Sergio Romero: en sus intervenciones del primer tiempo despejó con los puños dos centros complicados. Capturó con seguridad los envíos frontales y los pocos tiros peligrosos. Fue el gran héroe en la definición por penales con dos atajadas en la serie. Llegó al Mundial como uno de los más resistidos, pero demostró que es de lo mejor del seleccionado.
Pablo Zabaleta: poca proyección, más marcaje. Ayudó a controlar a Robin van Persie y, sin extenderse muchos metros hacia el campo contrario, facilitó los avances por derecha. Es el que le sigue a Mascherano en sacrificio y compromiso.
Martín Demichelis: hostigó de cerca a Van Persie y se encargó de algunas salidas. Cruzó con éxito a Robben, a Van Persie y en el tiempo extra a Huntelaar. Es muy seguro para cubrir y alejar al rival de las zonas de impacto. Un hallazgo a tiempo.
Ezequiel Garay: no perdió nunca de arriba en los envíos frontales. Siempre presente para los rechazos. En el hilado fino, se le podría reclamar salidas menos imperfectas. Pero es esa capacidad de despeje la que lo hace ser tan sólido. De los puntos más altos de este partido.
Marcos Rojo: menos profundidad que en anteriores presentaciones. Esta vez le tocó ser más conservador para prestar atención a Robben, la figura de Holanda. Los cambios posicionales del rival le quitaron preocupaciones y tuvo más libertad para mostrarse como opción sobre la izquierda.
Enzo Pérez: comenzó en la derecha. Participativo, osado, elaboró peligro con individualidades. Luego, pasó a la izquierda para estar más cerca de Kuyt. Era su objetivo, a pesar de que insinuó con algunas apiladas. De hecho, lo siguió en la derecha en la segunda parte. Aportó improvisación en los avances y solidaridad en los retrocesos. Figura hasta que fue reemplazado.
Javier Mascherano: un zaguero con libertades. Se colocó entre los centrales para ser el primer pase y, aunque Holanda tapaba a los receptores, se las ingenió para salir limpio. Se adelantaba al mediocampo cuando avanzaba el rival, para facilitar la presión. Cuando se equivocó, corrigió con inmediatez. Le tapó un gol a Robben con el tiempo cumplido, fue un cierre épico. Está para apagar todos los incendios y se vuelve gigante en cada quite. No deja de arengar ni un minuto. Es el alma combativa.
Lucas Biglia: si bien colaboró en coberturas y recupero balones importantes, tuvo dificultad para hacer salidas limpias. Nunca se mostró como opción del toque inicial y menos en el circuito. Su tarea recuperadora y posicional compensa todo. Es muy importante como asistente de Mascherano.
Ezequiel Lavezzi: arrancó por izquierda, con compromiso y disciplina. Era una banda difícil por el tándem Kuyt-Robben. Se fue a la derecha para aprovechar el carril más vulnerable de los holandeses y ahí pudo desbordar con más comodidad. En la segunda parte, volvió a su puesto inicial, delante de Rojo. Corrió mucho, más para acomodarse en defensa que para concretar en ofensiva. Terminó exhausto.
Lionel Messi: estuvo en la elaboración, pero siempre con marcaje doble. Trato de zafar de la fricción y de dar ese pase vertical para comenzar las jugadas de peligro, pero se lo vio incómodo. Bastaba con que tomara la pelota para que los holandeses salieran colectivamente a hostigarlo. El equipo lo extrañó, pero no estaría en la final si no fuera por sus genialidades.
Gonzalo Higuaín: un pivot en todo el campo, pero más sobre la derecha. Entregó y habilitó con criterio. Se mostró firme ante el choque con los rivales y presionó la salida. Era la referencia en los desbordes, pero el buen trabajo de los centrales holandeses le impidió conectar todos los centros. Tuvo una chance muy clara antes de irse sustituido por Agüero.
Rodrigo Palacio: se colocó como extremo derecho. Careció de estabilidad en las divididas y, muy eventualmente, pudo girar para concretar el desborde. Definió con incomodidad la oportunidad más peligrosa de la Argentina en el partido. Se nubló y se la entregó a Cillessen.
Sergio Agüero: entró como referencia en el centro del ataque, pero con poca movilidad y con fragilidad en los choques con rivales. Muy previsible e impreciso en las entregas. En otra sintonía. El único punto a favor fue que convirtió su tiro penal.
Maximiliano Rodríguez: abocado absolutamente a funciones defensivas. Su ingreso fue para darle equilibrio y aire al equipo. Remató mordido cuando tuvo la posibilidad de anotar en el tiempo extra. Pateó el penal más difícil de todos, el que decretó que la selección argentina vuelve a una final mundialista tras 24 años. Otra vez contra Alemania.
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