Corrían los primeros meses de 1953. Eran tiempos duros para el país, pero sobre todo para el gobierno peronista y sus seguidores. La crisis económica, el desabastecimiento y la escalada de precios castigaba a las clases media y baja, que a pesar de ello sostenía el apoyo al justicialismo refrendado en las elecciones de 1951 -que incluye por primera vez a las mujeres-, cuyo resultado había otorgado al general un poder sin precedentes, al imponerse con el 63,40 por ciento de los votos, por delante de Ricardo Balbín (32,28).
La muerte de Eva Perón en 1952 y los casos de corrupción que vinculaban a Juan Duarte habían debilitado al gobierno. El hermano de "Evita" muere en circunstancias dudosas. Se habla de suicidio, pero corren voces que hacen sospechar de un asesinato encargado por el propio Perón.
En ese marco, la CGT organizó el 15 de abril de 1953 un acto multitudinario en la Plaza de Mayo para defender al gobierno y especialmente al general, acusado por la oposición de haber mandado a matar a su propio cuñado para limpiar la imagen de su gobierno.
Entre los innumerables problemas que enfrentaba Juan Perón sobresalía la dificultad de controlar la constante suba de precios. A su vez, los productores agropecuarios colaboraban con el desabastecimiento exportando casi la totalidad de lo que producían. Perón había creado un año antes la Comisión Nacional de Precios y Salarios, que tenía la función de vincular aumentos salariales con los niveles de productividad y evitar aumentos de precios no justificados. La inflación había disminuído considerablemente, pero unos trecientos comercios fueron clausurados por no respetar el congelamiento.
El curso de la historia le daba el pie necesario a grupos opositores dispuestos a todo para deponer al líder junto a todo su séquito. Comandos civiles vinculados al radicalismo organizaron un ataque con bombas en la plaza, directamente contra la masa peronista. Se oyeron varios estallidos, pero nadie salvo las palomas se movería de su lugar mientras hablara el caudillo. Hubo que lamentar 5 muertos y más de 90 heridos por el estallido de varias bombas, dos de las cuales explotaron sobre la calle Yrigoyen y en la estación del subte A, sobre avenida de Mayo. Del otro lado, tras escuchar las palabras de Perón llegaría la respuesta con más atentados. ¿Los objetivos? La Casa del Pueblo, la Casa Radical, la sede del partido Demócrata Nacional y el Jockey Club.
En el discurso de ese trágico día, el mandatario se dirige a la muchedumbre de "descamisados" con vehemencia y hasta apelando a la violencia. En un fragmento de su oratoria, le pide al propio "pueblo" que haga defender su "control de precios" a como dé lugar, sin ningún tipo de miramientos.
-"
, dice retomando una expresión suya de 1951, en la que comenta que distribuirá "alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos".
-"Leña, leña, leña", pedía encarnizada la multitud en la Plaza.
Perón toma la posta y hace arder aún más el fuego: "Esto de la leña que ustedes me aconsejan, ¿por qué no empiezan ustedes a darla?". El griterío se hizo ensordecedor, pero no podía tapar los estallidos de las bombas, que a esa altura ya presagiaban que algo grave estaba ocurriendo al otro lado del mar de gente.
"Con referencia a los especuladores -continuaba Perón-, el Gobierno está decidido a hacer cumplir los precios aunque tenga que colgarlos a todos", decía el Presidente.
Y anunciaba, como un monarca que amenaza con castigar a los traidores: "Hasta ahora, he empleado la persuasión. En adelante, emplearé la represión. Y quiera Dios que las circunstancias no me lleven a tener que emplear las penas más terribles".
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