Triste final en el Sur: los jugadores de Quilmes y River, a las corridas hacia los vestuarios para evitar el robo de los barrabravas

Lo que había sido un partido accidentado entre Quilmes y River en el Sur, terminó de la peor manera. Un plateísta local agredió a Germán Delfino con un botellazo y los simpatizantes locales detuvieron en dos ocasiones las acciones por incidentes. Pero, una vez concluido el juego, los violentos invadieron el campo para quedarse con algún souvenir. Los planteles, como pudieron, huyeron hacia los vestuarios. Bochornosa despedida de 2013. MIRÁ LAS IMÁGENES

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Los actos vandálicos son moneda corriente en el fútbol argentino y las soluciones parecen estar cada día más lejanas, según lo visto cada fin de semana en los estadios del medio local. A pesar de la prohibición del público visitante y tantas otras absurdas medidas, los inconvenientes no se detienen y el fútbol se desangra con el paso del tiempo por la sucesión de hechos relacionados a la violencia.

Eso fue lo sucedido nuevamente en el Sur del Conurbano Bonaerense, donde Quilmes y River tenían la misión de cerrar un flojo Torneo Inicial 2013, para comenzar a pensar en las vacaciones y en la posterior pretemporada que les servirá para volver de mejor manera el año próximo. Sin embargo, el encuentro se vio demasiado accidentado, también a punto de suspenderse y el final fue el fiel reflejo de la tristeza que genera el excesivo protagonismo de los hinchas.

Luego de la agresión a Germán Delfino por parte de un plateísta mediante un botellazo y la interrupción de las acciones en dos oportunidades como consecuencia del mal comportamiento del público (en primera instancia utilizaron pirotecnia dentro del estadio y más tarde se enfrentaron con los efectivos de la Policía), lo peor se dio cuando la autoridad del encuentro decretó el cierre del cotejo con el marcador 1 a 1.

En ese mismo momento, varios fanáticos del "Cervecero" saltaron el alambrado e invadieron el terreno de juego con la única misión de acercarse a los futbolistas y robarles sus pertenencias: camisetas, pantalones y botines eran sus objetivos primordiales. Al percatarse de las intenciones de los delincuentes, los integrantes de cada uno de los equipos no tuvieron más remedio que comenzar a correr y escaparse, como pudieran, hacia la zona de los vestuarios para salvar su indumentaria.

Allí, en el mismísimo césped, las fuerzas de seguridad lograron detener a algunos simpatizantes y apaciguaron lo que podría haber sido un descontrol aún mayor. Pero, de todas maneras, quedó demostrado que la violencia sigue abarcando un papel importante en las competencias deportivas.