El histórico triunfo de la izquierda en Grecia, desde adentro

La aplastante victoria de Syriza, el partido populista que rechaza las medidas de austeridad impuestas por la Troika, provocó un verdadero terremoto en Europa. Desde Atenas, Alejandro Bodart, referente de la izquierda local, narra para Infobae los detalles de la jornada electoral

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 AFP 163
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Cuando miles y miles de trabajadores, jóvenes y sectores medios se reunieron el domingo 25 a la noche en la antigua Plaza Klafzmonos de Atenas a festejar el triunfo de Syriza y a escuchar a su líder, Alexis Tsipras, ver esos rostros de emoción me confirmó que vienen vientos de cambios. Y no sólo de cambios para la misma Grecia -país que marcó huellas en la civilización antigua y moderna-, sino que hoy esta victoria histórica de una nueva izquierda conmueve a Europa entera y es esperanzadora para los pueblos del mundo. En la concentración masiva me asombró la presencia de muchos españoles, militantes y simpatizantes de Podemos.


Habiendo obtenido más del 36 por ciento de los votos y 149 diputados, Syriza ganó ampliamente las elecciones y, tras un acuerdo con el Partido Griego Independiente, Tsipras fue nombrado primer ministro, encabezando el nuevo gobierno. Mi amigo Costas Isychos, nacido en Quilmes y miembro de la conducción de Syriza, fue nombrado viceministro de Defensa. Fue una gran alegría volver a verlo junto a su familia y oír ese acento "argento" que no ha perdido.


Estamos ante un giro político enorme, porque el de Tsipras y Syriza será el primer gobierno de Europa que rechaza el brutal plan de austeridad dictado por la "troika": la Comisión de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI. Con la alemana Angela Merkel a la cabeza, todo el establishment capitalista europeo y mundial seguirá buscando doblegar a Grecia. Pero los banqueros y poderosos temen esos vientos que se extienden por toda Europa, en donde nuevas alternativas plantean ajustar a los de arriba para resolver los problemas de los de abajo. Así el pueblo griego dijo ¡basta de ajuste! y llevó a Syriza al gobierno, que sin duda enfrentará contradicciones, presiones y desafíos.


Tal como lo había hecho en el 2012, para estas elecciones viajé otra vez a Atenas invitado por la conducción de Syriza para llevarles a esos amigos de muchos años todo el respaldo político y personal de nuestro MST-Nueva Izquierda. Con Tsipras, Isychos y muchos otros compañeros de Syriza compartí actos de campaña en los suburbios de Atenas, almuerzos, reuniones, la tensa espera de los resultados en el búnker y el acto triunfal a la noche del 25.


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En el suburbio de Nueva Filadelfia, por ejemplo, donde estuve el viernes 23, el alcalde de Syriza es quien encabeza la lucha contra un estadio que pretenden instalar en un parque público. Dicho sea de paso, terminé la noche compartiendo unos amables tragos junto a los embajadores de Cuba y de Venezuela. El sábado 24 Tsipras quiso repetir la cábala de la elección anterior y junto a otros compañeros nos fuimos todos a almorzar al mismo restaurant, a pocos pasos de una zona muy simbólica: el Ágora.


En medio de la crisis capitalista global, el ejemplo de Syriza y el de Podemos en España -que se probará en la elección de mayo próximo- demuestran que la izquierda, si es abierta y se une, puede ser opción de gobierno. Syriza es una coalición radical de izquierda que nuclea a más de una docena de agrupaciones de diversa tradición y perfil, que ponen por delante sus coincidencias sin por ello ocultar las diferencias. Así lograron, en muy pocos años, enfrentar a toda la vieja política, dejar atrás el lastre de la vieja izquierda sectaria y crecer de unos escasos puntos a ganar el gobierno.


Además de esa nueva cultura de izquierda en donde saben convivir con divergencias, otro dato llamativo de Syriza es la confluencia de generaciones. Allí militan desde las viejas camadas de luchadores de toda la vida, como el héroe anti-nazi Manolis Glezos, que tiene 92 años y actualmente es eurodiputado, hasta cientos y cientos de jóvenes estudiantes con toda su pasión y rebeldía.


La victoria de Syriza nos reafirma en nuestro proyecto de construir en la Argentina una nueva izquierda unitaria y no dogmática; un gran movimiento donde en base a un programa por cambios de fondo confluyamos toda la izquierda política y social. Los sectarios incurables, como Jorge Altamira y el FIT, atacan a Syriza porque nunca nada les viene bien salvo ellos mismos. Es al revés: hay que construir una izquierda moderna y amplia para disputar de igual a igual con la vieja política y ser opción de gobierno.