Como todos los miércoles,
se sirvió su café, leyó
, chequeó y respondió algún e-mail, intercambió frivolidades por WhatsApp y se preparó para la reunión semanal para determinar el sumario del próximo número de
.
es periodista y sabe que todo lo planificado hasta el momento en que irrumpieron los extremistas no servirá de nada.
.
Vinson sobrevivió al ataque terrorista. Contó que los fundamentalistas islámicos le "salvaron la vida" porque era mujer. Pero que le ordenaron cumplir con mandatos del islam. En diálogo con Radio France Internationale, la periodista contó que uno de los hermanos islamistas puso un revólver sobre su cabeza, pero decidió no ejecutarla. ¿Piedad? ¿Humanidad? No. Sólo un reflejo del machismo intolerante del fundamentalismo: le ordenaron que a partir de ese momento en más debería cubrir su rostro. Usar velo.
"Yo no te mato porque tú eres una mujer y nosotros no matamos mujeres. Pero debes convertirte al islam, leer el Corán y vestir velo", le dijo uno de los terroristas mientras continuó con su tarea: asesinar con su fusil AK-47 a los demás colegas de Vinson. La mujer, evidentemente consternada y en shock -como todo Francia- dijo que la huída de los islamistas fue al compás de un alarido: "¡Allahu Akbar!", "¡Alá es Grande!".
Otro de los supervivientes de la escena de terror fue su colega Laurent Leger, otro periodista. Ironías del trágico destino. Al tiempo que imaginaban el próximo capítulo humorístico de Charlie Hebdo, y mientras las risas hacían eco en la redacción por la ocurrencia de los presentes, todos creyeron que la irrupción de dos hombres totalmente vestidos de negro, con sus caras ocultas y dos armas de fuego, también se trataba de una puesta en escena cómica.
"Creíamos que era una broma, que eran petardos", contó Leger. Incluso, al oír los estruendos asesinos muchos reían, creyendo que todo se trataba de una mentira. Hasta que la sangre comenzó a fluir y a inundar el piso de madera. "Después escuchamos pasos. La puerta se abrió. Un hombre gritó 'Allahu Akbar'", agregó el periodista testigo directo de la pesadilla. "Gritaron el nombre de Charb (Stephane Charbonnier, editor en jefe), sí. Pero después de eso comenzaron a disparar al grupo". Leger reconstruyó ese momento cúlmine de su vida: saltó detrás de una mesa para ocultarse y "escapar de los ojos" de los terroristas.
Luego de esa feroz balacera, uno de los terroristas le dijo a otro que creía que habían matado a todos, salvo a la mujer, en referencia a Segolene Vinson.
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