Los lineamientos generales del 6to. Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) definieron que "el sistema de planificación socialista continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional". En otras palabras: el mercado no la reemplazará.
No obstante, la realidad se abrió paso: el sistema, "a su vez deberá transformarse en sus aspectos metodológicos y organizativos, para dar cabida a las nuevas formas de gestión". Entre ellas, además de la empresa estatal socialista –dominante de la economía en la isla– se enumeró: "Las empresas de capital mixto, las cooperativas, los usufructuarios de tierras, los arrendadores de establecimientos, los trabajadores por cuenta propia y otras formas que pudieran contribuir a elevar la eficiencia del trabajo social".
Desde 2011, cuando se celebró ese congreso del PCC, se ha producido un aumento del cuentapropismo, en general en rubros de baja calificación: aguador, boyero, cerrajero, cobrador, cuidador de enfermos y ancianos, gestor de viajeros, planchador, parqueador de bicicletas, diversas clases de profesores y diversas clases de reparadores (de bastidores de cama, de baterías automotrices, de cocinas, de máquinas de coser, de paraguas y sombrillas) dada la imposibilidad de renovar los bienes en los hogares.
También los técnicos y los profesionales se han podido unir en pequeñas empresas de producción y servicios. A las cooperativas agrícolas (únicas autorizadas en el pasado) se sumaron las no-rurales. Por último se amplió el régimen de usufructo para trabajar tierras ociosas.
Todas estas formas de trabajo independiente permiten contratar cierta cantidad de trabajadores y ser proveedores, de organismos estatales y, tras las nuevas normas del Departamento del Tesoro y del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, también de empresas e individuos interesados en comerciar con la isla.
La apertura al cuentapropismo, en realidad, reconoció la existencia de una economía subterránea (al menos, legalizó algunas actividades; otras son delictivas en cualquier lugar del mundo, como inventar: robar al Estado) y delegó a los individuos el proceso de actualización y mejora de productividad necesario tras décadas de carencias de recursos y obsolescencia tecnológica.
Según un estudio de 2011 (Changes Como To Cuba, de Freedom House) el 63 por ciento de los cubanos aprobaban las reformas. La oposición, por otra parte, lo vio como una manera de suavizar la supresión gradual de 500.000 puestos de trabajo estatales, y que tuvo un impacto pequeño o nulo en el crecimiento económico. Infobae consultó las opiniones de tres expertos.
A Sebastián A. Arcos, director adjunto del Instituto de Investigaciones Cubanas de Florida International University (FIU), le pareció algo elemental: "Desde luego que la mayor parte de la gente aprobó estas reformas, incluida la oposición. Estas reformas resultaron obvias y de sentido común para cualquiera que no sea un ideólogo".
En su mayoría, observó "legalizaron transacciones que habían sido parte del mercado negro durante décadas". Se sumó a los críticos: "La oposición sostenía que las reformas eran más apariencia que sustancia, y estoy de acuerdo. Estas reformas les han facilitado la vida a algunos cubanos, pero no se espera que promuevan el crecimiento económico que es lo que el país necesita".
Marifeli Pérez-Stable, profesora de Estudios Globales y Socioculturales en la Escuela de Relaciones Internacionales y Públicas de FIU, dijo que ese apoyo revela una crítica al pasado: "El pueblo aprobó las reformas porque las iniciativas de Raúl Castro marcaban un distanciamiento de su hermano".
Como ella, la profesora Silvia Pedraza, del Departamento de Sociología y el de Cultura Americana en la University of Michigan (UM), recordó: "Fidel Castro siempre ha pensado que por esas cositas pequeñas, el cuentapropismo o las reformas agrícolas para los agromercados, por ahí va a entrar el capitalismo". Raúl castro, en cambio "siempre ha pensado que si se mejora la vida económica del pueblo, eso les permite a ellos permanecer en el poder". Por eso, aunque las visiones de los hermanos se opongan, "nunca se ha tratado de reformas políticas: son reformas económicas".
En su opinión las remesas no aportarán el crecimiento económico como forma de capitalizar un negocio pequeño. "Los economistas que las han estudiado, no sólo en el caso cubano, sino en toda Latinoamérica, observan que las remesas van para el consumo social, el de la familia", dijo. "En Cuba, un dólar se traduce en 22-25 pesos cubanos, y 25 dólares al mes es el sueldo promedio de un profesional bueno; entonces cuando uno manda 100 dólares está mandando el salario de cuatro meses. Eso básicamente ayuda a que pueda comer un poquito mejor, vestirse un poquito mejor, tal vez reparar el calentador de agua, y comprar en una tienda que vende en CUC".
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