Por primera vez en mucho tiempo, desde que los festivales se hicieron costumbre en Buenos Aires, el headliner de una de las fechas sale de los nombres previsibles que eligen los organizadores locales y logra que casi todo el público se quede a ver su show completo. Eso pasó con los canadienses Arcade Fire en la noche debut del Lollapalooza Argentina.
La banda que comanda Win Butler retuvo a gran parte de las más de 55 mil personas que fueron al Hipódromo de San Isidro con su visión del rock, cargada de melodías que rompen esa etiqueta tan amplia que es el indie y bastante de espíritu teatral con vestuario colorido, sus gestos faciales y corporales cuando interpretan cada canción y esas desopilantes cabezotas con las que aparecieron en el escenario (con Julian Casablancas, otro de los artistas de la fecha, usando una para colarse entre los integrantes del grupo).
En su visita a Buenos Aires, recorrieron parte de su discografía. Tocaron temas de su álbum debut, Funeral –"Rebellion (Lies)" y el tema del cierre "Wake Up"-, del segundo álbum, Neon Bible y el tercero The Suburbs. Su último trabajo, el elogiado Reflektor –editado el año pasado- fue protagonista con el tema homónimo y "Flashbulb Eyes", entre otros.
Antes, en el Main Stage 2, Nine Inch Nails, aunque no tuvo esa pata visual impactante de su visita anterior, ofreció un show poderoso que mostró su faceta más intensa y arrolladora, pero sin dejar de lado su costado electrónico. La agrupación de Trent Reznor se lució en canciones como "March of the Pigs", "All Time Low" y "Hurt, entre otras, y él demostró que es un frontman impactante, algo que no pudo hacer Bernard Sumner cuando New Order cerró el Alternative.
Pese a su trayectoria y los éxitos infalibles de la banda británica como "Blue Monday" y "Love Hill Tear Us Apart", se notó que la voz del cantante se quedaba a mitad de camino y su presentación fue deslucida.
Cuando la noche ya había caído, los franceses Phoenix se hicieron cargo del Main Stage 1 y entregaron dos momentos que Perry Farell –el músico creador del festival- podrá usar cuando arme el video promocional con el resumen de lo que fue el paso del Lolla por Sudamérica: Thomas Mars de espaldas, mientras de fondo se veía a todo el público aplaudiendo esa mezcla de rock hipnótico y dance cool que ofrecen, y su Crowd Surfing, esa caminata entre la gente que realizó sobre el final de show cuando volvieron a sonar los acordes de "Entertainment", track con el que abrieron su presentación.
La tarde
Que el espíritu Lollapalooza conste de dos jornadas extendidas (más de 20 bandas en cuatro escenarios durante ¡12 horas!) de música y que en la Argentina la primera fecha sea un día laborable hacía suponer que el martes 1 de abril la gente iba a empezar a llegar al Hipódromo de San Isidro cuando se termine su jornada. Pero muchos aprovecharon, pidieron el día en el trabajo o faltaron a la facultad para convertir su martes en el comienzo de un "fin de semana" de música al aire libre.
Después de las 14.30, cuando ya habían pasado gran parte de los artistas nacionales de la grilla como Intrépidos Navegantes, Onda Vaga y Walter Domínguez, el predio empezó a colmarse.
Cuando llegó el turno de los californianos Capital Cities el movimiento ya se notaba en los cuatro escenarios y en los sectores de comidas, merchandising y atracciones. Los creadores del hit "Safe and Sound" fueron los que hicieron sentir que el festival había comenzado con todo.
Para las 16, los norteamericanos Cage The Elephant en el Main Stage 1 y el inglés Jake Bugg en el Alternative se disputaron una gran masa de gente. Después llegó la confusa actuación del neoyorquino Julian Casablancas. En la primera parte de su show con la backing band The Voidz, el sonido no fue de lo mejor y su presentación pasó entre canciones de su primer disco como solista, algunas nuevas que estarán en su próximo álbum –se editará este año- y "Reptilia", canción de su banda The Strokes.
Otra queja reiterada del público local sobre los shows en la Argentina es que algunos artistas llegan al país lejos de su mejor momento. Eso no pasó con Lorde, la neozelandesa de 17 años que arribó a Sudamérica después del exitoso 2013: con "Royals" se metió en el podio de las canciones del año.
Pero la gran cantidad de gente que la fue ver no sólo cantó su megahit: "Ribs" –con un discurso previo en el que contó la historia que la llevó a crear esta canción sobre lo difícil que es crecer- , "Tennis Court", "White Teeth Teens" y "A World Alone", entre otras, fueron cantadas por veinteañeros, adolescentes y nenas de 9 años que prefieren el pop oscuro antes que Violetta.
Como si se tratara de un mundo paralelo, el Perry's Stage, espacio dedicado a los beats electrónicos, mantuvo un público fiel al que no parecía importarle si en los otros escenarios tocaban los artistas principales del festival. Flume, Flux Pavillion, Wolfgang Gartner, Kid Cudi y Zedd llegaron a San Isidro cargados de electro house, trap (genero que cruza el hip hop con los bajos más intensos de la música electrónica) y rap.
Con el feriado por delante, todo ese público seguramente encaró para seguir la fiesta en alguna pista porteña. El resto se fue a descansar: todavía queda el Día 2 del Lollapalooza por delante.
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