Con una impronta que rompe con la imagen del típico político argentino, Iván Petrella, licenciado en Relaciones Internacionales, docente y, desde hace un año, legislador en la Ciudad de Buenos Aires, se posiciona como uno de los nuevos referentes del partido de Mauricio Macri.
Su primer paso en política lo dio gracias a un grupo de amigos que militaba en el PRO; entre los viajes que realizaba para visitar la Argentina, fueron ellos quienes le contagiaron el entusiasmo por volver y trabajar para el país desde el ámbito público.
Después de un año de licencia, finalmente renunció a su cátedra vitalicia en la Universidad de Miami, se incorporó a la fundación Pensar y fue cabeza de lista en las últimas elecciones legislativas. Su experiencia y mirada del país, la plasma en este nuevo libro, titulado "Que se metan todos. El desafío de cambiar la política argentina". "Volví para aportar mi granito de arena", afirma con entusiasmo.
Es una gran frase en la que está resumida el mensaje del libro, en el que considero que la gran transformación que necesita la Argentina es la transformación de su clase dirigente. Necesitamos, por un lado, o políticos distintos o políticos que cambien la manera de hacer política. El gran desafío de fondo es involucrarse, y es ahí donde se relaciona con lo de Adenauer: "Si no te metés vos en la política...". Para algunos podrá ser desde la política partidaria, para otros, será tener mayor cuidado y atención con lo público. Te empezás a dar cuenta de que las decisiones más importantes las empiezan a tomar otras personas por vos, y no necesariamente tienen en mente tus mejores intereses cuando toman esas decisiones.
Es el sentimiento que está surgiendo en gran parte de la ciudadanía y que explica la marcha del año pasado, la marcha reciente que tuvimos ahora. Pero es cierto, en las crisis de 2001 tuvimos este grito angustiado y desesperado, "que se vayan todos". Pero
; lo cual no sorprende, porque si no se fueron los responsables anteriores, si siguieron haciendo política de la misma manera, ¿cómo podemos esperar resultados distintos? El desafío de esta generación, en el sentido no de la edad, sino de pensar los valores, es la tarea de crear una política distinta que va a hacer posible un país distinto.
-El libro abarca muchas problemáticas de nuestro país. ¿Cuál pensás que es fundamental discutir de cara a lo que viene?
Hay tantos temas... Es un libro que trata temas coyunturales, por ejemplo la violencia, la inclusión social y las villas de emergencia, la educación, el desafío de cómo reconciliar un país todavía dividido por la memoria de los setenta. Son todos temas de la agenda, que los abordo no desde una óptica coyuntural, sino de mediano plazo, para intentar salir del barro de esta coyuntura argentina que nos aplasta tantas veces. A mí uno de los capítulos que más me gusta es el que tiene que ver con las villas de emergencia, y ahí lo que hago –como en los otros capítulos– es incorporar una experiencia de otro país que nos puede enseñar un poco y dar otro enfoque a nuestra realidad. El ejemplo es Medellín, Colombia, que logró en cincos años reducir el rol del narcotráfico en el sistema político y, por ende, la violencia en la sociedad también. Hay casos muy puntuales que se podrían aplicar a la situación argentina.
La democracia es mucho más importante que el modelo y lo abarca todo. Esto es muy importante, el kirchnerismo es un gran culpable de todo esto. Pensamos en la democracia solamente como un mecanismo para elegir gobernantes, algo que pasa cada cuatro años, y la democracia es mucho más que eso. La democracia es una manera de relacionarse con el otro en el espacio público común que nos toca compartir todos los días. La democracia implica no solamente respeto por la ley, división de poderes, transparencia estatal, buena gestión, también implica respeto por el otro y por las opiniones distintas de aquel, porque eso es lo que permite la democracia: convivir con el distinto en un marco común; y eso es uno de los desafíos que nos quedan pendientes desde la vuelta de la democracia en 1983 y uno de los ejes transversales que recorren los capítulos del libro.
Ése es otro gran desafío que para mí es tremendamente importante, porque una de las cosas que necesita el país es gente nueva con valores distintos que se meta en la política. Si pensamos que "son todos ladrones", entonces no se mete nadie. ¿Quién se quiere meter en ese ambiente y quedar catalogado por el prejuicio que existe? Yo estoy en política hace no tanto, cumplí mi primer año en la Legislatura porteña, en el libro también hablo de mi experiencia.
Tenía una cátedra con puesto vitalicio, pero la verdad es que tenía ganas de venir a la Argentina, el país donde quiero vivir. Tengo a mis viejos, mis amigos, mi familia, siento que mi futuro está acá, y entonces quería aportar un granito de arena a ese futuro también. Tenemos que empezar a poder distinguir, porque hay muchísimos políticos –lo sé por experiencia propia– que trabajan con muy buena voluntad, que no se les ocurriría nunca cobrar una coima y que trabajan solamente pensando en el bien público. O sea que si uno decide involucrarse, vas a encontrar gente con la cual poder trabajar.
Creo que esto muestra lo que ha sido el PRO desde su nacimiento, siempre ha sido un espacio frentista. Tenemos radicales, peronistas, personas como yo que entraron a la política sin tener militancia partidaria previa, y la idea es que hay que unir y no dividir. El límite está en la ética, la transparencia y la voluntad de construir un país a futuro; gane quien gane, seguramente tendrá que gobernar con cierta coalición y, por ende, nosotros estamos dispuestos a dialogar con toda persona que venga con buena fe y que tenga una visión de país que se base en trabajar por el bien de todos los argentinos. Porque en la Argentina que se viene vamos a necesitar de todos. El desafío es muy grande.
El desafío es la democracia. Si uno piensa que el gran problema de la Argentina no está en la economía, el cepo, el dólar, ni siquiera en las economías regionales, todos esos son problemas, pero no el "gran" problema. El "gran" problema es lograr tener gobernantes que con su conducta logren mostrar una coherencia a largo plazo, de buena gestión, ética y transparencia y capacidad de diálogo, y entre esos tres candidatos, el único que lo demuestra es Mauricio Macri. Porque los demás fueron parte de los últimos años y no pueden mostrar esa coherencia. Y lo que necesitamos es un líder que, con el ejemplo, convoque a todos a trabajar por un país distinto.
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