Tecnolunes 09 de septiembre 2013

Islas artificiales y estadios futuristas, las promesas de Tokio para los JJOO 2020

La capital nipona cuenta con un presupuesto de US$ 4.500 millones para remodelar su bahía con el fin de recibir en 2020 a 17 mil altletas y millones de asistentes

Tokio fue elegida, por segunda vez, sede de los Juegos Olímpicos y ahora tiene por delante el reto de levantar varios estadios y una villa olímpica. Pretende crear un ambiente futurista que incluye varias islas artificiales.

La capital nipona ahora deberá poner manos a la obra para levantar las 22 instalaciones (el 59% del total) que aún no existen y para las cuales cuenta con un fondo de US$ 4.500 millones.

Los renders del nuevo estadio nacional Kasumigaoka, una de las dos megaobras que están fuera de la bahía donde se concentrará la actividad olímpica (la otra es el circuito de ciclismo en ruta que estará frente al Palacio Imperial), ya causan impresión. El proyecto de la arquitecta angloiraquí Zaha Hadid prevé crear sobre la base del estadio olímpico de 1964 una estructura grandilocuente y dinámica en color blanco con cubierta retráctil y capacidad para 80.000 personas.

No obstante, el diseño final podría cambiar, ya que el Consejo de Deportes japonés, propietario del estadio, podría revisar la selección de materiales debido a que la obra podría superar los US$ 2.000 millones, en vez de los US$ 1.300 millones presupuestados. De cualquier modo, el estadio deberá estar a punto para recibir el Mundial de Rugby de 2019, acontecimiento que pondrá a prueba buena parte de lo prometido en la candidatura. 

En la zona de la bahía, la ciudad tiene que construir un velódromo, un estadio de vóleibol para 15 mil espectadores y un coliseo con pistas para disputar partidos de badminton o básquet en la isla artificial de Ariake, donde se va a concentrar buena parte de la acción en los Juegos de 2020. En el otro extremo del estuario, en Yashio, se debe edificar también un parque con varias canchas que deben sentar a 10 mil espectadores para los partidos de hockey sobre césped.

Para vincular mejor estos emplazamientos entre sí y con la llamada zona patrimonial, que se corresponde con la porción donde se celebraron los Juegos Olímpicos de 1964, es previsible que se hagan nuevas estaciones y se conecten y amplíen al menos la línea Rinkai de tren y la Yurikamome (que funciona con un monorriel sin conductor).

Tokio se comprometió a que el público asistente no realizaría desplazamientos superiores a los 30 minutos entre ninguna de las sedes que compondrán el núcleo central de estos juegos, por lo que el comité organizador estudiará muy de cerca cómo optimizar la ya de por sí eficiente red de transporte de la ciudad.

El área residencial que acogerá a unos 17.000 atletas se levantará en la isla de Harumi, en un espacio de 44 hectáreas que contará con edificios de diseño futurista y amplias zonas verdes que costarán unos US$ 1.050 millones.

Aunque más de la mitad de las sedes queden por levantar, los plazos no preocupan en un país donde el sector de la construcción es uno de los más activos y avanzados del mundo. Los grandes descampados de las múltiples islas ganadas al mar que pueblan la bahía de Tokio han permanecido intactos por años, a la espera de que el Comité Olímpico Internacional (COI) eligiera a la capital japonesa como sede para 2020, cosa que finalmente se dio en Buenos Aires.

EFE

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