Pasaron diez años desde que Letizia Ortiz y el príncipe de Asturias Felipe de Borbón anunciaron su compromiso. Fue el 1 de noviembre de 2003 el día en que el gran suceso se volvió oficial y en que la periodista presentadora del Telediario-2 dejaría de hacer el noticiero comenzando una nueva etapa en su vida.
A los pocos días, los flamantes prometidos pasearon por los jardines del Palacio del Prado para la petición de la mano de la periodista asturiana. Fue en esa fecha cuando cometió su primer desacierto, que le valió una ola de críticas contra su manera de vestir.
Un traje sastre con un pantalón blanco de Armani desató la polémica. El diseño le quedaba fresco y sentador, pero el hecho de que fuera creado por un diseñador italiano y no español no fue recibido de forma positiva por el público y los medios.
Luego de aquel criticado debut, Letizia volvió a equivocarse usando vestidos con abertura lateral demasiado osados para un evento de protocolo o, incluso, propuestas demasiado recargadas para los tiempos que corren.
Pero con el pasar de los años, la princesa de Asturias logró un estilo más prolijo, al punto tal de que se ubicó como una de las mujeres que marcan tendencia. ¿Cómo lo hizo? Pasó de usar diseños internacionales a convertirse en una auténtica embajadora del diseño español, y no sólo se anima a los más distinguidos sino también a las propuestas como Low Cost.
Así, se la vio a Ortiz con vestiditos de Mango o de Zara. En tiempos de crisis, incorporar prendas económicas en el guardarropa aún siendo de la nobleza es vivir acorde al resto de la población. También se anima a repetir diseños y a demostrar que, aun viviendo en fastuosos palacios, ella también se acomoda a los problemas económicos que afectan al país.
Con este drástico cambio de la princesa, las críticas se convirtieron en halagos y cada vez que enfrenta un nuevo acto público, la prensa está a la espera de cuál será la prenda que marque tendencia. Es que cada vez que Ortiz luce un diseño distinto, el producto en cuestión se agota de inmediato en todas las tiendas.
No hay que ser adivino para darse cuenta de que los vestuarios de la princesa están perfectamente pensados en cada aparición y que es consciente de que su forma de vestir no es un capricho sino también una forma de comunicarse con la gente.
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