Políticadomingo 25 de agosto 2013

El costo de bombardear Siria

Andy Jud

Por: Andy Jud

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(Washington) Hace más de dos años que Siria entró en una guerra civil. Cuando el conflicto comenzó y el régimen bombardeaba ciudades lejanas a Damasco (el centro del poder), las potencias occidentales pese a conocer detalles horripilantes de esta guerra civil, solo atinaban a pensar estrategias. Si bien exigían la salida del sirio Bashar Al Assad del poder, se topaban siempre en el Consejo de Seguridad de la ONU contra China –indiferente a las intervenciones extranjeras- y una Rusia monolítica, defendiendo un importante bastión regional como es Siria.

Los posibles caminos ante la crisis se diferenciaban de lo sucedido en Libia. En primer lugar Al Assad es un vínculo directo de Irán y siempre fue un centro neurálgico de los rusos. Tampoco olvidemos la influencia de Siria en el Líbano (Hezbollah incluido). Khadafi en cambio no fue sostenido ni militarmente.

Inicialmente los norteamericanos pensaron que vía Turquía y Jordania podrían entrenar algunas fuerzas combatientes al régimen y proveer algunas armas para equilibrar la disparidad. El ejército sirio sufrió muchas bajas pero lentamente fue recuperando posiciones en todo el país (abastecido por los rusos e iraníes), aunque Siria ha quedado partida en distintos territorios tácitamente por divisiones en las etnias tanto sunitas como shiitas o alawitas, que conforman su población.

Las estrategias ante Al Assad, ante la sumatoria enorme de bajas civiles y los millones de desplazados a otros países, derivaron en la necesidad de ir armando centros de operaciones tanto en Jordania como en Turquía. El objetivo era ingresar a Siria combatientes entrenados en los cuales Estados Unidos e Inglaterra pudieran confiar. Siempre se supo que los "rebeldes" en gran parte también son islamistas extremos y responden luego a intereses que para nada son proclives a Washington, aunque ganen poder.

El ataque químico ocurrido la semana pasada parecería haber sido una respuesta del régimen sirio indirecta frente a la entrada de nuevos contingentes de tropas reabastecidas y entrenadas que se adentraban en Siria, avanzando directamente hacia Damasco. Es muy posible que además haya sido una ocasión para "probar" una mezcla de gases que incluyen derivados del Sarín junto a otros compuestos que se utilizan para detener manifestaciones públicas. Algunos sitios de inteligencia sugieren que se trató de una fórmula química ideada para evitar dejar rastros. Esta tarea minuciosa de ir rodeando la capital siria con comandos de élite preocupa ciertamente a Al Assad y no se descarta que buscó querer marcar claramente sus propias líneas rojas.

Ante el dramatismo de las imágenes y la acción colateral de los servicios sirios, Washington y varias capitales europeas han estado repensando el fin de semana nuevas acciones posibles. Se podría anular los aeropuertos militares y se podría bombardear los centros donde se guardan los materiales tóxicos. Sería lo lógico y complicaría el poder extremo que hoy en día tiene Al Assad sobre la población y los rebeldes.  Sería una acción rápida que con "tres días de bombardeos" según altos jefes militares de EEUU resolvería en parte la situación.

El tema no es tan fácil. Irán y Al Assad también pueden jugar otras cartas, como ser disparar otros recursos para complicar las cosas. El principal "target" es Israel, que ha intentado por todas las vías y silenciosamente mantenerse distante. Es muy posible (y ya lo han demostrado algunos cohetes que explotaron en el Norte de Israel esta semana) que un ataque a Siria va a encender la chispa regionalmente y violentamente, desarrollando un conflicto impredecible. En Israel piensan de nuevo en la necesidad de las máscaras de gas y las imágenes de TV esta semana dejaron una sensación muy seria.

Si bien en Estados Unidos hay debate interno sobre Siria, gran parte de la población no sabe si vale la pena meterse en un nuevo conflicto. Creen que Siria en sí misma es un problema irresoluble en el corto plazo y demasiado complejo. Más allá de la decisión final, Moscú y Washington se están enfrentando como en las peores épocas de la Guerra Fría o más.

Estados Unidos y las capitales europeas aliadas aún dudan en los planes a llevar adelante y los tiempos. Mientras tanto Teherán observa como con poca tecnología y horrorosas prácticas, se sigue sobreviviendo a las amenazas de Occidente.  La duda es si lentamente no nos estamos metiendo en la primera "Madre de todas las guerras" del siglo XXI, más allá de una necesidad a gritos de detener un Holocausto sirio.

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