Políticadomingo 06 de abril 2014

Autodefensas en México: ¿parte del problema o solución a la inseguridad?

Lucas Goyret

Por: Lucas Goyret lgoyret@infobae.com

A un año de su creación, este grupo armado de civiles comenzó a mostrar sus primeras fisuras. El reflejo del caso colombiano y los retos a futuro que deberá afrontar el gobierno mexicano

Crédito: Reuters

Desde hace años México viene sufriendo un incesante clima de violencia como consecuencia de la lucha que mantiene el gobierno con los cárteles del narcotráfico. Ante el creciente poder que han adquirido estos grupos en los últimos tiempos, la sociedad civil se alzó en armas, especialmente en el estado de Michoacán, donde operan los Caballeros Templarios. Si bien para muchos la constitución de estas autodefensas traía una luz de esperanza después de tanta violencia y horror, especialistas en la materia coinciden en que esto no hace más que recrudecer aún más la guerra contra el narcotráfico.

"Aparecen como autodefensas pero en definitiva también terminan ejerciendo violencia. No solamente contra aquellos que considera sus enemigos, sino contra todo aquel que consideran diferente", explica Hugo Acero Velásquez, especialista en seguridad y ex secretario de seguridad de Antanas Mockus, ex alcalde de Bogotá.

"Aparecen como autodefensas pero ejercen violencia" Desde su creación un año atrás, estos grupos han entrado en la comparación con las organizaciones civiles colombianas que en la década de los 60 se alinearon para enfrentar a las guerrillas, también autoproclamándose como grupos de "autodefensas".

Acero explica que éstas "fungían como autodefensas, no como grupos que tuvieran la capacidad de enfrentar o agredir tomando la iniciativa". "No era un grupo militar que en algún momento podía emboscar a un grupo guerrillero", completa el ex secretario de seguridad colombiano.

Sin embargo, con el tiempo estos grupos fueron adquiriendo mayor poder y su objetivo esencial de garantizar a las distintas regiones la seguridad frente a la violencia de las guerrillas comenzó a disiparse hasta que llegaron a emparentarse en su accionar, coinciden Acero y Carlos Medina Gallego, doctor en Historia por la Universidad Nacional de Colombia, especialista en narcotráfico y crimen organizado.

Este último marca una diferenciación entre las autodefensas mexicanas y las colombianas. Según el especialista, "las mexicanas fueron creadas para tratar de controlar una problemática que se venia desarrollando en Michoacán con los Caballeros Templarios. Son unas autodefensas que inicialmente ubican como punto de acción en lo esencial al narcotráfico".

En Colombia, en cambio, surgieron como una alianza de sectores dinámicos de la economía –agricultores, ganadores- que lo que buscaban era desarrollar labores de defensa del territorio para evitar que las guerrillas operaran en esa zona que había sido profundamente golpeada por la actividad armada, agrega Medina.

El grupo más radical de autodefensas que operó durante décadas en Colombia fueron las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Si bien tuvieron una importante influencia en la caída del cártel más temible y poderoso del país, como fue el de Medellín, comandado por Pablo Escobar, sus operaciones fueron financiadas por el cártel de Cali y también apelaron al terror y a actos criminales para acabar con el mayor capo narco del momento.

Un ejemplo de esto fue la conformación del grupo conocido como "Muerte a secuestradores", que surgió en los 80 tras el secuestro de la hermana de unos narcotraficantes del cártel de Medellín. "No solamente logran liberar y matar a muchos guerrilleros que habían secuestrado a Marta Nieves Ochoa, antes de liberarla lograron asesinar y torturar a varios miembros del M19", recuerda Acero.

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Y añade: "Inclusive otro miembro del cártel de Medellín, en este caso Rodríguez Gacha, en el Magdalena Medio, comienza a organizar grupos formados alrededor del narcotráfico".

La fuerza que recibieron del narcotráfico contribuyó significativamente no solo en entrenamiento y capacidad armamentista, sino además en el control territorial que comenzaron a ejercer en las zonas que representaban una amenaza por la presencia de las guerrillas. No obstante, Acero sostiene que ese no era el único objetivo, sino también obtener "el control de la actividad criminal que se desarrollaba particularmente alrededor del narcotráfico".

Además de contar con la simpatía y el apoyo de buena parte de la sociedad civil, "con el tiempo algunos oficiales retirados de las fuerzas armadas comenzaron a ser parte de estos grupos de autodefensas o paramilitares".

Después de décadas de violencia y horror, en 2003 estos grupos se desmovilizaron, cuando contaban en sus filas con 25 mil combatientes. Aunque hoy en día los especialistas reconocen que persisten ciertas células.

¿Falta de políticas en materia de seguridad?

