Después de haber estado todo el día afuera, estudiando o trabajando, lo único que ellas querían era regresar a sus casas para relajarse y descansar. Seguramente caminaban sin pensar en otra cosa que tomar una ducha caliente, cenar e ir a dormir, como cualquier persona al final del día.
Ninguna de las ocho víctimas de Fabricio Alberto Álvarez Albarracín, el violador serial condenado a 50 años de prisión y a quien se le quiere reducir la condena, podía haber imaginado que él estaba merodeando con su moto. Al acecho como un cazador que vigila a sus presas, convirtiendo la vuelta a casa de estas mujeres en la más horrenda pesadilla.
Albarracín siempre se movía en su moto; circulando hasta elegir su víctima. La seguía y, aprovechando un momento de distracción, la atacaba por la espalda. Actuaba en los barrios de Agronomía y Villa del Parque. Algunas de estas mujeres fueron sometidas dentro de sus propias casas.
Cuando estaban abriendo la puerta de casa, las empujaba, las golpeaba e ingresaba con ellas. Una vez adentro, las violaba.
Se ocultaba detrás de un casco motoquero, que recién se sacaba cuando iba a someterlas.
El tribunal de primera instancia lo condenó a 50 años de prisión por los delitos de robo, tentativa de abuso, abuso sexual simple, privación ilegal de la libertad (previamente tenía condena por abuso, robo y otros delitos) y abuso agravado (por haber causado grave daño a la salud de sus víctimas) pero el Tribunal de Casación, cuando revisó la causa, pidió que se le reduzca esa sentencia por considerar que sería cruel e inhumano que saliera de prisión a los 80 años.
Débora Huczek, abogada del Programa de Patrocinio de Querellas para Víctimas de Delitos Sexuales (Propaque) del Colegio de Abogados, relató a Infobae la terrible experiencia que tuvo una de las víctimas de este violador: "La interceptó en la puerta de la casa y la obligó a entrar, pero ella le dijo que no vivía ahí; cuando él se dio cuenta de que mentía, la golpeó con dureza. La empujó al interior del departamento y la violó. La tuvo dos horas privada de la libertad. Quiso obligarla a que le hiciera sexo oral, pero como ella se resistía, la golpeó. Revolvió toda la casa y encontró preservativos, se puso uno e intentó penetrarla vaginal y analmente, pero ella opuso resistencia. Enfurecido, tomó un cuchillo de cocina y le cortó el cuero cabelludo y le hizo cortes en los brazos. Después le robó todo lo que pudo, la dejó encerrada con llave y se fue. La chica llamó a su novio, quien llegó con la policía. Fue 'gracias' a que revolvió todo, que pudieron dar con él, porque había dejado huellas dactilares en un objeto y, como tenía antecedentes, ya había registro de ellas".
Albarracín también conservaba objetos personales de sus víctimas: ropa interior, cinturones, carteras y billeteras. Llegó hasta a regalarle algunos de esos "trofeos" a su entonces novia y posterior víctima.
Es que el hecho despertó sospechas de la mujer, que no dudó en apartarse de su lado, pero como no dejaba de recibir amenazas y agresiones decidió denunciarlo. Fue en un allanamiento que la policía encontró gran cantidad de objetos robados, entre ellos, la ropa interior de sus víctimas. Para los investigadores no quedaban dudas: estaban frente a un violador.
La descripción de su persona, aportada por quienes lo denunciaron, logró que fuera apresado, pero poco después fue beneficiado con libertad condicional. Le bastaron unos días en la calle para reincidir. Desde 2009, año en que cometió los últimos abusos y violaciones, está alojado en el penal de Marcos Paz. La investigación de la causa llevó mas de un año y medio, por lo que recién en 2011 se dictó la sentencia que hoy está en objeción y que en los próximos días sería revisada por el mismo tribunal que lo condenó.
Todo lo terrible que tuvo el accionar siniestro de este violador serial se ve agravado al conocer cómo se comportó durante las audiencias frente al Tribunal Oral 16 de Capital Federal: "Nunca se mostró arrepentido", dijo la abogada querellante Débora Huczek. Es más, "él era muy activo y cuestionaba los testimonios de las víctimas. Hasta increpó a los familiares de ellas. Presentó a testigos (su madre, entre ellos); a uno se lo imputó por falso testimonio".
Con total impunidad y sin culpa se enfrentó a sus víctimas. "Antes de ser abusada, una de las chicas tenía novio, trabajaba y vivía sola. Después se mudó a la casa de sus padres, se peleó con el novio y le costó mucho tiempo recuperarse para volver a trabajar; lo hizo, pero cambió de trabajo. Hasta se viste distinto porque quiere pasar inadvertida en la calle. Otra se mudó al exterior; otras dejaron sus trabajos y siempre necesitan salir acompañadas".
Las denunciantes lo describieron como un hombre aterrador y todas coincidieron en que el peor rasgo era la mirada: "Tiene rasgos raros y mirada profunda, perversa, como abstraído. Es del tipo que asusta". Tanto es así que hasta los jueces notaron su mirada abstraída y a la vez intimidante, sin contacto con la realidad.
Es evidente que el hombre de perfil perverso necesita ejercer violencia contra las mujeres. Será, entonces, el marco jurídico de la violencia de género, ya que eligió a sus víctimas por su condición de mujeres, el nuevo planteo de la querella para evitar que este violador serial sea neuvamente beneficiado por la Justicia: "Hay pactos internacionales que obligan a los jueces de Casación a ser más rigurosos en la aplicación de la pena, y los Estados que forman parte tienen que dejar de lado la práctica in dubio pro (en caso de duda)". Esto sería dejar de mirar tan benévolamente al victimario y dejar de alentar de manera negativa la violencia de género, ponerse un poco del lado de las víctimas.
Como lo marca la ley, Albarracín "tuvo su derecho de defensa en juicio y debido proceso. En el caso de este sujeto, que tiene una pena tan elevada, se imposibilita que pueda acceder a los regímenes de libertad asistida, pero él no lo internaliza como parámetro valido. Ya demostró que no le interesa cumplir con la ley, no le hace efecto. No le funciona la pena", aseguró la querellante.
"Desde el 2011 tuvo sanciones administrativas, como aislamiento, porque se peleó con algún compañero en la cárcel. El mensaje lo da el individuo, y es claro: ya estuvo en prisión y no mejoró, no va a cambiar en él su carácter, es un violador serial", finalizó Huczek.
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