El reciente acuerdo del gobierno argentino con el Club de París invita a revisar la historia de una deuda que con el paso de los años creció hasta convertirse en un contrapeso para las diferentes administraciones gubernamentales que buscaron financiamiento internacional.
La historia se remonta al año 1946, cuando Juan Domingo Perón ganó las elecciones presidenciales y se encontró con que Estados Unidos e Inglaterra le exigían al país el pago de una deuda de 3.500 millones de dólares por compromisos contraídos para comprar maquinarias.
Luego de hacer números junto a sus colaboradores, el mandatario advirtió que los norteamericanos y los británicos le debían a la Argentina un total de u$s1.500 millones en concepto de abastecimiento de carne y granos durante la Segunda Guerra Mundial.
"Lo primero que se nos ocurrió fue cobrar", contó entre risas el líder del peronismo, quien reveló que al hacer el planteo "los dos embajadores (extranjeros) se rieron" y argumentaron que estaban en un proceso de cambio, por lo que sólo podrían pagar "dentro de dos años y con bienes de capital (maquinarias y vehículos)"; en el mejor de los casos entregarían bonos.
La intención de Perón era que Inglaterra y los Estados Unidos descontaran los 1.500 millones que le debían al país, de la deuda que la Argentina había contraído por la adquisición de maquinarias. Sin embargo esta opción fue rechazada de plano los sus acreedores mayores.
Ante la imposibilidad de achicar el déficit y la postura inflexible de las potencias, Perón resolvió nacionalizar los ferrocarriles, los teléfonos, la distribución de gas e industrias que pertenecían a empresas británicas. Para indemnizar a los dueños que se quedaron sin sus propiedades, el mandatario decidió entregarles los bonos que los propios ingleses habían ofrecido para cancelar su deuda con la Argentina. La otra parte (las obligaciones del país con los Estados Unidos) se solventaba con los ingresos que generaban las tarifas de los flamantes servicios públicos.
Todo este proceso se interrumpió en 1955, cuando el jefe de Estado fue derrocado por el general Pedro Eugenio Aramburu, quien, para reactivar la economía de un país conmocionado por el golpe y los bombardeos, pidió un préstamo de 700 millones de dólares.
El problema fue que el nuevo gobierno no pudo cancelar esa deuda. Y ante la posibilidad de que el país se declarara en default, las naciones acreedoras (europeas) se agruparon para buscar una solución que les permitiera recuperar ese dinero y conformaron el famoso Club de París, vigente hasta hoy.
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