En una conferencia titulada "El mejor oficio del mundo", publicada en diversos medios internacionales en 1996, el colombiano Gabriel García Márquez alertaba sobre el daño que puede causar el periodismo: "Nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio". Tal vez por esa razón dejó de conceder entrevistas.
En diversos escritos, criticó a los malos entrevistadores que le planteaban, uno tras otro, las mismas preguntas; a los que de puro complacientes se volvían empalagosos; a los agresivos que intentaban exasperarlo para que acabase diciendo lo que no pensaba, según recordó un artículo de El País.
Detestaba las grabadoras, "un invento luciferino". Con ellas, señalaba, el periodista no presta atención porque cree que el magnetófono lo oye todo. "Y se equivoca: no oye los latidos del corazón, que es lo que más vale en una entrevista". Años más tarde, añadió: "La grabadora no piensa, la grabadora oye pero no escucha, la grabadora es fiel pero no tiene corazón".
Pero el premio Nobel no se limitó a mirar impávido los problemas del oficio. En 1994 creó la Fundación Nuevo Periodismo, dedicada a mejorar la formación de reporteros iberoamericanos, y se involucró en algunos de sus talleres.
En diciembre de 1998, diez periodistas de América Latina asistieron en Cartagena de Indias a un taller de edición para analizar textos escogidos al azar y publicados en sus diarios de procedencia. Gabo, que entonces tenía 72 años, se aplicó allí a corregir y mejorar frases, con la atención de todos. "El del editor es el trabajo más importante", explicó a los talleristas. "Son la cara del periódico. Lo que hacen los editores es más importante incluso que el papel del director. Ellos consiguen la calidad del diario".
Ya entonces defendía el periodismo más allá de la noticia: el reportaje. La gente conoce las noticias de inmediato por la radio o la televisión, pero buscará luego en el papel su verdadero significado: "El primero que ve un accidente es el primero que va luego a comprar el periódico para ver qué dice".
"El reportaje necesita un narrador esclavizado a la realidad. Y ahí entra la ética. En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad. Quien cede a la tentación y miente, aunque sea sobre el color de los ojos, pierde".
En los últimos años han surgido homenajes a su figura, como la antología de textos Gabo, periodista o la creación en 2013 de los Premios Gabriel García Márquez, otorgados por la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) en un intento por rescatar la profesión.
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