El ritual de entrar al cuarto oscuro, elegir la boleta, guardarla en un sobre y depositarla en una urna comienza, poco a poco, a convertirse en parte del pasado. América Latina avanza con paso firme en la implementación del voto electrónico, un sistema que permite ahorrar recursos en el despliegue logístico y lograr un escrutinio rápido, eficiente y transparente.
Este año, particularmente, es clave. Con elecciones ya consumadas en Costa Rica, El Salvador y Panamá y con los ojos puestos en la segunda vuelta de Colombia y las presidenciales de Bolivia, Brasil y Uruguay, la falta o el uso del sistema electrónico se hace notar en los procesos electorales.
Brasil y Venezuela son los únicos países latinoamericanos con sistema electrónico ¿Cuáles son las ventajas ante el voto manual?
Mientras que el voto manual supone altos costos en logística, como la impresión y el transporte de las boletas, las urnas y las planillas de control, el sistema electrónico supone una fuerte inversión inicial pero un abaratamiento de costos en las elecciones posteriores.
Los sufragios son registrados y almacenados por una máquina con un software especial que minimiza las fallas o manipulaciones humanas, lo que contribuye a legitimar la calidad del escrutinio. Además, las actas de votación se pueden contrastar con las papeletas impresas de una manera veloz, algo que no sucede con la apertura de urnas en caso de impugnación.
"Un sistema de voto electrónico y auditable ofrece alternativas tecnológicas para reconocer situaciones de fraude, elimina la posibilidad de votos nulos accidentales y posibles errores humanos, garantiza un conteo más expedito y permite la transmisión y disponibilidad inmediata de resultados oficiales", enumera a Infobae Samira Sabba, directora de Comunicaciones de Smartmatic, una empresa multinacional especializada en el diseño de soluciones orientadas a gobiernos.
El voto electrónico en América Latina
De acuerdo con datos de Smartmatic, un tercio de los 3.100 millones de electores a nivel mundial ya votan de manera automatizada. En la región, solo dos países –Brasil y Venezuela- utilizan el sistema electrónico. El caso brasileño es el más notable. "Realizar una elección nacional en el quinto país más grande del mundo, que además cuenta con un electorado de unos 138 millones de votantes, es siempre un desafío. Pero desde hace tres años, Brasil ha automatizado sus elecciones con destacados resultados", asegura Sabba.
Sin embargo, cada vez más países latinoamericanos realizan pruebas para la futura aplicación del voto electrónico. En Panamá, en los comicios del 4 de mayo, en los que resultó electo Juan Carlos Varela, se usó un centro de votación como ensayo por iniciativa del Tribunal Electoral. En el Instituto Bolívar, unos 5.800 electores pudieron probar y comparar ambos procedimientos.
En Ecuador, en las elecciones seccionales de febrero, se recurrió a tres métodos distintos de voto electrónico en tres provincias del país, Azuay, La Morita y San Antonio de los Tsáchilas, también como un ensayo. En el modo de prueba también está Perú, país que en octubre elegirá a sus representantes regionales y municipales, y donde Lima tomará la iniciativa del testeo en 10 distritos.
Otros gobiernos también han instalado el debate acerca de la transición de un sistema de voto manual a uno electrónico. Chile, Argentina, México e incluso Uruguay y Bolivia, que en octubre votarán a su nuevo jefe de Estado, han planteado en distintas ocasiones esa posibilidad. Lo mismo sucede en Colombia, aunque con el sistema de boleta única ha logrado disminuir el tiempo del escrutinio, como sucedió el domingo pasado en la primera vuelta de las presidenciales.
En muchos casos no se ha avanzado, en parte por la desconfianza o resistencia del electorado y de los mismos gobiernos, que consideran que las urnas informáticas pueden ser fácilmente vulneradas. Por ejemplo, una falla en el sistema durante las elecciones de la semana pasada en Bélgica obligó la anulación de 2.200 votos, aunque las autoridades aclararon que esto representaba el 0,06% de las papeletas y no modificaba la tendencia electoral.
Países precursores en el voto electrónico, como los Estados Unidos, han demostrado que el sistema es controlable, pero no manipulable. "Para que sea capaz de generar confianza y seguridad, tanto entre las autoridades como los votantes, es necesario que el sistema pueda ser auditado antes y después de cada evento comicial", argumenta Sabba.
Por Agustina Ordoqui - aordoqui@infobae.com
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