La autora es Maestra Normal Nacional (Esc. Normal Nª 8 "Julio A.Roca"), ejerció como docente de grado de 1978 a 2010
Un reencuentro con mis compañeras de la Escuela fue la ocasión para evocar viejos tiempos y vivencias compartidas, y para emocionarnos comentando qué grupo de docentes formábamos como equipo, junto al personal de conducción.
Pero de las anécdotas pasamos a los conflictos que se viven en la actualidad en los establecimientos escolares.
¿Por qué el sistema educativo ha colapsado como tantas otras instituciones en esta sociedad?
¿Por qué la educación está en una decadencia que por ahora parece irrecuperable? ¿Por qué el sistema educativo ha colapsado como tantas otras instituciones en esta sociedad?
La educación es el proceso mediante el cual el educador (Maestro) se convierte en puente entre las ideas básicas que posee el sujeto y el conocimiento científico, los valores, las costumbres y las formas de actuar que nos señala la sociedad en un determinado tiempo y contexto. La educación no sólo se produce a través de la palabra; también está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes que son vinculables a la conciencia cultural, moral y de conducta de nuestro medio; los educandos, los niños, aprenden esos conocimientos, normas de conductas, habilidades del pensamiento, valores adquiridos, que producen cambios de carácter social, emocional, intelectual y de identidad nacional.
La crisis social que sufre nuestro país atraviesa nuestras aulas: por eso se han extendido en ellas el facilismo, la ausencia de diferencia entre premio y castigo –más la estigmatización de este último-, la pérdida de autoridad del docente, la escuela convertida en depósito de niños y contenedor de sus conflictos familiares y la creciente violencia escolar, porque en los últimos años los funcionarios eliminaron todo tipo de reglamentación que estableciera límites para poder convivir de manera armónica.
No hay que confundir inclusión con impunidad
Las sanciones deben volver a la escuela porque no hay que confundir "inclusión" con "impunidad". A mí me enseñaron "todos para uno y uno para todos", es decir, Solidaridad, con mayúscula, compartir, cooperar, como valores esenciales; ahora es "sálvese quien pueda y de cualquier manera", es una educación individualista. Antes las escuelas tenían como objetivo central la formación intelectual, cultural y laboral de las futuras generaciones; ahora los docentes son asistentes sociales que se dedican a contener y controlar situaciones conflictivas con los niños y adolescentes. Y no se puede reemplazar el profesionalismo de un asistente social por la voluntad de un docente.
La Escuela no es una pastilla mágica que cura todos los dolores, solamente enseña.
El acto de aprendizaje requiere de un compromiso dentro y fuera de la escuela. También ha contribuido a desnaturalizar la docencia la demanda de los padres por aquellas cosas que ellos no pueden resolver. Es que en el escalón de la autoridad familiar, el padre no es el padre sino el par; y, en consecuencia, en el escalón de la autoridad educativa, el director de la escuela pasó a ser un ejecutivo de un club.
¿Es "promoción social" que un alumno que no estudia pase igualmente de año?
Al relajamiento de la disciplina corresponde un relajamiento de la exigencia en el aprendizaje. Cuando un alumno que no estudia pasa igualmente de año, porque así lo "sugieren" cuando no lo ordenan directamente las autoridades educativas, no sólo se perjudica él, sino también los alumnos que estudiaron con dedicación, y bien pueden preguntarse si finalmente valió la pena el esfuerzo. ¿Promoción social?
Los símbolos patrios han dejado de ser tales, desde que no hay signos exteriores de respeto durante el izamiento y arriamiento de nuestra Bandera, muchos ni siquiera cantan el Himno que nos distingue ante el mundo y, mientras éste suena en los actos, el chistido es permanente en las filas de los alumnos y las miradas severas hacia algunos padres que conversan. ¿Qué pretendemos entonces de la escuela?
Hay que dejar de nivelar para abajo: "la educación es un acto de amor y el amor es exigente" (Francisco)
No hay futuro sin educación de calidad, para lo cual hay que dejar de nivelar para abajo, y el rol docente debe ser restituido y valorado, no sólo con una digna remuneración, sino también por el respeto a su función y a las decisiones que tome en el ejercicio de su tarea. Y, del lado del maestro, por su dedicación y su vocación de servicio, como profesional que es una pieza fundamental para producir grandes cambios en la vida de los alumnos.
En una charla con educadores, el papa Francisco les recordó que "la educación es un acto de amor" y que "el amor es exigente". Los valores que queremos transmitir a los jóvenes no pueden ser "solamente enunciados", sino "atestiguados", dijo.
Y concluyó: "No se puede educar sin coherencia".
@GracielaRoy
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