El prestigioso semanario económico británico publicó en su suplemento especial "El Mundo en 2014" un ranking de "Riesgo de conflictividad social en 2014".
La Unidad de Inteligencia de The Economist -quien realiza la investigación y el informe- define a la conflictividad política y social como "eventos que suponen una amenaza seria a los gobiernos y al orden político existente".
Con eso en mente realiza un repaso de la situación en 150 países y, en base a una serie de datos, establece las probabilidades de que estallen protestas y tensiones sociales durante el próximo año. Para eso los clasifica en cinco categorías: "Riesgo muy bajo", "Riesgo bajo", "Riesgo medio", "Riesgo alto" y "Riesgo muy alto".
No hay en América Latina países que figuren en la categoría de menor riesgo. En todo el mundo, son sólo seis los que califican: Austria, Dinamarca, Japón, Luxemburgo, Noruega y Suiza.
Sólo tres países de la región son considerados de "bajo riesgo": Chile, Costa Rica y Uruguay. Están acompañados a nivel global por Australia, Botswana, Canadá, Finlandia, Alemania, Emiratos Árabaes Unidos, Eslovaquia, Estados Unidos, Gambia, Hong Kong, Islandia, Lesoto, Malasia, Mauricio, Namibia, Nueva Zelanda, Polonia, República Checa, Senegal, Singapur, Suecia y Taiwán.
Entre los de riesgo medio se ubican algunos países latinoamericanos más: Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Paraguay y República Dominicana. Esta es la categoría con la mayor cantidad de naciones en el mundo: Angola, Arabia Saudita, Armenia, Azerbaiyán, Bélgica, Belice, Benín, Cabo Verde, Congo, Costa de Marfil, Eritrea, Eslovenia, Estonia, Francia, Gabón, Georgia, Ghana, Guinea Ecuatorial, Holanda, Hungría, India, Indonesia, Irlanda, Israel, Italia, Jamaica, Kenia, Kuwait, Letonia, Lituania, Malawi, Malta, Mozambique, Omán, Qatar, Rusia, Ruanda, Santo Tomé y Príncipe, Serbia, Seychelles, Corea del Sur, Tanzania, Tailandia, Trinidad y Tobago, Uganda, Vietnam y Zambia.
Entre los de riesgo alto está el mayor número de países de la región. Son nueve en total: Brasil, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá y Perú. Los acompañan Albania, Argelia, Bielorrusia, Bulgaria, Burkina Faso, Burundi, Camboya, Camerún, Chad, China, Chipre, Croacia, España, Etiopía, Filipinas, Irán, Jordania, Kazajistán, Kirguistán, Laos, Macedonia, Madagascar, Marruecos, Moldavia, Myanmar, Pakistán, Papúa Nueva Guinea, Portugal, Rumania, Sudáfrica, Sri Lanka, Tajikistán, Togo, Túnez, Turkmenistán, Turquía y Ucrania.
Por último, entre los de riesgo muy alto hay sólo tres países latinoamericanos: Argentina, Bolivia y Venezuela. Los 16 que completan la lista son Bahrein, Bangladesh, Bosnia, Egipto, Grecia, Guinea, Irak, Líbano, Libia, Nigeria, Sudán, Suazilandia, Siria, Uzbekistán, Yemen y Zimbawe.
"Las razones para las protestas varían. Algunas son en respuesta a la crisis económica (en Grecia y España, por ejemplo). Otras son revueltas contra las dictaduras (especialmente en Medio Oriente). Un número importante también expresa las aspiraciones de una nueva clase media en mercados emergentes de rápido crecimiento (Turquía o Brasil). Pero todas comparten características subyacentes", sostiene The Economist en el informe.
"Si bien la crisis económica es casi una condición necesaria para la inestabilidad política y social, no es suficiente. El descenso de los ingresos y el crecimiento del desempleo no siempre son seguidos por conflictividad. Sólo cuando los problemas económicos están acompañados por otros elementos de vulnerabilidad hay elevados riesgos de inestabilidad. Esos factores incluyen una gran desigualdad de ingresos, malos gobiernos, bajos niveles de provisión social, tensiones étnicas y una historia de conflictividad. De particular importancia parece ser la erosión de la confianza en los gobiernos y sus instituciones: una crisis de la democracia", agrega.
Considerando que para su clasificación la Unidad de Inteligencia del semanario hace "énfasis en debilidades políticas e institucionales", no es casual que entre los países latinoamericanos de muy alto riesgo de conflictividad se encuentren Bolivia, Argentina y Venezuela.
Los tres se han caracterizado en los últimos años por una profundización de la inestabilidad institucional, a partir de gobiernos muy fuertes que lograron concentrar un gran poder y así sentirse aptos para modificar las reglas de juego a su gusto. Son además gobiernos que han buscado polarizar a la población, clasificando el arco político en amigos y enemigos. Esto aumenta la conflictividad, ya que los opositores no se sienten incluidos dentro del Estado, lo que los incita a la rebelión.
A esto se suma que Venezuela y Argentina son los países con mayor inflación de la región, y menores previsiones de crecimiento para 2014, lo que siempre favorece la aparición de estallidos sociales.
El ejemplo extremo
, donde se desató una crisis social producto de
en reclamos de
, que estuvieron acompañados por
. El saldo fue de 14 muertos.
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