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Sin embargo, una participación menor a la esperada generó dudas respecto a la credibilidad de Sisi, luego de que sus partidarios lo retrataran como el héroe que puede entregarle estabilidad política y económica al país.

Fuentes judiciales dijeron que Sisi logró el 91,8% de las preferencias con los sufragios contabilizados en la mitad de los locales de votación. Su único rival, el político de izquierda Hamdeen Sabahi, obtuvo el 3,4 % mientras que un 4,8% de los votos fueron declarados nulos.

Fuegos artificiales cubrieron El Cairo cuando se conocieron los resultados, mientras partidarios de Sisi ondeaban banderas egipcias y tocaban la bocina de sus autos en señal de celebración en las abarrotadas calles de la capital.

Cerca de 1.000 personas se reunieron en la plaza Tahrir, el simbólico centro del levantamiento popular que derrocó a Hosni Mubarak en 2011 y elevó las esperanzas de una democracia sin influencias del Ejército.

Opositores temen que gobierne al país con puño de hierro

"Estamos contentos porque Sisi obtuvo tantos votos, estamos aquí para celebrar", dijo Kawther Mohamed, quien llegó a Tahrir con sus hijas.

Sin embargo, el ex jefe de inteligencia militar podría no tener el mandato popular necesario para restablecer un crecimiento sano de la economía, aliviar la pobreza y el desempleo, y terminar con los costosos subsidios energéticos en el país árabe más poblado.

La participación llegó apenas al 44,4% de los 54 millones de votantes de Egipto, según fuentes judiciales. Eso supondría menos de los 40 millones de votos, o un 80% del electorado, que Sisi había pedido la semana pasada.

También sugeriría que no ha conseguido el apoyo popular que esperaba después de derrocar al primer presidente elegido libremente en Egipto, Mohamed Mursi, tras protestas callejeras contra su mandato el año pasado.

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En un paseo por los centros electorales de El Cairo el miércoles se vio sólo un goteo de votantes depositando sus papeletas. El mismo patrón se repitió en la segunda ciudad de Egipto, Alejandría, según periodistas de la agencia Reuters.

En un país polarizado desde la revuelta contra Mubarak, la baja participación estaba ligada a la apatía política, la oposición a que otro militar sea presidente, el descontento por la supresión de las libertades entre los jóvenes y los llamados al boicot electoral por los islamistas.

Estaba previsto que las elecciones de dos días terminaran el martes, pero se alargaron hasta la tarde del miércoles para permitir que votara "el mayor número posible de gente", según medios estatales.

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Hossam Moanes, jefe de campaña de Sabahi, cuestionó la legitimidad de la votación y acusó irregularidades.

Algunos egipcios, cansados luego de tres años de disturbios, concluyeron que Sisi es quien puede traer calma, pese a que anteriores líderes militares administraron mal el país.

Críticos y grupos de derechos humanos han dicho que los abusos se extendieron desde que Sisi derrocó a Mursi y temen que gobierne al país con puño de hierro.