país que lisa y llanamente no podrá eludir la fuente de financiamiento externa, por lo que necesita a rajatabla reducir su costo de financiamiento. Controlá un precio, la tasa de interés, y controlarás a todos. Argentina necesita una curva de yields 300BPS por encima de Treasuries, es posible y ganaría el país todo, es cuestión de que alguna vez en lugar de morderle los talones al mundo entero lo seduzcamos. A la curva de yields hay que cuidarla y seducirla, el resto lo hace ella sola y si no queda claro recuerden cómo Ben Bernanke sacó a la economía americana de la recesión a fuerza de curva de yields. Sacar a la Argentina de su encrucijada actual necesariamente implica, entre otras cosas, una estrategia de curva de yields de la que nadie está hablando otra vez, lo explícito delatante de lo implícito, el choripán delante del champán, un clásico tan argentino como el dulce de leche.

Cuando lo implícito está pensado sólo para ser sutilmente percibido. Esta nota bien puede resumirse como la resignada reflexión de un ciudadano respecto a una nación distraída que sólo tiene capacidad para mirar su propio ombligo, que quedó atrapada en la inútil redundancia de lo coyuntural, de lo meramente evidente y anecdótico y que en el proceso perdió su capacidad de imaginar y desafiarse. Qué redundante y aburrido resultaría vivir en modo explícito todo el tiempo, sin inspiración personal, habiendo perdido la motivación de robar una emoción sólo a través de la inteligente y elaborada complejidad de lo implícito, de lo que no se ve, de lo que fue pensado sólo para ser sutilmente percibido. Las frases más profundas, las que más llegan, son las que paradójicamente fueron concebidas para ser dichas sin decirlas, para ser escritas sin redactarlas, teniendo como único ingrediente un gesto, un touch, una mirada de quien las genera. Son aquéllos párrafos no escritos, delineados a partir de la cómplice sensibilidad e ineludible sutileza de quien los lee sin leerlos, de quien comprende rápidamente que la apariencia es irrelevante y que todo mensaje requiere no sólo de la imaginación creativa de quien lo genera sino de la indispensable participación de quien lo recibe quien en última instancia, define su contenido. En este mundo de lo implícito, la esencia de un decir siempre es endógena a la intuición del receptor quien termina siendo su creador final. Qué elocuente resulta por momentos saber que no hace falta explicar que detrás de la abrumadora obviedad de lo evidente yace el verdadero mensaje y permitirse ser implícito sin sentir la obligación de aclararlo sabiendo que hay un cómplice café irlandés una y 23 veces más, siempre presente y dispuesto a descifrarlo.


(*) Germán Fermo. Ph.D. in Economics, UCLA, Máster en Economía CEMA. Actualmente se desempeña como Director de MacroFinance y como Director de la Maestría en Finanzas de la Universidad Torcuato Di Tella.


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