Situación: luego de un día agotador (de trabajo fuera y dentro de casa) la mujer se dispone a disfrutar de su merecido descanso, justo (¡justo!) cuando su bebé se despierta. Ella acude a su demanda, lo amamanta (o simplemente le hace upa y lo mece en sus brazos) y cuando vuelve a dormirse, lo deja en su cuna.
El ejemplo puede resultar familiar y hasta cotidiano a más de uno. Ahora, cuando la escena se repite varias veces durante la noche, muchos deciden llevar al niño a la cama matrimonial. ¿El objetivo? Tenerlo cerca por si vuelve a llorar, asegurarse de que el llanto no se deba a alguna dolencia, o simplemente lograr dormir.
Por definición, el colecho implica que los niños compartan la cama con sus padres. Y si bien es una práctica que suma adeptos día a día, también están quienes no lo practican ni recomiendan.
"Siempre y cuando sea una decisión de la pareja, el colecho es una práctica recomendable", consideró la licenciada Lorena Ruda (MN 44.247), quien reconoció que si bien compartir la cama "implica mayor comodidad para la mamá durante la lactancia, ya que la mujer descansa mejor y eso le permite mayor disponibilidad durante el día para responder a las demandas del bebé", a la madre también "le da tranquilidad saber que su hijo está cerca para responder a su llamado".
A la hora de enumerar beneficios para el bebé, la especialista en maternidad y crianza remarcó que el hecho de que su madre responda rápidamente a su llamado "le da seguridad y contención". "Se siente acompañado y respetado en sus necesidades de alimento, brazos, calor, amor, lo cual favorece a la construcción de su autoestima en un futuro", destacó Ruda, al tiempo que consideró que "permanecer cerca del calor de los padres, sentir los latidos, tener a su alcance el pecho materno brinda tranquilidad y calma".
Por su parte, la doctora Liliana Moneta, médica psiquiatra, psicoanalista infantojuvenil y sexóloga clinica (MN 72.276 / MP 223.857) diferenció entre el colecho sistemático y ocasional. "A veces las mamás, y también los papás, presentan temores acerca de la vida de su hijo, y necesitan controlar su bienestar, o bien, el bebé o niño está enfermo, y la madre necesita mimarlo". Si esto se da en determinadas ocasiones puntuales –para ella– el colecho no es perjudicial.
Sin embargo, la presidente del capítulo de psiquiatría infantojuvenil de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) alertó de que "muchas veces llegan padres a la consulta psicológica y psiquiátrica con niños con múltiples síntomas como enuresis, masturbación compulsiva, manifestaciones somáticas diversas e inespecíficas, que dan cuenta de que el colecho sistemático y prorrogado a edades tardías no es lo más beneficioso para los chicos".
"También en muchos casos, conflictos de la pareja parental son sobrellevados metiendo a su hijo en la cama", consideró Moneta.
Al respecto, la doctora Felisa Lambersky (MN 30.747), médica pediatra y psicoanalista de la Asociación Psiquiátrica Argentina, consideró que "no es saludable que el chico duerma con los padres, primero porque la pareja tiene que recuperar su intimidad y muchas veces el niño es usado como excusa para evitar el contacto". "Suele ocurrir que la pareja lo usa como justificativo para no encontrar un espacio de intimidad, la cual siempre se puede articular, pero si hay bebé en el medio es contraproducente", insistió.
Acerca de esta crítica que asegura que el niño es "funcional" en la cama grande para tapar la falta de intimidad y la revolución que un hijo genera en la sexualidad de una pareja, Ruda subrayó que "dentro de relaciones sanas, todo se desenvuelve con naturalidad; si, en cambio, el hijo ocupa un lugar en la cama que excede al colecho, un lugar en el cual el hombre queda desplazado, en donde la madre siente tal completud que no puede tener deseos por 'otras cosas', se da algo particular con ella y entonces la situación puede complicarse".
Es que –insistió– "si la decisión de colechar fue consensuada y, posteriormente, la de pasarlo a su cuarto también lo es, entonces el mensaje será claro y bienentendido por el niño". En caso contrario, el niño quedará instalado en la cama grande, pero no "porque el niño les tomó el tiempo" o porque adoptó la "mala costumbre", sino porque alguno de los integrantes de esa pareja prefiere que ese niño siga en esa cama, probablemente por algún motivo más inconsciente.
"La sexualidad de la pareja no debe estar afectada por colechar. Lo que la alteró fue la maternidad y se empezará a reacomodar naturalmente. La sexualidad de la pareja puede estar activa y desenvolverse de la misma manera que si el hijo durmiera en otro cuarto. Si usamos la imaginación y las ganas de encontrarnos con el otro, el colecho no debería afectar a la sexualidad", remarcó la especialista.
En su opuesta línea de pensamiento, Lambersky resaltó que así como no es bueno para la pareja "tampoco lo es para el niño, que también necesita su espacio y su intimidad". "Dormir con un adulto le incrementa al menor la excitación sexual y además entre los 3 y los 5 años, que es el momento del complejo de Edipo, es contraproducente", consideró la especialista, para quien "esto sistemático de dormir con los padres hasta los dos o tres años afecta la salud mental y obstaculiza procesos de desarrollo".
Acerca del mito de que si se comparte la cama matrimonial con el bebé luego será muy complicado acostumbrarlo a dormir en su cuarto, Ruda destacó que "cuando llegue el momento indicado, decisión que será tomada por los papás y es particular en cada pareja, estos comenzarán a marcarle los límites y enseñarle su cuna o cama, le explicarán cuál es ahora el lugar de cada uno a la hora de dormir, el porqué y el cómo".
"El niño podrá aprender y le gustará dormir en su cuna/cama si se le ofrece como un lugar propio, agradable, en el cual, por ejemplo, puede elegir sus sábanas y todo lo que le quiera agregar para apropiarse de su lugar", recomendó la especialista, para quien "es importante seguir respondiendo a los llamados del menor".
Tras asegurar que el niño "aprenderá a dormirse con un cuento, con una canción, con un peluche, con sus padres al lado acompañándolo o como cada familia decida", Ruda remarcó que "una vez tomada esta decisión, es importante hacer todos los días la misma rutina y tomarse el tiempo necesario para que el niño se adapte a esta nueva forma de irse a dormir".
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