"Es cada vez más difícil sostener que son países de tránsito", asegura el investigador del Wilson Center Juan Carlos Garzón Vergara, ante la consulta de Infobae acerca del estatus de los países de América Latina respecto de la producción de drogas.
"Esta discusión se da en varios países de la región", dice el experto, quien escribió un informe titulado "La diáspora criminal", que analiza el estado del delito organizado y el movimiento de capos del narcotráfico colombiano que se instalaron en otros países para ocultarse y lavar activos.
América Latina enfrenta serias dificultades ante el creciente crimen organizado. El aumento del consumo de drogas en casi todos los países de la región y la evidencia de que el proceso final de producción se realiza cerca de los puertos de salida llevan a la conclusión de que el estatus de "países de tránsito" debería ser revisado.
El último Informe Mundial de Drogas presentado por Naciones Unidas ratifica que el consumo de estupefacientes crece en América Latina. El 1,3% de la población adulta consume cocaína, una tasa similar a la de América del Norte. Brasil y Costa Rica han experimentado un aumento del consumo de esta droga, mientras en que Perú ha subido levemente y en Argentina se mantiene sin cambios. La marihuana es la "droga de Latinoamérica", ya que 5,7% de la población adulta la consume, una tasa superior al promedio global.
Debate sobre el estatus
Desde hace algunas semanas, Argentina debate internamente si es un país de producción o de tránsito, a partir de las declaraciones de un alto funcionario de la administración de Cristina Kirchner que había admitido la existencia de cocinas de producción de drogas. Pocas horas después de que la prensa reflejara esta afirmación, el secretario de Seguridad de ese país, Sergio Berni, la desmintió categóricamente. "En la Argentina no se producen drogas", dijo.
Para Garzón Vergara, "la evidencia indica que las últimas etapas del proceso de elaboración de drogas está jugando un lugar" en países como Argentina, y explica que la discusión está más centrada "sobre las magnitudes", pero no hay dudas de que el crecimiento del consumo y el desmantelamiento de cocinas confirman que el narcotráfico está avanzando en Argentina.
El secretario de Seguridad argentino admitió, en declaraciones televisivas: "El narcotráfico es una preocupación a nivel mundial, sobre todo de aquellos países que estamos próximos a la geografía de producción de cocaína y marihuana".
Colombia es, en América del Sur, el país que conserva el liderazgo en la producción de cocaína, a pesar del fuerte combate que las autoridades llevan a cabo desde hace muchos años. El aumento de la presión sobre las bandas criminales colombianas provocó un nuevo fenómeno que consiste en la migración de los capos narcos hacia otros países donde encuentran refugio y se dedican al lavado de activos.
"Tras la presión de las fuerzas públicas en países como Colombia o México, especialmente en Colombia, los líderes de organizaciones han buscado refugio en otros lugares", sostiene Garzón Vergara en declaraciones a Infobae TV. "Optan por vivir fuera de Colombia para preservar su seguridad. Se dedican al lavado de activos", enfatiza el experto.
"La diáspora criminal" refleja el creciente movimiento e internacionalización del crimen organizado, que no se termina en el narcotráfico, sino que se extiende a "la minería ilegal, el contrabando de combustible, el tráfico de migrantes, la piratería y la trata de personas".
En la última década, la fragmentación que los cárteles colombianos experimentaron como consecuencia del duro ataque de las autoridades, así como la división propia de las bandas criminales, provocó una transformación de la economía internacional del narcotráfico. Las bandas mexicanas tomaron el control de la ruta de la droga a EEUU, y Centroamérica pasó de ser área de tránsito a un área de procesamiento y de lavado de activos, asegura el informe.
La transformación del narco colombiano, que en los 80 dominaba el tráfico de cocaína a EEUU, pasó a redirigir su venta hacia Europa y hacia las economías de Sudamérica, que vivieron un boom de crecimiento.
El instituto especializado destaca que "la fragmentación de las estructuras ha ido acompañada por la emergencia de nuevas generaciones de delincuentes, más jóvenes y con una mayor disposición a romper la disciplina mantenida por las organizaciones tradicionales". Este cambio impactó directamente en el desarrollo de agrupaciones locales en cada país, con la utilización de pandillas y bandas que provocaron una profunda repercusión en la seguridad ciudadana.
Los capos del narco emigran
Juan Carlos Garzón Vergara destaca que en países como Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela "se han dado casos donde no solamente se detectaron operaciones de bandas criminales colombianas, sino también mexicanas". Estos datos surgen de las detenciones practicadas por las autoridades, que permitieron visibilizar la presencia de grandes capos del narcotráfico.
Joaquín "El Chapo" Guzmán, máximo líder del Cártel de Sinaloa, llevaba 13 años prófugo. Tras su captura en un hotel de Mazatlán, ciudad de la costa de Sinaloa, se comprobó que se había ocultado en Argentina durante 8 meses y habría realizado operaciones ilegales en el norte de ese país.
Henry de Jesús López Londoño, alias "Mi Sangre", cayó en Argentina, donde se encuentra encarcelado y a la espera de una posible extradición a EEUU, donde se lo acusa de haber ingresado 3000 kg de cocaína. El capo narco admitió que Argentina "es un país con buena calidad de vida y de paz".
Garzón Vergara aseguró en entrevista con Infobae TV: "Hay países que tienen ciertas vulnerabilidades, ciertas facilidades... Tenemos sistemas migratorios muy abiertos que posibilitan que estos delincuentes vayan saltando de frontera en frontera".
Los países que endurecieron su política de lucha contra el narcotráfico, como México y Colombia, han "empujado" a que algunos mafiosos buscaran nuevos destinos. Las capturas de jefes narcos que emigraron de estos países les han requerido un promedio de 16 meses más de búsqueda que las de aquellos que permanecieron en Colombia o México.
Las políticas del ex presidente mexicano Felipe Calderón elevaron el control de la frontera norte para evitar el paso de la droga a EEUU, pero debilitaron la salida hacia el sur. Narcotraficantes trasladaron parte de sus operaciones y el lavado de dinero hacia los países de Centroamérica, donde también se instalaron algunos capos.
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