La historia terminó en la sesión de este miércoles, pero comenzó ayer, durante el plenario de comisiones por la Ley de Hidrocarburos. Después de casi 20 minutos de hablar frente al micrófono, la diputada kirchnerista Diana Conti le increpó a la massista Graciela Camaño que estaba "haciendo un discurso" en vez de preguntar.
"Mirá, Graciela, siempre hacés lo mismo. Ahora no usás el cachetazo, usás romper el esquema de trabajo", le espetó, recordando aquella vez en que Camaño golpeó en la cabeza al legislador Carlos Kunkel en pleno recinto, durante una sesión en la Cámara de Diputados. Y por lo bajo, sin que se escuchara en los parlantes, Conti agredió al marido de la legisladora del Frente Renovador, el sindicalista Luis Barrionuevo.
"Muy educadita la señora presidente, fundamentalmente después de que le tiró la ropa al marido a la calle", le respondió Camaño, lo que despertó algunos tímidos aplausos. "Vos porque no te animás", retrucó Conti. "No tengo ganas", cerró Camaño.
En el segundo round se sumó otra de las mujeres que pisan fuerte en Diputados, Elisa Carrió, que poco antes había pedido una cuestión de privilegio contra Conti por lo que había sucedido en el plenario. Antes de que comenzara la sesión para debatir la estatización de la Universidad de las Madres, la diputada del Frente para la Victoria pidió la palabra. Y aunque empezó tranquila, terminó al borde del llanto.
"La diputada Camaño hizo una larguísima alocución", se defendió. "Escúcheme Carrió, porque usted sale de las reuniones, quizás se perdió una parte", agregó. En efecto, "Lilita" suele dejar las sesiones para fumar y lo hace dentro del Congreso, pese a que una ley que ella misma votó lo prohíbe.
"Cuando tengo razón, me voy a defender –continuó Conti–. Luego de hablar largamente le impedí que vaya a las preguntas porque estaba prácticamente dando un discurso y rompiendo el esquema de trabajo. Fue esa diputada la que apeló con bajeza a cuestiones de mi vida personal. A ustedes machos, por qué no salen a defender. Porque lo que yo le pedí es pertinencia, que es avocarse a la agenda. En mi llamado al orden no hubo malas palabras ni golpes bajos. Ella, como ya no cachetea, da golpes bajos".
Y tras recordar que Carrió fue funcionaria judicial durante la última dictadura militar, concluyó: "Además de mal informada, usar ese golpe bajo para descentrar a un legislador no sólo es de mala persona, sino también de mala compañera. Pero también es indigno para el Congreso, y en eso debería centrar Carrió su cuestión de privilegio. Como antes llamabas a las puertas de los cuarteles, ahora vas y hacés denuncias contra los jueces".
Cuando todo parecía enfriarse, Sandra Mendoza, ex esposa del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, salió en defensa de su coprovinciana. "'Lilita' viene de la procedencia de padres radicales demócratas. Los Carrió han sido demócratas como los Mendoza, los Pedrini", reaccionó. "La alegría es revolucionaria y la mentira es grotesca", terminó.
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