Las calles adoquinadas que durante décadas fueron una seña de identidad de numerosos barrios de la ciudad de Buenos Aires comienzan a ser una rareza para los porteños, quienes lentamente se acostumbraron a que el asfalto gane cada vez más espacio en el distrito.
La desaparición de los adoquines se convirtió desde hace tiempo en un misterio que genera numerosas dudas, reiteradas quejas y sospechas sobre el destino de los bloques de piedra rectangulares.
Un estudio de la Auditoría de la Ciudad precisó que desde 2008 fueron removidos alrededor de 42 millones de adoquines de las calles de Buenos Aires. El problema es que sólo un 10% de esa cifra se encuentra depositada en los predios que la administración porteña tiene para su acopio.
Las sospechas apuntan contra la falta de transparencia por la desinformación: ¿cuál es el objetivo de retirar los bloques? ¿Dónde están las 38 millones de piedras que faltan? ¿En que se reutilizan?
El Ente de Mantenimiento Urbano Integral (EMUI) es el encargado de velar por los adoquines; en diálogo con el diario La Nación, el subgerente de legales, Mariano Schiavo, garantizó que "hay un control" y aseguró que las piedras que se extraen "se reutilizan para obras que están autorizadas por ley".
Entre ellas mencionó las que se pueden observar en plazas y espacios públicos; sin embargo, el funcionario no dio precisiones de lo que sucedió con los millones de adoquines que desaparecieron de las calles porteñas en los últimos siete años.
Por su parte, el auditor de la ciudad, Facundo Del Gaiso, se quejó porque "no existen políticas para determinar el uso" de los bloques y "tampoco se sabe si están reutilizados en obras". "Lo que termina sucediendo es que se generan cementerios de adoquines y eso es sinónimo de descontrol y robo sistemático", denunció en diálogo con el periódico mencionado.
Ese contexto parece explicar la aparición de ofertas llamativas que se pueden ver en portales de internet como Mercado Libre, donde se ofrecen adoquines a un valor de $9 por pieza. Las autoridades aseguran que no son los que estaban en las calles porteñas, pero la realidad es que son muy similares.
A eso se le suman numerosas denuncias sobre la utilización de las piedras en countries y barrios privados bonaerenses, donde se pagan a buen precio con el objetivo de darle un toque de distinción a las urbanizaciones.
"Hay que tener más rigurosidad con este material, que es parte de nuestro patrimonio y nuestra historia. ¿Dónde están todos los adoquines que se sacaron?", preguntó Del Gaiso. La respuesta es una incógnita.
Lo cierto es que, según una licitación realizada por el propio gobierno porteño, la cantidad de adoquines retirados tiene un valor aproximado de 291 millones de pesos, pero nadie sabe decir qué sucedió con el material.
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