El Estado jugó y juega –en el caso mexicano- un rol fundamental. Un punto en común que se puede trazar en estos dos casos es que en ambos países “desde el inicio se argumentó que ante la baja capacidad que tenía el Estado para garantizar la seguridad de las personas, la gente se podía armar y defenderse”.

Medina enfatiza que es “el Estado quien debe garantizar la seguridad a los ciudadanos”. En esa línea, y en sintonía con lo expuesto por Acero, resalta los profundos problemas en materia de seguridad ciudadana que han venido sufriendo estos dos países durante décadas.

"El Estado debe garantizar la seguridad a los ciudadanos"

El doctor en Historia argumenta que cuando el Estado “distribuye las armas a los particulares” se debe a que “no cuenta con la capacidad operativa para enfrentar, en el marco de la Constitución, a los enemigos que tiene que enfrentar”.

Otro punto fundamental que remarca Acero es la precariedad en la que se encuentran las cárceles en la región. “Desde siempre se las ha considerado como universidades del delito”, sostiene.

Asimismo, ambos especialistas coinciden en que las profundas debilidades institucionales facilitan la creación de este tipo de estructuras denominadas como “autodefensas”. Al respecto, no sólo existen los casos de México y Colombia. También en los últimos tiempos se han formado distintos grupos paramilitares en Venezuela, que hoy en día tienen un rol protagónico en la lucha del gobierno contra las estudiantes, y lo propio ocurre en Brasil con las milicias que operan dentro de las favelas.

La corrupción es un mal que desde siempre ha puesto a América Latina bajo la lupa. Y el caso de la lucha contra el narcotráfico no es la excepción. En el caso mexicano, “hay mas de 2600 cuerpos policiales, la mayoría completamente cuestionados desde le punto de vista de corrupción e ineficiencia, policías entre estatales y municipales cuestionados muy fuertemente”.

El caso mexicano

La guerra contra el narcotráfico en México se ha cobrado 150 mil víctimas aproximadamente. En el último año el gobierno ha capturado a tres de los narcos más buscados. El primero de la lista es Miguel Ángel Treviño Morales, o Z40, líder del cártel de los Zetas, quien fue capturado en julio de 2013.

El 22 de febrero fue detenido Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del cártel de Sinaloa y el narcotraficante más buscado del mundo, mientras que días después, el 9 de marzo, murió Nazario Moreno, más conocido como "El Chayo", cabecilla de Los Caballeros Templarios y a quien se había dado por muerto en 2010.

La guerra contra el narco se cobró más de 150 mil víctima en México

A pesar de este avance que se dio contra el narcotráfico, en los últimos tiempos se ha criticado la gestión del presidente Enrique Peña Nieto a quien se ha acusado de haber aplicado medidas significativamente más sensibles en comparación con su antecesor, Felipe Calderón.

Si bien el gobierno ha logrado capturar a esos tres cabecillas, tal vez su mayor déficit fue la falta de respuestas que mostró ante la constitución de los grupos de autodefensas.

“México es un Estado con una política de seguridad y una institución que no es capaz de controlar el fenómeno del narcotráfico en una zona que es sumamente compleja como es la zona de frontera, con problemas migratorios muy fuertes”, apuntó Medina.

En esa línea, Acero considera que “los retos a futuro del estado mexicano son muy grandes”: ahora no sólo contra el narcotráfico, sino también contra la propagación de estas autodefensas que, según ambos especialistas, están representando “más un problema que una solución para el Estado”.

Un síntoma de eso se reflejó en los últimos días, cuando estos grupos mostraron sus primeras divisiones a un año de su creación. La muerte de dos personas, una de ellas ex integrante de los Caballeros Templarios que se unió a las autodefensas, ha fragmentado a la organización de Michoacán (suroeste de México), luego de que uno de sus líderes fundadores, Hipólito Mora, fuese detenido por el asesinato de Rafael "El Pollo" Sánchez y José Luis Torres Castañeda.

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De esta manera, crece el enfrentamiento entre La Ruana y El Americano, dos facciones del grupo armado que en el último tiempo han evidenciado sus primeras diferencias.

Este quiebre es muy común en este tipo de organizaciones, según explican los especialistas, a medida que van adquiriendo mayor poder y control territorial.

Ante este panorama de recrudecimiento de la violencia, la situación del gobierno mexicano contra el narcotráfico se presenta muy compleja.

“La dificultad de todo esto es que comienzan como autodefensas y luego terminan como otro grupo criminal que termina en cierta manera manejando los negocios del narcotráfico, violando los derechos humanos de todo aquel que se considere que su práctica es rechazada”, sintetiza Acero.

Medina, por su parte, concluye sosteniendo que se debe evitar, por todos los medios, “que haya una colombianización en el caso mexicano”.

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