El cuatriciclo 283 debía subir primero a la rampa de llegada, pero rompió el motor y llegó en medio del pelotón siendo remolcado por otro vehículo. Sin embargo, es uno de los que le ganó a la competencia más exigente del mundo. "Llego a tiro, como tenía que ser", dijo el piloto.
Eugenio "Rosco" Favre completó el Dakar a pesar de todo. Estuvo al borde del abandono muchas veces, fue ayudado por el público, terminó con el chasis soldado en varias partes, iluminado con una linterna y con el motor roto. Finalizó último, a 72 horas del ganador de su categoría, Ignacio Casale; y a 91 de Nani Roma, el campeón en la categoría de automóviles.
El piloto de Pigüe llegó al último campamento en La Serena pasadas la 1:30 de la madrugada de ayer y en el PSO (el centro de monitoreo de los oficiales de la competencia) festejaron: se iban a poder ir a dormir. Él entró lento al vivac, con una sola luz iluminando la profunda noche chilena. En una esquina los esperaban una persona del equipo y algunos curiosos más que lo aplaudieron. Uno de los verdaderos aventureros del Dakar estaba cerca de completar la proeza.
Luego de bajarse del vehículo dijo: "Se me partió el chasis". Tiró los guantes exigiendo a su mecánico que lo repare para al otro día largar a las 7 de la mañana y llegar a la rampa primero. Eso falló y no fue el primero en subir, pero logró llegar a la meta y pasó por el podio.
Su cuatri, del equipo Can-Am, tiene una sola luz delantera: un reflector que consiguió en Bolivia y un grupo de vecinos le ayudó a colocar con unos alambres. Así se iluminó en el desierto. Detrás tiene una linterna atada con precintos que "se quedó sin pilas", según contó. El resto de los faroles se rompieron, como muchas cosas más.
Favre escapó en más de diez oportunidades del camión barredor, un vehículo de gran porte que pasa por cada etapa juntando a los pilotos que se quedaron en el camino. El recorrido lo hace muchas horas después del final de la competencia y una vez que los supera, los corredores quedan fuera de carrera.
Rosco compitió contra eso durante todo el Dakar. Con un promedio de velocidad que no superó los 50 k/h, huyó de la barredora a veces con ayuda de los vecinos del lugar, otras cortando camino por los pueblos y otras simplemente pidiéndole a los conductores que los esperen y se fumen un cigarrillo, mientras él terminaba de reparar su cuatri.
"En Bolivia, había casitas de barro, techos de paja y el camión que entraba justito, todos los vecinos hicieron piquete alrededor mío para que no me levanten. Los bolivianos me ayudaron a poner el reflector. Estaban contentos porque los dejé reparar la moto, ellos sienten que trabajaron en un auto del Dakar", contó a Infobae.
Con la mirada cansada y su tono tranquilo, de hombre de campo, "Rosco" Favre relató muchas de las aventuras que vivió: en la penúltima etapa estuvo a punto de abandonar tres veces por problemas eléctricos, pero finalmente con una "curita" pudo pegar los cables y llegar al final.
También debió pedir un permiso especial cuando en un tramo decidió no ir por la pista, porque era de noche y no era seguro. Al llegar al vivac lo excluyeron pero argumentó que quería seguir en carrera porque si entraba al circuito corría riesgo su vida –ya no había ambulancias, ni asistencia de ningún tipo- y los comisarios lo dejaron largar a pesar de no pasar por los 16 puntos de control obligatorios.
"El Dakar es algo más que una competencia deportiva es una experiencia de vida, es un cambio para siempre"
En Chile, llegó a la aduana desde Bolivia cerca de las 3 de la madrugada y el paso estaba cerrado con candado, entonces hizo sonar las alarmas de los autos policiales. Así consiguió despertar a los oficiales y cruzar de país, para continuar en carrera.
"El Dakar es la vida misma con cinco suegras, no podés tener tantas complicaciones. Cada vez que hacés un especial decís que no seguís porque te caes, te golpeas, te rompés, te perdés, pero termina y ves al público y te das cuenta que valió la pena", dijo.
Favre completó la competencia con un tiempo de 141h.48m20s, con más de 18 horas de penalización. En su mejor noche solo logró dormir cuatro horas. El resto de los días llegó de madrugada al campamento y apenas tuvo tiempo para los arreglos más urgentes y un breve descanso.
"El Dakar es algo más que una competencia deportiva, es una experiencia de vida, es un cambio para siempre. Después de todo el sacrificio te recibís de dakariano y aprendés que la pelea siempre vale la pena, que no hay que rendirse nunca, incluso en retirada hay que seguir luchando", agregó.
Según Favre lo más lindo es la gente. "La emoción del público, cuando ves que hacés feliz a alguien te sentís reconfortado. Yo uso un casco con la bandera argentina que se hace muy pesado, estamos defendiendo la celeste y blanca, somos como la selección", dijo.
"Rosco" llegó a la rampa de Valparaíso remolcado por un compañero de equipo, subió con su cuatri y cuando llegó a la cima celebró con las pocas energías que le quedaban. Él fue el último que logró ganarle al Dakar.
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