Poli encabezó este lunes por la tarde una misa para los familiares de las víctimas de Cromañón en la Catedral Metropolitana, en el día en que se recuerda el noveno aniversario de la tragedia que dejó un saldo de 194 muertos. El arzobispo de Buenos Aires tomó la palabra tras la lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 36-40, y aseguró que "esta misa está transitada por el dolor, por la memoria de nuestros seres queridos, las partidas que ya conocemos, no queridas, pero la Navidad nos habla de una esperanza, la virtud que nos viene apegada con el bautismo".
La gran esperanza, según sus palabras, encierra una pequeña esperanza, "de Justicia, de que nuestros hijos se curen, esperanza de vivir mejor, pequeñas y grandes esperanzas de la vida. Nos ponemos de pie aún cuando estamos cascoteados, nos ponemos de pie aún contra la adversidad, la mayor esperanza es que nos vamos a encontrar en el cielo".
El único momento de la misa en donde se mencionó en forma directa la tragedia ocurrida en 2004 fue durante la lectura de las intenciones, momento en el que se pidió a Dios que "acompañe" a los fallecidos. Tras ello, se hizo pasar al altar a cada uno de los familiares de fallecidos, para que depositen una vela en el altar, que represente "el brillo de la juventud".
Los rostros de los 194 chicos que perdieron la vida aquella noche se encontraban presentes en cada remera con su estampa, en cada pancarta, en cada bandera, en cada mirada de los familiares. Familiares que al reconocerse se fundían en abrazos interminables, que mantuvieron el llanto hasta el momento de depositar las velas, cuando las lágrimas comenzaron a correr en forma insistente.
El siguiente momento de emotividad del encuentro resultó cuando Poli dijo que era el momento del saludo de la paz. Los familiares, tras el saludo de rigor, besaron cada pancarta como una forma de mantener presente la memoria de su ser querido. Sin embargo, como había afirmado más temprano Nilda
Gómez, madre de Mariano: "Nada nos devuelve el hecho de poder sólo besar y abrazar a una foto".
Luego, el presidente de la Comisión Episcopal, monseñor Jorge Lozano, leyó la carta enviada por el Papa.
A continuación el mensaje:
"En estos días en que se renueva la esperanza no puedo olvidar a los chicos de Cromañón, a sus padres y a sus familiares. Sé que vos estás muy cercano a ellos y por eso te pido que les hagas llegar mi recuerdo y mi cercanía.
"Las heridas duelen y más todavía cuando no se tratan con ternura. Mirando a Jesús niño, todo ternura, pido para con todos ellos esta actitud: que sepamos tratar con cuidado y ternura todas las heridas. Están allí: no es posible esconderlas ni negarlas. Sólo una tierna caricia desde nuestro corazón, con silencio y respeto puede aliviar.
"Y como la máximo ternura es la de Dios pidámosle a Él que a cada uno les acerque su consuelo cálido de padre y nos enseñe a todos a no quedarnos solos sino a seguir buscando la compañía de los hermanos". "A vos y a ellos les deseo una santa Navidad. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.
"Y, por favor, no se olviden de rezar por mí".
Esta no es la primera vez que el Papa se solidariza con familiares de Cromañón. A comienzos de diciembre, Mirta Miralles, madre de uno de los chicos que murieron en el boliche, relató cómo fue el diálogo que mantuvo con Francisco.
Emocionada, dijo que el Papa finalizó la comunicación pidiéndole: "Recen por mí; que Dios los bendiga".
Actos en Once
Familiares y sobrevivientes de Cromañón se concentraron hoy en el santuario levantado frente a ese boliche del barrio de Once para recordar a sus seres queridos, acompañarse y pedir justicia.
"Nos reunimos acá, nos fortalecemos; es una manera de reivindicar nuestra lucha y pedir justicia, para que todos los responsables sean castigados", dijo a Télam José Guzmán, papá de Lucas, uno de los jóvenes fallecidos en el boliche cuando comenzaba un recital del grupo Callejeros y una bengala inició el incendio al impactar en una mediasombra.
La familia de Lucas desplegó un cartel que lo mostraba con una remera del grupo La Renga y junto a su amiga Liz, que también murió esa fatídica noche. Guzmán contó que había perdido el estandarte en el colectivo 88 pero "un alma generosa, de esas que nunca faltan, lo devolvió conmovida".
Las anécdotas cotidianas se compartían en el lugar donde los sobrevivientes y sus familias erigieron un "santuario": la esquina de Bartolomé Mitre y Ecuador, frente a la estación de trenes, donde las fotos de las víctimas y sus zapatillas extendidas en lo alto son símbolo de la tragedia y recuerdan que la mayoría de los fallecidos fueron adolescentes y jóvenes.
"La música no mata, lo que mata es la irresponsabilidad de funcionarios, empresarios, policías, agentes de control", resaltó Nilda Gómez, mamá de Mariano, quien tenía 20 años cuando murió en el boliche.
Ella, junto a otros familiares que formaron la asociación civil de víctimas de la inseguridad social en Argentina (Avisar), confía en que la Corte Suprema de Justicia "revea la causa y la caratule como estrago doloso, que es lo que corresponde".
Por el hecho están cumpliendo condena el ex gerenciador de Cromañón, Omar Chabán; su mano derecha, Raúl Villarreal, y los integrantes de Callejeros: Patricio Fontanet, Maximiliano Djerfy, Elio Delgado, Eduardo Vásquez, Juan Carbone, Cristian Torrejón, Daniel Cardell y el manager Diego Argañaraz.
Además, continúan presos el ex subcomisario Carlos Díaz y los ex funcionarios porteños Ana María Fernández (con prisión domiciliaria), Fabiana Fiszbin y Gustavo Torres.
Un árbol de Navidad formado con fotos circulares de las 194 víctimas está ubicado en el centro del oratorio cobijado por la cruz cristiana, la estrella judía y la media luna musulmana.
Hasta allí llegó Romina con un ramo de jazmines que ató cuidadosamente a la rama con la foto de Juan Pablo Alegre, quien era su novio hace 9 años, cuando quedó atrapado en el incendio: "Vengo cuando siento que puedo. Y hoy pude", compartió.
Sentada en un banco, entre adolescentes que charlaban animadamente, estaba Vanesa Molinas, una sobreviviente que perdió a tres amigos en la tragedia y conoció al padre de su hija Morela en ese día de dolor: "Estoy bien, hice tratamiento, estudio enfermería", dijo mientras la nena le reclamaba atención.
Como cada 30 de diciembre, familiares, amigos y sobrevivientes recorrieron la avenida Rivadavia en una marcha que terminó en Plaza de Mayo.
Algunos participaron de la misa en la Catedral y otros regresaron a Once para pasar la noche en el lugar donde perdieron a sus seres amados o sobrevivieron a una de las tragedias más devastadoras de Argentina.
Otro grupo participó de una marcha en el Obelisco para reclamar la libertad de los integrantes de Callejeros, que coincidió con una movilización de grupos de izquierda en reclamo de una solución a los cortes de luz.
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